Columnistas

La hora de la esperanza

Por Ariel Brizuela

El día esperado llegó. Tras 20 años de gobierno de un signo político, llega otro de distinto sector político, pero este cambio es histórico porque no es merced a una intervención federal (la nuestra es la provincia más castigada en estos 200 años de Patria), sino por la voluntad popular. Ya ganó la democracia.

El silencioso pueblo catamarqueño eligió libremente al peronismo, encolumnado detrás del Frente para la Victoria, por sobre el Frente Cívico y Social que durante dos décadas había dominado la escena. Y no solo eso, los catamarqueños elegimos una mujer para encabezar este ciclo y, además, se puso a la provincia en línea con un gobierno nacional donde también gobierna una mujer que guste o no, quedará en la historia.

Se abre un nuevo tiempo para Catamarca. Comienza una nueva etapa, llena de sueños, de expectativas, de ilusiones y, por qué no, de nuevas utopías.

Corren aires de cambio, y eso en sí ya es bueno. Se corre el velo a una nueva época donde cada uno de nosotros seremos protagonistas y no solo espectadores. Ese es nuestro desafío como pueblo libre y soberano. Llevar la provincia adonde queremos no es exclusividad del gobierno, sino de todos y cada uno de los ciudadanos de esta bendita tierra.

Hay mucho camino para recorrer y bastante trecho por desandar, y en ese caso “es mejor viajar lleno de esperanza que llegar”, como dice un proverbio japonés que nos impulsa a transitar cada uno de nuestros días como si fuera el último, dando lo mejor de nosotros en cada acción, en cada gesto, en cada compromiso.

Por eso, la arenga que hizo “nuestra” gobernadora Lucía Corpacci hurgando nuestro orgullo interior trasluce la confianza que ella tiene en su pueblo. Convocó a todos -y en eso fue reiterativa en estos 9 meses de transición- a reconstruir Catamarca. Pidió que cada comprovinciano saque lo mejor de su ser y lo ponga al servicio del bien común, que el estudiante sea el mejor, que el profesional sea el mejor, que el trabajador rinda al máximo, que sus funcionarios gasten los zapatos.

En otras palabras, también exhortó a que cada catamarqueño sienta que no hay nada mejor que otro catamarqueño y reclamó enérgicamente el fin de los sectarismos y divisiones entre hermanos, porque los tiempos difíciles que pueden sobrevenir requieren de la concurrencia de absolutamente “todos”.

No es novedad la herencia que recibe Corpacci -de hecho hemos opinado en las últimas semanas en este sentido-, por eso seguramente el pueblo en su inteligencia sabrá darle el tiempo justo y necesario para encontrar las salidas más apropiadas.

En igual sentido, cada miembro de su equipo comienza con el crédito intacto, y todos tienen el total apoyo para gestionar y dar las soluciones que la hora exige. Eso sí, que quede claro que en las manos de cada uno de los funcionarios hay miles de esos sueños puestos y que en sus casos no tienen el hándicap que sí lo tiene la primera mandataria.

¿Que 20 años no es nada?

Tras largos 20 años, la marcha peronista resonó fuerte en la Casa de Gobierno, que abrió sus puertas de par en par. Para la militancia de esa fuerza política fue quizá el momento más esperado. Se hizo carne en muchos de ellos la frase “volveremos”, pero contrariamente a lo que muchos auguraban en la vieja lógica de demonizarlo, reapareció un peronismo feliz, orgulloso de sus luchas, pero aparentemente más maduro y racional tal vez en sintonía con lo que transmiten sus líderes visibles: Lucía Corpacci, Dalmacio Mera y Raúl Jalil.

Fueron ellos quienes encarnaron la propuesta de cambio, fueron ellos en su momento y su tiempo los que supieron resumir los sueños de miles y miles de peronistas que ansiaban la unidad, que por supuesto se hizo concreta merced al aporte silencioso de muchos y grandes dirigentes que construyeron el proyecto de una nueva Catamarca.

Entonces, también es la hora del peronismo, quien deberá demostrar -aunque suene feo- que ha cambiado, que es abierto, democrático, pacífico, trabajador, ordenado. Tendrá la difícil tarea de desdemonizarse (valga el término) tras dos décadas de mala prensa y manejos maniqueos.

El slogan “lo bueno está por venir” que uso el peronismo en la campaña previa al 13 de marzo, sintetiza la propuesta que la gente votó. Ahí se resumen las ganas de salir adelante, de ser grandes, de integrarnos social y culturalmente, de explotar turística y deportivamente, de ponernos en la senda de la producción, del trabajo y del desarrollo humano, de redescubrirnos, de revalorarnos, de volver a confiar en nosotros y en nuestras infinitas posibilidades como una provincia rica y maravillosa!

“La esperanza es el sueño del hombre despierto”, dice Aristóteles, y todos de algún modo, en mayor o menor medida estamos muy despiertos y llenos de sueños de una Catamarca grande. Que así sea.

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