Por Patricia Carrizo
Producción y seguridad. Seguridad y producción. Son los dos grandes temas que hoy nos preocupan, y mucho, a los catamarqueños. Pero, ¿a quiénes ocupan?
En los últimos días, las noticias de despidos, suspensión de personal, adelanto de vacaciones, traslados de fábricas se extendieron como reguero de pólvora. Se conocieron cifras que nos hicieron ver que más que luz amarilla en el sector productivo local, ya atravesamos en rojo y estamos a punto de estrellarnos.
La provincia está perdiendo estrepitosamente fuentes de trabajo genuinas. Esas que generan la agroindustria, las que no dependen del aparato gubernamental y la monstruosa maquinaria estatal, pesada, burocrática e improductiva. Hasta en el mes de mayo, el quinto en lo que va del año y el sexto de gestión del nuevo Gobierno provincial, se produjeron unos 500 despidos en el sector rural. El doble que en los dos años anteriores. En la última semana, 70 trabajadores industriales (entre textiles y olivícolas) fueron dejados en la calle. Sumados a los casi 50 que la empresa Coca Cola había echado con anterioridad. Otro centenar tuvo vacaciones adelantadas en empresas textiles o fue suspendido porque hay producción acumulada, y es imposible seguir fabricando hasta tanto algo no se comience a vender.
Estos datos se conocen porque se trata de empresas de gran envergadura, cuyos movimientos no pueden pasar inadvertidos para nadie. El impacto de sus acciones se siente en la provincia para bien o para mal. Nada decimos de los chicos, pequeños y medianos comercios que día tras día cierran sus puertas, dejando a dos, tres y hasta cinco empleados sin trabajo. Si sumamos todo, mejor ocultemos el número bajo la alfombra.
En cuestión de seguridad no estamos mejor. La ola de arrebatos, asaltos, delitos menores y mayores ya se convirtió en maremoto. Asaltos a punta de cuchillo a plena luz del día y en lugares impensados hasta no hace mucho tiempo son la noticia de cada día. Y no es que con no andar de noche, en lugares peligrosos y tentando a los delincuentes nos alcance para estar a salvo. A cualquier hora del día y en cualquier lugar, cualquiera puede ser víctima de algún forajido que en cuestión de segundos arrebata unas pocas pertenencias, pero sobre todo asalta la tranquilidad. Si esto pasa en pleno centro, ni hablar del acontecer diario en los barrios y zonas más populosas de la ciudad. Cuando la policía actúa, seguro encuentra algún jugoso botín, con armas, drogas y objetos robados de toda índole. Pero al otro día todo vuelve a empezar. Parece que nada alcanzara y que en materia seguridad, al igual que en producción, estamos desbordados.
¿Las respuestas?
Hasta ahora es poco lo que se hizo para contrarrestar ambos flagelos. Funcionarios preocupados salen por algunos medios con análisis y diagnósticos que más que conocidos son experimentados a diario, y por todos.
En honor a la verdad, es cierto que esto que nos pasa ahora es consecuencia de años. No brotó debajo de alguna piedra de un día para otro, o cuando Lucía Corpacci asumió la Gobernación de Catamarca en diciembre del año pasado.
Es producto de falta de estrategias a mediano y largo plazo que se hayan diseñado para más de algunos cuantos años de gobierno, sino como un plan sistemático y de política de Estado.
Pero ya de nada sirve llorar sobre la leche derramada. Hay que actuar. Seguir quedándonos en declaraciones vacías, acordándonos de todo lo que no hizo y dejó de hacer quien nos precedió no le devuelve el trabajo al empleado despedido o detiene al delincuente como por arte de magia.
Es hora de demostrar que las promesas que los catamarqueños elegimos en marzo de 2011 no se quedaron en la campaña electoral, que el plan de Gobierno que preparó Corpacci junto con su equipo de colaboradores antes de asumir no se quedó en la larga transición. Es urgente que se comience a aplicar.
Llámese políticas de shock, plan de contingencia, programa de emergencia, lo que fuere. Lo importante es el diseño y puesta en marcha de una estrategia de Gobierno que salve a la industria catamarqueña, que salve al campo, al trabajador agroindustrial. Y por otro lado, una planificación en serio que combate la inseguridad en todas sus manifestaciones, yendo a la raíz del problema y no solo podando las ramas que sobresalen, porque después vuelven a crecer.
Es una realidad que a la herencia recibida se suman factores nacionales e internacionales que atentan contra la producción local y regional y que la inseguridad no solo es un mal catamarqueño. Pero urge actuar con medidas contundentes y sustentables. No solo “poniendo parches” para sortear la coyuntura, haciendo el intento para pasar el invierno. Los parches y las improvisaciones de ayer son el presente que hoy nos agobia.
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