Panorama Turístico

Poca fe

Por Juan Carlos Andrada

Pasó la celebración por el Día de la Inmaculada Concepción de María y nuevamente la gran afluencia de gente de este fenómeno social y cultural, nos recuerda a los catamarqueños que la conmemoración a nuestra Madre Santísima requiere de una organización cada vez más eficiente.

Si bien la espontaneidad hace a la fe con la que el peregrino llega a la provincia, está comprobado que la fiesta puede verse afectada por esa naturalidad que promueve la misma popularidad del evento, de por sí multitudinario, y que convoca a gente de todo el país.

Sin embargo, tal vez esa responsabilidad de prever espacios y aspectos relacionados con su estadía no sea del peregrino que se mueve con su sola creencia  detrás de la Morenita, sino que esa tarea le toque a los anfitriones respondiendo al concepto religioso de buen samaritano.

Por esta razón, con la ciudad todavía conmocionada por el impetuoso y fervoroso peregrinar mariano, dejando en claro cuál es el papel que todavía no asumimos cabalmente, sería bueno no desobligarnos de repensar la parte que nos toca sobre este tema.

 

¿Una fe ordenada puede existir?

En primer lugar, no podemos dejar que los creyentes sientan que el centro de la ciudad es una zona liberada donde predomina el desorden. Más allá de que nos congrega la misma fe, no vamos a ser menos devotos porque seamos más organizados.

Ese misticismo reinante se ve muchas veces opacado por el entusiasmo de algunos viajeros que se olvidan del respeto al prójimo. Volcando su travesía más bien como una aventura turística, hacen contrastar su conducta con la legítima experiencia religiosa.

No sé de dónde salió que organizar como corresponde las festividades marianas es semejante a tener menos fe. ¿Por qué no puede ser al contrario? Un profundo acto de religiosidad de esta naturaleza no tiene por qué ser desordenado.

Si el aglutinamiento en el microcentro en horas pico normalmente nos desborda, ¿qué otra cosa puede pasar con el ingreso de 50 mil personas? El punto es que la plaza principal y sus alrededores se convierten en un excepcional caos. Empero no necesariamente debe ser así.

 

Convivencia religiosa y de la otra

Desde las cosas simples hasta las más complicadas. Previendo el clima, sea un intenso sol o una lluvia persistente como muchas veces nos tocó. Las calles deben ser cortadas y los elementos que entran en juego al margen de la fe deben estar dispuestos a ser ordenados.

Las motos y vehículos en espacios cerrados, concesionados. Los vendedores en una sola cuadra bajo techo o una carpa de tal forma que los productos no se encuentren expuestos a un clima desfavorable y rudo. ¿Cómo garantizar su consumo?

En este sentido, desde los puestos camineros sería recomendable que para el año que viene también se orienten a los adoradores de María dónde deben o pueden ir a descansar a medida que van ingresando, advirtiéndoles que no está permitido acampar en la plaza 25 de Mayo.

 

Cuando la pereza nos gana

La basura que se arroja o la limpieza del lugar es un tema aparte. Los contenedores, como le pasa a una porción de capitalinos de los barrios periféricos, les queda demasiado lejos!!! Al parecer, no hay otra que acercarles el recipiente de basura a pocos pasos de su casa.

En este mismo sentido, tendremos que disponer de los antiguos pequeños basureros móviles en varios puntos de la plaza principal, de tal manera que no queden excusas. También es cierto que moverse en medio de tanta gente para arrojar una botella vacía es bastante engorroso e incómodo.

Sin dudas se han hecho grandes esfuerzos para mantener la limpieza y dotar de seguridad las calles de la Capital, destacando además la atención médica y la asistencia permanente a los fieles practicantes, pero en cierta medida repetimos errores todos los años.

Tras el largo peregrinar detrás de María, la devoción termina imponiéndose a cualquier gesto de autocrítica, pero en el fondo sabemos que hay muchas situaciones que necesitan ser honestamente revisadas dentro de la organización si queremos ser generosos y atentos con las visitas.

 

Merecemos mejores representantes

Hago un breve paréntesis, pero no me iré muy lejos con el razonamiento. Esta semana se presentaron las acciones para el mejoramiento de la conectividad aérea, el incremento de flujo turístico y el plan de obras realizadas y por realizar en el Aeropuerto Felipe Varela.

Estuvo presente la secretaria de Turismo de Catamarca, Natalia Ponferrada; el coordinador del Consejo Federal de Turismo de la Nación, Adrián Contreras; el jefe del Aeropuerto Catamarca, Enrique Ferreyra, y el gerente General Catamarca de Aerolíneas Argentinas, Rodolfo Riganti, ¿y los representantes de las agencias de viajes? ¿y los privados? ¿y la Cámara de Turismo?  

Mientras se hablaba de la importancia de la conectividad para el éxito de Catamarca como destino turístico, el titular de la Cámara y el representante de hecho de las agencias de turismo, Jorge Carabús (foto), brillaba por su ausencia. Ese es un hombre evidentemente de poca fe en las instituciones y en el turismo como actividad. Catamarca se merece y necesita una renovación urgente de la entidad que nuclea a los privados.

 

Organizar con fe

Pero volvamos a la verdadera fe. Apostar a mejorar la fiesta homenaje a Ella nos dará a los catamarqueños un plus que todavía no tenemos, de tal forma que, junto con los cincuenta mil feligreses, llegarán otros visitantes atraídos por la trascendencia y el deseo de experimentar el mismo júbilo.

Con confianza, no nos olvidemos de que nuestra Morena del Valle es Patrona del Turismo, está en todas las cosas con nosotros, aunque muchas veces no hacemos lo suficiente o lo necesario para salir adelante como hijos que somos de la misma Madre.

 

Por Juan Carlos Andrada (De la Redacción del Diario LA UNION)

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