Por Ariel Brizuela
En la vida, en distintos aspectos de ella, hay etapas para realizar distintas cosas. Salvo excepciones, el ciclo lógico tiene un desarrollo más o menos lineal: cuando se es joven el es momento de estudiar, de formarse, de prepararse para el futuro (lo que no quita que un adulto pueda seguir haciéndolo). Cuando se es mayor, es el tiempo de las responsabilidades, del trabajo, de la familia. Cuando se es anciano, el momento del disfrute de esa misma familia, y de lo alcanzado a lo largo de la vida; es la etapa de la reflexión, de la sabiduría, del acompañamiento, de la grandeza para dejar surgir a las nuevas generaciones.
En igual sentido, la política tiene un ciclo similar que la asemeja con la vida misma.
En Catamarca, hay una generación de nuevos dirigentes políticos –no necesariamente son funcionarios- que comienzan a surgir y otros que a pesar de ser adultos, mantienen inalterable esa fuerza que solo lo da la juventud, y que por ende los ubica en este grupo, con la ventaja extra que tienen más experiencia, por cierto.
Esa camada de dirigentes se hace espacio en el nuevo Gobierno a fuerza de ideas y de trabajo, pero hay un grupo de “viejos” dirigentes que no permite ese recambio generacional tan necesario, diría imprescindible.
Y la situación va más allá de banderías políticas, es una disputa por espacios, por cargos, y ya lo sufrió el Frente Cívico cuando, salvo raras excepciones alumbradas al calor del poder o por lazos familiares, no se produjo el recambio de generaciones lógico y lo pagó en las urnas. Así de claro.
Dentro del peronismo, la situación se agrava porque los jóvenes que estaban preparados hace 20 años para gobernar, jamás pudieron llevar adelante esa misión, y hoy –lógicamente- pugnan por “estar”. Ese choque generacional se vislumbra en varias áreas del Gobierno, donde estos “jóvenes” detenidos en el tiempo, se entremezclan y disputan poder con los jóvenes dirigentes actuales, que los ven de reojo y piensan en serio que deberían estar detrás, asesorando, acompañando y no estando en el frente de batalla, y en todo caso, si no sirven para esta tarea, prefieren que se vayan a su casa a cuidar los nietos y que no vayan a entorpecer o enturbiar sus ganas de hacer cosas.
Similar situación también ocurre en el sector privado, donde los jóvenes emprendedores o empresarios pujantes se topan con los eternos cansados dirigentes empresariales, que solo piden exenciones impositivas y no ponen nada esperando que papá Estado los mantenga.
Hay una realidad, Catamarca necesita a todos, pero cada uno en su rol, haciendo lo que le toca más allá de grupos etarios estancos, pero el actual gobierno del Frente para la Victoria no debe olvidar nunca que gran parte de su caudal electoral provino de los jóvenes, y son ellos los pilares donde debe asentar su gestión.
Y también es tarea, creo, de los equipos de trabajo en los que confió la Gobernadora, detectar a esos jóvenes hacedores que tiene Catamarca. A esos emprendedores (públicos o privados –insisto-) se los debe apoyar, a esos soñadores de una Catamarca mejor se los debe palanquear y empujarlos a nuevos desafíos que nos lleven al desarrollo. Es el FPV quien debe impulsar esta corriente de optimismo, el mismo que generó previo a las instancias electorales de 2011.
Todas las ideas e iniciativas que vayan en este sentido son positivas en sí mismo y deben ser apoyadas en términos reales.
De igual modo que debe ser apoyado el intendente o funcionario que demostró que es un “hacedor” y no solo un “pedidor”.
La ciudadanía independiente de Catamarca, la que no vive directamente del Estado y que también confió en este proyecto político, espera aún que se trabaje seriamente en desarrollar una cultura emprendedora, único camino para el despegue duradero porque es el que generará las fuentes laborales genuinas.
Las prioridades del Gobierno deben estar alineadas a esta política de desarrollo sustentable, perdurable en el tiempo y no en acciones espasmódicas –algunas muy caras- que no responden a una estrategia de crecimiento y progreso.
Acá también se le presenta al Gobierno un nuevo desafío: confiar en las capacidades locales, en el potencial de los catamarqueños, en la juventud y en la experiencia propia, y sin importar colores partidarios, si es apto, tiene la capacidad y ama Catamarca, bienvenido sea a la construcción de un nuevo tiempo.
Es decir, que el primero que debe romper con viejos paradigmas que lo de afuera es mejor es la propia gestión gubernamental. El anterior gobierno también pagó un alto precio el 13 de marzo del año pasado, por sostener este errado concepto que lo foráneo es superior a lo nuestro.
Un “pasito” al costado
Una saludable “medidita”, pequeña, ahora que muchos ya están pensando en el 2013 –increíble, pero cierto-, sería que la alianza gobernante no permita ninguna reelección en sus filas. Que los que descollaron en su tarea sean premiados en importantes cargos, y los otros, los que solo hacen bulto, que vuelvan a militar en las calles.
Y los que no fueron electos y dependen de un decreto, con más razón. Es más, si hoy, con más se 100 días de gestión no demostraron algo, no respondieron a las consignas claras de la gobernadora Lucía Corpacci de estar en la calle, de cara a la gente y con la gente, especialmente en áreas claves del Gobierno, deberían estar pensando seriamente en dar un “pasito” al costado, digo, como para evitar el escarnio que les tengan que pedir la renuncia porque no funcionan, con el agravante de que a esta altura comienzan a perjudicar a la primera mandataria y su imagen.
A trabajar
En la función legislativa o ejecutiva se necesitan cabezas y manos dispuestas a darle una salida a esta Catamarca. No hay más tiempo para excusas, para pretextos infantiles: hay que trabajar, hay que gestionar, hay que reclamar, hay que buscar alternativas a esta crisis, que por supuesto no debe sorprender porque se sabía de antemano que el nuevo gobierno iba a tener afectado en sueldos el 85 % de su presupuesto, y que apenas el 15 % quedaba para hacer funcionar la pesada estructura del Estado y hacer cosas.
A veces, sin plata, pero con imaginación, con ganas se puede mantener un pueblo limpio o una calle barrida, cosa que parezca obvia, pero que muchos no lo hacen y se dedican a llorar reclamando un dinero que no está y por un buen tiempo no estará, porque los problemas financieros son del país y del mundo y que parece seguirán.
“Aquello que puedes hacer o sueñas que puedes hacer, comiénzalo. La audacia tiene genio, poder y magia. Comiénzalo ahora”, arenga el filósofo y dramaturgo alemán Johann Wolfgang Goethe, que en otro momento insta a ir de una buena vez a la acción: “No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer”.
Por eso, nuestro desafío actual, y que debe cundir en todos los estamentos de la sociedad, es que Catamarca debe levantarse y ponerse en marcha. Ya es nuestro tiempo de hacer, es nuestro tiempo de crecer.
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