Columnistas

Un dirigente deportivo digno de imitar

Por Leo Romero

Mañana, con la llegada de la Navidad, se cumplirán dos años de la partida, sin retorno, del médico catamarqueño Genaro Aurelio Collantes, un tipo al que conocí en ocasión de elaborarse la Ley del Deporte de la provincia y que por entonces se había transformado en el principal soporte de la misma en el ámbito legislativo. Me pidió apoyo en la difusión y promoción del proyecto, a lo que accedí gustosamente, dado el amplio conocimiento que tenía del mismo, por haber participado en las reuniones en las cuales se le dio forma y contenido. Desde ese momento nació una sana y leal amistad entre los dos, que posteriormente se trasuntó en el pedido verbal suyo de que lo ayudara en su gestión al frente de la actual secretaría de Estado de Deportes y Recreación, cargo que creó el ex gobernador Oscar Castillo, poniéndolo acertadamente al frente del mismo, calificándolo como “el gobernador del deporte provincial”. Aunque se haya tratado de una expresión de ocasión, para elogiar al flamante funcionario, lo que no sabía seguramente el citado político local, es que Collantes fue uno de los más profundos conocedores de la problemática específica, tanto en los planos micro, como macro del espectro regional (Capital e interior).

Junto con Enrique Safe (“Kike”) y Ariel Herrera, colegas amigos, estuvimos integrando un improvisado departamento de prensa que presidí por un corto tiempo. Ellos se quedaron, yo me alejé por propia decisión, agradeciendo la confianza depositada en mi persona por “San Genaro”, como solíamos llamarlo cariñosamente entre nosotros. Resultó un verdadero placer tenerlo como conductor de la secretaría de Deportes y Recreación, por sus elevados conocimientos generales sobre las temáticas que se abordaban en el área, por su particular personalidad, y por esa riqueza humana y espiritual, que lo convertían en un ser carismático por excelencia. Le tocó afrontar miles de problemas, los que aún soporta y exhibe, lamentablemente, el deporte de nuestra patria chica. Siempre les puso el pecho. Con la mayoría cumplió, pero como a todo hombre público, en la columna del debe también quedaron anotados algunos saldos negativos. Fue consciente de ello y, en largas charlas de café, que saboreamos juntos, supo descargar su impotencia por no haberles dado una respuesta positiva. Antes de convertirse en secretario, fue el director de una escuálida y paupérrima repartición que funcionaba en un viejo edificio ubicado detrás de la Escuela de Cadetes de la Policía de la Provincia. Luchó para obtener su jerarquización y elevar su poder de decisión a la hora de plasmar en hechos todas las ideas, planes y proyectos elaborados en su oportunidad. Hoy, los actuales conductores del organismo, pueden usufructuar del esfuerzo y de los desvelos de Collantes.

Inscripto entre los históricos militantes del partido de Alem e Yrigoyen, desde muy joven se distinguió como activo dirigente político del radicalismo, circunstancia que le permitió ir metiéndose de lleno en los distintos sectores sociales de Catamarca, y manifestando paralelamente su inclinación por toda manifestación deportiva. De profesión médico ginecólogo, Collantes cumplió numerosas actividades en la función pública, entre ellas fue director del Centro de Salud del barrio Colón en la ciudad de Córdoba; director del Hospital de su amado pueblo natal de Pomán y de zona en la localidad de Mutquín, en igual departamento del oeste catamarqueño. También se desempeñó como presidente de la Unión Cívica Radical, candidato a gobernador por la UCR en 1987, diputado provincial, delegado al Comité Nacional del radicalismo con funciones como secretario de Relaciones de Provincias. Sin olvidar que el 10 de diciembre de 2009, había asumido como reelecto legislador por un período de cuatro años, en representación del Frente Cívico y Social, junto con Mariana Veaute.

Con 63 años de edad, y sobrellevando estoicamente una cruel enfermedad, Genaro Aurelio Collantes dejó dignamente este mundo de los vivos, sumiendo en un enorme dolor a su esposa Juana Fernández y a sus hijos, recibiendo los homenajes que realmente se merecía, por su excelente trayectoria y hombría de bien. Hace dos navidades, se marchó con la frente bien alta, para fundirse en un abrazo con su amado hijo Gonzalo, unidos para siempre, por los siglos de los siglos. Leo Romero, un amigo de la vida y del deporte, lo recuerda y reza por su alma, estimado doctor.

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