Por Ariel Brizuela
La lucha entre fuerzas antagónicas ha marcado el rumbo de la humanidad a lo largo de su milenario paso por este mundo.
El mal oponiéndose al bien, las tinieblas tratando de ensombrecer la luz, lo torcido contra lo recto. Una lucha sin cuartel que jamás terminará.
Entonces, el devenir del hombre transita entre esos dos fuegos.
Lo blanco contra lo negro es la historia sin fin y la inteligencia para sobrellevar nuestra vida entre esas dos fuerzas antagónicas es lo que nos depara el éxito o la ruina
En horas más, la Presidenta de la Nación volverá a Catamarca a poner blanco sobre negro. Cristina Fernández de Kirchner llevará adelante un acto de estricta justicia con nuestra provincia y su prolífera historia en el concierto nacional. CFK vendrá a colocar a nuestro querido y eximio Felipe Varela en el sitial que se merece. ¡Por fin, el último de los caudillos tendrá el reconocimiento que merece!
Pero, que quede claro que el ascenso a General del Ejército Argentino que trae bajo el brazo la Presidenta, no es solo alcanzar al Quijote de los Andes, sino a todos los hijos de esta tierra que lucharon por recuperar sus ideales y también a quienes pelearon bajo su mando sin que hayan sido necesariamente contemporáneos a él. ¿Se entiende? El merito es para todos los “varelistas” que siempre -a pesar de las ideas opresoras y sectarias- enarbolaron su bandera de igualdad, de solidaridad, de hermandad y de respeto a la Constitución. Porque Felipe fue junto con el otro gran prócer catamarqueño, Fray Mamerto Esquiú, el mayor defensor de la Constitución de 1853.
Felipe no era un ciego seguidor de Justo José de Urquiza; “nuestro” Felipe era un devoto de la Constitución y sus preceptos. Y con enjundia luchaba contra los déspotas que la mancillaban como Bartolomé Mitre. De ahí, la frase que aún hoy resuena en nuestro inconsciente colectivo para referirse a los que desprecian a nuestra Carta Magna y sus normas: “Es un buen hijo… de Mitre!!”
Por eso, el rechazo al pliego de Marcos Denett para que asuma como fiscal de Estado por parte de los senadores del Frente Cívico y Social, suena a grave contradicción con el espíritu de Varela y Esquiú. Suena como a rechazo a nuestra esencia de catamarqueños defensores de las instituciones democráticas que consagra nuestra Constitución.
Porque debe quedar en claro, al margen de cualquier otro análisis político, que cuando el gobernador se ausenta, la Constitución local prevé exactamente en los artículos 134, 135, 136 y 138 el procedimiento de sustitución.
Estas normas operativas, que no necesitan ninguna ley que la reglamente, tienen virtualidad propia y son de aplicación inmediata.
En otras palabras, la sucesión del mando se activa inmediatamente se produce la ausencia del estamento superior sin ningún otro condicionante, dígase gobernador, vice, presidente provisorio del Senado, Presidente de la Cámara de Diputados, hasta llegar al Presidente de la Corte de Justicia.
En su sabiduría, los constitucionalistas prevén que sea de ese modo dado la naturaleza del cargo de primer mandatario. Es un lugar que no puede quedar vacante ni un instante y por eso el texto ni considera la interrupción o paralización del proceso de subrogancia.
Para ser más precisos, que haya un acta firmada a las 9.00, a las 10.00 o a las 11.00, no cambia que la senadora Nancy Barros, presidenta provisoria del Senado haya estado a cargo de la primera magistratura provincial.
Insisto, en el sistema constitucional provincial, en ningún momento o caso, el Poder Ejecutivo puede quedar acéfalo, y no es una cuestión de voluntad personal de ninguno de los miembros de la cadena de sucesión hacerse cargo o no. Simplemente es un acto de responsabilidad funcional que no admite omisión o negativa.
Y si alguno osa no cumplir el mandato constitucional, incurre en incumplimiento de los deberes que juro respetar, esto es, observar y hacer observar la Constitución Provincial.
En el caso de la legisladora del departamento Fray Mamerto -paradójicamente- su conducta (esto de presidir una sesión mientras ya es gobernadora a cargo) a prima facie violentaría su propio juramento y el orden constitucional del sistema democrático. Y al margen de las responsabilidades del derecho común que les cabria, merecería -si nos mantenemos en esta lógica- una severa condena y sanción si es que se comprueba que se encuentra afectada por la omisión del ejercicio de una función como carga y servicio público con rango constitucional.
En síntesis, para que se efectivice el reemplazo, quien sigue en la línea sucesoria habilitado para ejercer la titularidad del Ejecutivo, lo único que tiene que hacer es cumplir su juramento.
Que triunfen las instituciones
Entonces, cuando tenemos actitudes como la de esta legisladora -que tal vez no fue bien asesorada- y por otro lado nos aprestamos por enaltecer a un prócer defensor del orden constitucional, es como que una vez más se plantea esta lucha entre luces y sombras.
Ojalá que una vez más triunfe la sensatez, el aplomo y el respecto irrestricto de nuestras normas, cuya máxima expresión es la Constitucional Provincial. Esa debe ser nuestra bandera, la misma que portó Felipe en su lucha y que hoy luce orgullosa al tope del asta de nuestra identidad, tal como esta cuarteta que cantaban los pueblos del norte y que la tradición oral supo guardar.
“La República Argentina
siempre ha sido hostilizada,
porque quienes gobernaban
con mala fe caminaban.
Ahora que viene encima
levantada su bandera,
la gloria y la primavera
florecen por sus caminos,
gritemos los argentinos:
¡Viva el Coronel Varela!
Desde mañana, gritaremos: ¡Viva el General Varela!
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