POR ARIEL BRIZUELA
Las condiciones climáticas que soportó Catamarca en los últimos días pusieron a prueba la capacidad de gestión del nuevo Gobierno provincial, y también la de cada municipio.
Los ríos desbordaron, algunos funcionarios también. Otros aumentaron su caudal, pero se mantuvieron en su cauce, tal como una importante parte de funcionarios que se ocupó personalmente de atender y asistir a la gente.
Hay varios que se ensuciaron los zapatos y caminaron en el barro, otros -que se creen pícaros- siguieron los acontecimientos por la radio, los diarios digitales, y desde sus cómodas oficinas al día siguiente por los diarios.
Honestamente pensé, cuando me enteré de que la gobernadora Lucía Corpacci, junto con el intendente capitalino Raúl Jalil andaban por los barrios del sur, en las calles anegadas hablando con los vecinos afectados, que iba a haber un aluvión no de barro y agua sino de dirigentes que iban a imitar la actitud de la primera mandataria. Triste fue saber que no fue así, que muchos altos compañeros de ruta, muchos que estuvieron en los afiches y en los votos con la Gobernadora se habían borrado y andaban carnavaleando por ahí.
Justamente me tocó seguir esos acontecimientos desde Chilecito, La Rioja. Cuando nada lo hacía prever, la lluvia arreció y afectó la costa riojana en la misma intensidad que el Oeste catamarqueño. Y el gobernador Luis Beder Herrera también estaba ahí, junto con la gente, pero con una diferencia. Detrás tenía un ejército de funcionarios y militantes haciendo cada uno lo que tenía que hacer, de tal modo que al primer mandatario le llegaban los reportes de las soluciones, de las decisiones ya tomadas y encaminadas, cosa que le permitió su tiempo para “vender” sus vinos y paisajes al famosísimo enólogo francés Michell Rolland que visitó por primera vez la vecina provincia, tal como lo hizo al día siguiente en Catamarca, y también se entrevistó con la máxima autoridad local. El tiempo nos dirá qué Estado provincial aprovechó mejor la visita del “señor del vino” y el marketing que ello significa.
Beder tenía el helicóptero de la provincia listo y presto para socorrer a los riojanos en cuestión de minutos. Nuestra provincia andaba pidiendo prestado uno a Gendarmería, porque en 20 años de gobierno del Frente Cívico y Social no se invirtió en la compra de uno y se priorizaron otros gastos, a la luz de los acontecimientos y de lo que todos ya sabemos, más superfluos.
Ambos mandatarios salvaron la situación, pero a Corpacci se la vio nuevamente sola, sin el debido acompañamiento. Salvo -reitero- varios ministros que también se pusieron el overol y se metieron al barro sin horario y sin complejos. ¿Y los secretarios, los subsecretarios, los directores, los supervisores, dónde estaban? Por lo que sabemos, de festival en festival, en algún topamiento y enharinados.
Gobernar desde el ejemplo
También se gobierna desde el ejemplo y haciendo lo que la gente pide, y eso es lo que la primera mandataria ya está realizando y que no todos parecen terminar de entender, a pesar de encaminarnos a los 80 días de gobierno. Ella sigue forjando su estrecha relación con la gente, se la ve entera, con ganas, con fuerzas para cambiar la realidad de Catamarca y hacer honor con lo que se comprometió. Pero el Gobierno en su conjunto no parece -desde mi óptica muy personal- que esté estrechando lazos en la misma sintonía que su cabeza. Hay áreas que todavía no arrancaron, que aún no comenzaron a gobernar si entendemos que administrar es gestionar. Es golpear puertas propias y ajenas en busca de la solución. Se necesita imaginación, ganas, creer en las utopías, no renunciar a los sueños de una provincia mejor.
La sensación de pereza y parsimonia de algunos funcionarios es inocultable. La gente cambió para mejor y hay que darle eso que pide. Para colmo, grandes sectores del peronismo se sienten fuera aún, no se sienten parte del Gobierno. Reniegan por encontrarse con esta clase de funcionarios que viven de reunión y que, cuando se desocupan, no los conocen. Protestan porque en muchas áreas de Gobierno, algunos ministerios casi completos se topan con las mismas caras que vieron durante los últimos 8 años, y que el 13 de marzo del año pasado pensaron que se terminaban. Se desbocan cuando escuchan la muletilla “somos técnicos, no políticos” que esbozan ciertos funcionarios -algunos reciclados del FCyS- para ocultar su falta de compromiso con un proyecto de Gobierno y de provincia.
Entonces, cuando la calle reclama que “se cambió para que no cambie nada”, hay que escuchar, porque son como la creciente de un río: hay que tomar las previsiones para que no desborde.
Por otro lado, en medio del caos del temporal, la nota distintiva la pusieron la treintena de turistas que pasó 4 días aislada en las Termas de Fiambalá, el ícono del turismo provincial. Desmintieron feamente las atenciones que anunció el intendente Amado “Coco” Quintar por los medios, lo criticaron por las obras superfluas propias del FCyS y prometieron colgar en Internet un video con las peripecias vividas hasta tanto se haga el puente sobre el río Abaucán, obra que increíblemente no se hizo, a pesar de que el jefe comunal lleva varias décadas en el poder y en su gran mayoría como oficialista.
Precisamente, las atenciones que sí le dispensó a Quintar en desmedro de la cabecera departamental también generaron un ruido dentro del propio Gobierno. Situación que fue subsanada rápidamente y que no llegó a mayores.
Ahora hay que estar atentos a qué rumbo tomará el Gobierno con las áreas más flojas de la gestión. Seguramente en las próximas horas tendremos las respuestas, cuando Corpacci haga anuncios puntuales para Educación y Salud.
Ojalá que el final del carnaval y la entrada en la Cuaresma ponga más reflexivos a quienes deberían estar acompañando en la calle, en el barro a la Gobernadora, y los aleje al menos hasta dentro de un año, de las danzas, el canto y la harina.
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