Columnistas

El trabajo ese bien del hombre tan escaso

Por Ariel Brizuela

"...El trabajo es un bien del hombre -es un bien de su humanidad-, porque mediante el trabajo el hombre no solo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido «se hace más hombre».

"...En efecto, no hay duda de que el trabajo humano tiene un valor ético, el cual está vinculado completa y directamente al hecho de que quien lo lleva a cabo es una persona, un sujeto consciente y libre, es decir, un sujeto que decide de sí mismo."

"... El primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo, su sujeto. A esto va unida inmediatamente una consecuencia muy importante de naturaleza ética: es cierto que el hombre está destinado y llamado al trabajo; pero, ante todo, el trabajo está «en función del hombre» y no el hombre «en función del trabajo»."

"...A pesar de todo, el peligro de considerar el trabajo como una «mercancía sui generis», o como una anónima «fuerza» necesaria para la producción (se habla incluso de «fuerza-trabajo»), existe siempre, especialmente cuando toda la visual de la problemática económica esté caracterizada por las premisas del economismo materialista.

Una ocasión sistemática y, en cierto sentido, hasta un estímulo para este modo de pensar y valorar, está constituido por el acelerado proceso de desarrollo de la civilización unilateralmente materialista, en la que se da importancia primordial a la dimensión objetiva del trabajo, mientras la subjetiva -todo lo que se refiere indirecta o directamente al mismo sujeto del trabajo- permanece a un nivel secundario".

Juan Pablo II en la Enciclica “Laborem Exercens”.

¿Donde hay un trabajo?

El trabajo tiene una representación distinta según las diversas relaciones que los individuos tienen con él: los que lo tienen; los que lo desean; los que lo han perdido; los que deambulan en su búsqueda; los que soportan su precariedad; los que padecen la inseguridad laboral; y los que deben multiplicar sus tareas hasta caer en una nueva forma de esclavitud.

Los problemas laborales tienen repercusiones ideológicas, políticas y económicas, por eso, la ausencia de trabajo es causante de la insatisfacción, porque está dentro de las necesidades básicas de las personas.

“Todos hemos crecido interrogados por los adultos acerca de cuáles serían nuestras ocupaciones en el futuro. La mayoría de las personas se definen a sí mismas por su trabajo: son lo que hacen; si no hacen nada, no son nada. La exigencia de ser un ciudadano productivo está arraigada en la mayoría de nosotros, de manera que cuando uno no encuentra trabajo (el primero), o no logra reinsertarse en el mercado laboral, su autoestima cae. El empleo es mucho más que la fuente de ingresos, es el origen de la autovaloración. Sin trabajo los hombres se sienten humanamente improductivos e inútiles (Rifkin 1997).

“Desde hace algún tiempo el trabajo escasea. Cuanto menos trabajo hay para todos, más tiende a aumentar la dureza del mismo para cada uno. En consecuencia, a los prestatarios de trabajo no se los trata como a miembros de un grupo de profesionales definidos por un estatuto público, sino como a proveedores particulares de prestaciones particulares bajo condiciones particulares. Y en ese marco todo es posible: contratos, imposiciones, falta de permanencia, condiciones laborales inusitadas”. (Gorz 1998).

“El trabajo debe considerarse un bien, pero el empleo puede ser un privilegio, porque depende de condiciones económicas y sociales que sufren las variaciones de un mercado caprichoso y arbitrario”. (Calvez 1999).

Ante este escenario donde resulta cada vez más difícil encontrar un trabajo, el profesor Jorge Eduardo Noro en una opinión publicada en el portal de la Academia de Ciencias Luventicus de Rosario, plantea una interesante salida: “¿No será oportuno pensar una "educación para el trabajo" (para el homo faber, el creativo, el autónomo, el que sabe generar mundos humanos) y no para dotar de competencias al homo laborans, que solamente sabe salir a la caza de escurridizos empleos temporales? ¿No deberá pensarse en una educación polivalente que forme en competencias humanas y culturales universales y que desarrolle la capacidad de aprender, adaptarse y vivir humanamente? ¿No deberíamos imaginar una educación que civilice y no una educación que especialice? ¿No fue esa la idea que dio origen a nuestra educación universal y obligatoria del siglo XIX, confiando en que el hombre dotado de "instrumentos de civilización" sería capaz de dominar el mundo?

¿No será oportuno reforzar una educación formadora de hábitos y abierta a valores profundamente humanos que propicie el pensamiento crítico y creativo para afrontar un futuro cambiante? Al mismo tiempo, ¿no debería romperse con el hombre unidimensional y educar para el tiempo libre y el ocio, con una amplia formación cultural que permita encontrar otras (innumerables) posibilidades de realización?

¿No se trata de crear las condiciones para una nueva moral y una autonomía que permita crecer en responsabilidades para saber responder desde el propio proyecto existencial? Es cierto que las mayores responsabilidades están en el ámbito de lo político, lo social y lo económico; es cierto que hay sectores sociales que tienen el control de muchas de estas ideas, pero no podemos desconocer que la educación - como en otros tiempos- puede convertirse en anticipadoras de una nueva sociedad con un perfil más humano”.

Un rumbo claro

La Casa de Gobierno es otra, ahora se ve gente, muchos piden trabajo, algunos con currículum en mano, otros con un papelito, otros de boca, algunos con métodos viejos que a nada llevan, como cortar una calle. No hace falta, ahora son escuchados y por propia voluntad van comprendiendo que solo el trabajo genuino les devuelve su dignidad, tal como lo expresaron los Jóvenes de Cristina, una agrupación K que produjo el primer piquete al gobierno que encabeza Lucía Corpacci, cegados por la ansiedad de ver cristalizadas sus expectativas.

“Me duele enormemente ver gente afuera que se está manifestando pidiendo trabajo, Pero también tenemos que entender que trabajar no es solamente ser empleado público. Que hay otras modalidades de trabajo a las cuales los catamarqueños tenemos que empezar a apostar, y tenemos que sentir que trabajar es dignificarnos, que trabajar en una fábrica, trabajar en un emprendimiento productivo, trabajar en la propia tierra como quienes viven en el interior, es una tarea muy digna, tan digna como la de cualquier empleado publico”. Clara, directa, sin vueltas, la Gobernadora marcó, una vez más, los ejes y la impronta que tendrá su gobierno.

Y de ese camino, que nace en una nueva educación, creo que no deberíamos apartarnos si en serio queremos despegar como provincia, pero ante todo, si queremos recuperar la dignidad como personas, si queremos ser “más hombres” y “mas libres “como propone Juan Pablo II en su encíclica.

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