Columnistas

Quedará en la historia, seguro

Por Ariel Brizuela

Señor Gobernador de la provincia de Catamarca

Ing. Agrimensor Eduardo Segundo Brizuela del Moral

 

En unas horas Ud. dejará de ser el Gobernador de la provincia de Catamarca y, seguramente, por muchos años los catamarqueños nos acordaremos de su paso por la función pública, y según nuestra propia vara evaluaremos y daremos nuestro veredicto sobre su actuación.

Es redundante recordar que Ud. es un hombre con casi tres décadas en distintos puestos -la mayoría de las veces elegido por voto popular-, reconocido durante muchos años como el gran elector, el político con una “estrella” aparte, el que fue buscado en reiteradas oportunidades en su propia casa para que sea candidato cuando las “papas quemaban”.

Muchos miles de comprovincianos lo recordarán como el gobernador que les dio su casa propia. ¡Vaya que lo inmortalizarán! Fue el gobernador que llegó a cada recóndito pueblo y les llevó agua potable, los unió con caminos y rutas. Fue el hacedor de grandes obras y de pequeñas, pero esperadas a través del inédito programa “Ahora los Pueblos”, por ejemplo.

Fueron 8 años al frente del Ejecutivo provincial, y otros tantos en la municipalidad de la Capital, más un par de senador nacional y anteriormente rector de la UNCA. Siempre exitoso, siempre ganador, respetado y hasta temido por los adversarios políticos por su ascendencia en el electorado.

Muchas cosas en el “haber”, pero muchas en la columna del “debe”. Lógico, es humano y falible y salvo que alguien opine lo contrario, Ud. es un hombre de bien y si se equivocó no fue con mala intención.

Ahora bien, con mucho respeto me permito preguntarle públicamente en qué momento perdió ese olfato, por qué circunstancia se comenzó a alejar de la gente, cuándo le comenzó a molestar el roce con los más humildes, por qué dejo de escuchar a su pueblo y prestó oído solo a los aduladores y edecanes que solo le hicieron ensimismarse más y lo llevaron -a mi modesto entender- a cometer una serie de errores políticos que también quedarán en la memoria colectiva.

Señor Gobernador, ¿hay alguna forma de que los que solo somos simples observadores de la vida política de Catamarca -y gracias a Dios tenemos la posibilidad de expresarnos- podamos entender cuál fue el quiebre entre uno de los mayores dirigentes de la historia lugareña y la ciudadanía?

Indudablemente que no fue el mejor año para Ud., y no me refiero exclusivamente a su única derrota electoral en su larga trayectoria, sino a las circunstancias que lo llevaron a ella.

Porque dudosamente algún comprovinciano contemporáneo podrá olvidar su arenga -que sonó más a provocación- que se quedaría por 20 años más, nos guste o no nos guste.

Y será muy difícil dejar en el olvido la transición que no fue. El nulo espíritu democrático de aceptar que los catamarqueños en su mayoría eligieron otra cosa, no sabemos si mejor o peor, pero distinta y quizá en busca de otros aires. Su decisión de gobernar hasta el último minuto, sin consultar ni compartir ninguna medida con el nuevo gobierno, por más osada y comprometedora que sea, no pasará desapercibida. Fue legal hacerlo, pero de dudosa legitimidad popular a partir de los resultados del 13 de marzo.

Tampoco lo olvidarán las familias de los miles y miles de contratados que a 5 días de dejar el poder les dio la estabilidad y los sumó a la ya elefantiásica planta estatal -digna del libro Guinness de los récords- otorgándoles la planta permanente. Son las mismas familias que esperaron casi una década por este beneficio que Ud. se lo dio apenas horas antes de irse. ¿Por qué no lo hizo antes y les daba la tranquilidad y llevaba adelante mucho tiempo atrás este acto de justicia social que ahora pregona? Y, para colmo, filtrados en medio de los trabajadores, fueron premiados funcionarios, amigotes, parientes y ñoquis.

Tampoco lo olvidarán los miles de emprendedores que jamás pudieron acceder a un crédito para desarrollar su actividad privada. Sin embargo, tuvo funcionarios (mayormente foráneos) paseándose por el mundo en busca de inversiones que nunca llegaron.

Asimismo será recordado por sus obras (faraónicas dicen algunos) como el predio ferial, el estadio, la maternidad provincial, la hostería de Cortaderas y la Polo Giménez (concesión que terminó en escándalo), pero también por obras prometidas y no cumplidas y otras licitadas o comenzadas sin financiamiento, de dudosa calidad, utilidad y sospechadas de sobreprecios y dirigidas a amigos del poder que dejarían una deuda al futuro gobierno de unos 250 millones de pesos. Qué difícil deshacer la imagen popular que el suyo fue un gobierno para unos pocos.

Y nadie podrá olvidarse de Ud. cuando se recuerde que Catamarca vivió durante su gestión la mayor bonanza económica de toda su historia, y hoy por hoy solo tenemos empleados públicos porque no contamos con fábricas ni agroindustria, ni turismo por mencionar, algunos de los factores de desarrollo de un pueblo.

Pesada herencia

Y obvio que será muy difícil olvidar que hubo ingresos extraordinarios por la actividad minera por más de 4 mil millones de pesos durante su época y, sin embargo, como Ud. lo reconoció, tenemos una deuda pública de 1.000 millones, eso sin contar la deuda flotante (pagos comprometidos a proveedores) que quedará como herencia para la nueva gestión. Y, con el agregado de un déficit presupuestado para el 2012 de 500 millones de pesos más y con vencimientos de deuda dentro de pocos meses.

Y, sin hacer juicio de valor sobre responsabilidades e irresponsabilidades, será recordado por su batería de medidas e inauguraciones en el tramo final de su segundo mandato. Obvio que quiere quedar en el bronce, pero entiendo que no era necesario andar casi a hurtadillas entregando viviendas un sábado a la noche al filo de la madrugada del domingo. ¿No se podía prever algo más ordenado y propio de un gobierno transparente? Los beneficiarios, felices como corresponde, pero sorprendidos también que luego de esperar su casita más de una década, recién se hayan acordado de ellos en el minuto final.

También entiendo señor Gobernador, que revolver el pasado, hurgar en viejos rencores y odios terminan desdibujando aún más su imagen. Sus miedos y percepciones de “tufillos” de 30 años atrás y denuncias de boicot a su terminal gestión no hacen otra cosa que cosechar más rechazos a su figura. Justo cuando debería estar preparándose para irse por la puerta grande y no por la pequeña.

Por todo lo bueno que hizo, pero también por lo que omitió hacer y lo que hizo mal, Ud. pasará a la historia, seguro. Y será cada catamarqueño, según su recta conciencia, quién lo juzgará y lo pondrá en el lugar que corresponde.

Atte.

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