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En carne propia

Miércoles, 27 Marzo, 2013 - 14:15
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Por Juan Carlos Andrada

Si vamos a hacer cambios en minería, que se noten.  Los discursos y promesas que provoquen la idealización de situaciones que en la práctica tengan poca o nula incidencia, será darle continuidad a la política minera que hasta aquí criticamos duramente.
Al margen de que estaríamos frente a una inocultable contradicción, los kilómetros y kilómetros que tenemos de carreteo sin despegar exigen modificaciones estructurales que contengan el mecanismo, no para seguir moviéndonos en la pista, sino para levantar vuelo.
Lo de invierta y compre aquí es una oración pegadiza.  Precisar en qué debe utilizarse las regalías es necesario (cómo materializar la idea es otra discusión). Sin embargo, los resultados de envergadura son los que finalmente inclinarán la balanza, hacia un lado u otro.   
Hay un tiempo razonable para hacer todos los cambios que queramos, considerando que Agua Rica comenzará a producir en 2019-2020. Así que el que la juega de apurado en esta historia, mirando el reloj a cada rato, y disparando para cualquier lado,  se equivoca. 
 
La experiencia lo dice todo
Pero, lograr resultados positivos ha sido casi una excepción y las inversiones comunales no han gozado de la transparencia necesaria. La particularidad es que la máxima expresión de los actos administrativos sospechados es mérito de los departamentos que más fondos de la minería recibieron.
En este sentido, habría que establecer las precisiones para las condiciones y el sentido en el que los intendentes pueden emplear las regalías, y dejar el uso indebido de esos fondos para los organismos de control y la Justicia. 
El Tribunal de Cuentas (TC) como el Poder Judicial no es una “garantía” en esta materia específica. Lo sabemos por “antecedente” (nunca lo fueron) y por experiencia (lo sufrimos en carne propia). De todas formas no hay que perder las esperanzas en los poderes del Estado.
Mientras la Justica no ayude a separar la paja del trigo quedará la vaga impresión de que son todos culpables, y así continuaremos haciendo interpretaciones subjetivas en un ámbito estrictamente técnico.
Tampoco es cuestión de hacer cualquier cosa porque tenemos la sensación de que “nadie hizo o hace nada” por el despilfarro grosero que sufrieron las regalías. Poco a poco va quedando claro que el enojo es con la forma de administrar esos fondos y no con la actividad en sí misma.
 
Ni resultados ni transparencia
Puntualicemos. Andalgalá y Belén no tuvieron ninguna de las dos cosas, ni resultados positivos ni transparencia. En el caso de Santa María, la administración de las regalías es menos cuestionada desde el punto de vista social, pero la inversión no termina de convencer.
¿La provincia? Empleó –más allá de que nunca se blanqueó- hasta aquí los fondos provenientes de los recursos no renovables  para obra pública y el pago de sueldos, aguinaldo e incremento salarial. La minería tiene mucho que ver con el ciudadano común, más de lo que los catamarqueños sospechamos. 
Lo reconozcamos o no, subsistimos un largo tiempo gracias a los aportes de la actividad minera. Se empleaban y se emplean para todo. Bien o mal, esta es la realidad. Alumbrera ha sido una enorme ayuda para Catamarca. ¿Se puede conseguir más? Seguro.
En el nivel nacional, está pendiente aún la respuesta sobre en qué medida la recaudación por impuestos nacionales de la minería que se explota en Catamarca volvió en infraestructura, sobre todo para las pequeñas comunidades mencionadas cercanas a los yacimientos mineros.
El Este provincial empleó mejor las regalías en proyectos productivos (a pesar de que recibieron mucho menos dinero), e YMAD  reinvirtió en exploraciones  (Farallón negro) de modo que hoy la empresa puede mostrar, orgullosamente, reservas para 50 años. Es decir, dos ejemplos de que se puede hacer las cosas bien.
 
Organismo tibio e insulso
El punto es que las comunas estuvieron conducidas por administradores que hacían lo que podían, con la impotencia propia que genera la confusión. Los jefes comunales parecían estar frente a un laberinto al momento de decidir dónde invertir. Querían hacer “todo”, y al final no hicieron ni siquiera infraestructura básica de la más urgente e importante.
El contexto lo completan, los gobiernos (nacional y provincial), que nunca acompañaron el desarrollo de esas comunas. Lo único que se barajó siempre desde la Provincia es suspenderle las regalías a los intendentes pero… el Tribunal  de Cuentas (TC) nunca concluyó nada. Y si lo hizo, aplicó multas irrisorias.
Todo estuvo condenado a estar bajo sospecha, y así la entidad de contralor pasaba los días confeccionando un expediente detrás de otro para desembocar más tarde en un sumario que no terminaba de decir, con pruebas y categóricamente, “los recursos del Estado están siendo malgastados irresponsablemente”.
Con el “parecer” de un organismo o la declaración de que cumplió “más o menos” no se pone orden, y ningún funcionario va a devolver plata que malversó . Se cometió un delito o no. Las medias tintas no son propias ni aún escondiéndose detrás de la figura de “auxiliares de la Justicia”
El Tribunal de Cuentas nunca fue preciso con la dilapidación de los recursos mineros ¿Por qué? ¿Acaso mantenía vínculos de intereses con algunos municipios?  ¿Se debe en todo caso abrir una investigación a la entidad encargada de controlar el uso de las regalías?. ¿Es casualidad que todas las investigaciones quedaron en la nada?.
 
Pregunta con espinas
Se pueden mejorar los números locales en relación con nosotros mismos y como estábamos en años anteriores. Además, se debe considerar que en comparación con otras provincias, la inversión de las empresas también debe ser marcadamente superior.  
No es lo mismo cambiar un poquito que modificar notable y radicalmente una  situación. En el primer caso es como si todo siguiera igual. En cambio, lo segundo es distinto. A la hora de acentuar los beneficios para Catamarca, la impronta debe ser matemática, categórica. 
En cuanto a la nueva reglamentación de regalías mineras, evidentemente se justifica por el vacío legal y la ambivalencia que permitió la misma. Sin embargo, deja abierta la posibilidad de hacer una última pregunta de espinosa respuesta.
¿Y si de repente Nación nos dijera que se van a hacer cargo de cómo utilizar la coparticipación federal, porque nosotros los catamarqueños no supimos cómo emplear recursos extraordinarios que ingresaron a la provincia durante los últimos 5, 10, o 15 años?
 
Por Juan Carlos Andrada (De la Redacción del Diario LA UNION)