Columnistas

“El boxeo y yo”, de Julio Ernesto Vila

Por Leo Romero

Hace poco apareció el libro “El boxeo y yo”, escrito por Julio Ernesto Vila, un viejo y prestigioso periodista argentino, nacido en Villa Dolores (Córdoba) el 18 de junio de 1938, y muy conocido en nuestro medio, puesto que en varias oportunidades visitó San Fernando del Valle de Catamarca, acompañando en calidad de comentarista al afamado relator bonaerense Osvaldo Roberto Príncipi, cuando ambos se desempeñaban al frente de las transmisiones televisivas de TyC Sport. Dueño de una fuerte personalidad y de un amplio conocimiento de las estadísticas pugilísticas de varias generaciones, manejando nombres y fechas con una infalible precisión, lo que lo valió ser calificado como una verdadera enciclopedia de la especialidad, a través de 180 páginas volcó parte de lo que fue abrevando desde muy pequeño, para ser más exactos desde 1929. Contestatario por naturaleza, le gustaba trenzarse en amenas y otras veces picantes polémicas, con quien fuere, en el convencimiento pleno de que siempre tenía un as de espada debajo de la manga, para inclinar la balanza a su favor. En prolongadas noches porteñas, café de por medio, discutimos sanamente sobre temas inherentes al boxeo catamarqueño, ya que siempre defendí a muerte los intereses y calidades de nuestros valores, en especial de Hugo Rafael Soto, el único campeón del mundo que exhibimos orgullosamente ante los ojos del planeta, más allá de virtudes y falencias del efímero dueño del cinturón de los moscas.

Al margen de sus actividades periodísticas, propiamente dichas, Vila estuvo vinculado con las máximas autoridades del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), uno de los principales organismos internacionales de fiscalización, asumiendo por largos años el rol de clasificador por Sudamérica. Eso le otorgó cierto prestigio y marcada autoridad a la hora de ubicar a sus púgiles preferidos, aún cuando también algunos dolores de cabeza por parte de quienes se consideraban injustamente marginados de los puestos de vanguardia. Recuerdo que uno de los que más le dio por la prensa especializada fue el mendocino Hugo “Pajarito” Hernández, quien llegó incluso a pedirle el monto de dinero que quería (Vila) para ponerlo entre los mejores de su categoría. El veterano colega optó por no prenderse en el tema. Hoy, a los 73 años de edad, está alejado del mundanal ruido de las piñas, motivo por el cual se dedicó a preparar su libro, sin apartarse de su peculiar estilo y forma de decir las cosas. Es más, no hay que retrotraer mucho la memoria para recordar sus frontales expresiones, dichas a partir de su transitar por todos los escenarios que se pueda imaginar, entregando sus opiniones e ideas sin pelos en la lengua. Aquí van algunas de ellas: “El boxeo dejó de ser pasión porque no hay figuras. En el nivel nacional ya no existe y en el plano ecuménico no creo que dure más de un cuarto de siglo. Le veo mal futuro al boxeo grande de la costa del Pacífico, es decir Las Vegas, Los Angeles, etc. El resto de Europa está haciendo un boxeo light, con títulos semitruchos, de escaso valor”.

Pero no se queda con eso nomás. El gran maestro Vila sostiene que ese es el resultado de la “corrupción imperante, que tiene que ver no con el boxeo sino con el mundo de nuestros días, un mundo sin religión, sin madre en la casa, sin salud, con un hambre espantoso. Todo tiene que ver con todo, hoy los chicos no comen y después, cuando son maduros, y por ejemplo boxean, en vez de huevos tienen cartílagos, no hay boxeadores fuertes y se caen cuando les pegan. Es toda una realidad interesante, hay mucho hambre en el mundo, donde dos tercios de la humanidad no come o come mal. En la Argentina, por una serie de razones, el boxeo ya no existe, lo mantienen vivo para cobrar la televisión, los que lo dirigen lo han empeorado, pero como los boxeadores no se quejan, porque no hay cosa más cruel que una persona instruida en la forma que puede despedazar un ignorante. Los boxeadores más famosos han sido muñecos en manos de abogados y demás que les manejan sus campañas, donde les roban, porque el precio de la ignorancia es incalculable. Por eso ahora los boxeadores no tienen fuerza ni ganas. No respetan a nadie. Yo antes hablaba mal del maestro y mi padre me llevaba a patadas a pedirle disculpas. Ahora matan al maestro”.

Y cierra Julio Ernesto Vila señalando con dolor y mucha bronca que “ya estaba poniendo en riesgo mi propio prestigio y dignidad. Logré mi objetivo, que era trabajar para la gente y no para el promotor, me dio asco, me fui porque tuve problemas de salud, con un cáncer de próstata. Después de haber visto mi primera pelea, el 18 de setiembre de 1943, si hay una palabra que sintetice por qué me fui del boxeo, es asqueado. Si yo que le dí la mano a Firpo (Luis Angel) y tuve en mi casa a Gatica (José María) y vi los mejores púgiles desde 1940, no puedo tener paladar para comer esta porquería que se televisa habitualmente. Con seguridad, Nicolino Locche y Pascual Pérez fueron los dos más grandes boxeadores mendocinos. Locche fue el mayor ídolo que vi, y eso que ya estaba Justo Suárez (“El Torito de Mataderos”). Gatica fue un fenómeno social y Carlos Monzón fue grande, pero jamás ídolo. ¿El más grande de todos los tiempos? Sin duda, Ray Sugar Robinson”.

 

Arco Iris
Parlantes