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“Goyo” Peralta, el eterno rival de Bonavena

Sábado, 3 Diciembre, 2011 - 10:32
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Por Leo Romero

Nacido en la provincia de San Juan, pero radicado desde chico en la ciudad bonaerense de Azul, Gregorio Manuel Peralta, identificado por los fanáticos del boxeo con el cariñoso apodo de “Goyo”, fue uno de los púgiles argentinos del peso completo (pesado) que brilló hace algunas décadas, dentro y fuera de nuestro país. Campeón nacional de la categoría, llegó a pelear por la corona del mundo de los medio pesados en los Estados Unidos, frente al campeón Willie Pastrano, quien lo derrotó por nocaut técnico en el sexto round en un choque escenificado en Nueva Orleans. Peralta sufrió un corte en una de sus cejas, situación que llevó al árbitro a detener las acciones. Lamentablemente, el sanjuanino no pudo repetir lo materializado en Miami, ante idéntico adversario, al que superó por decisión técnica.
    Repasando la campaña de Peralta, no cabe la menor duda que el punto más alto de la misma lo marcó aquella histórica rivalidad que protagonizó con Oscar Natalio Bonavena (“Ringo”), el carismático e inolvidable crédito de Parque Patricios (hincha a muerte de Huracán). La exquisita línea técnica de “Goyo” se topó por esos años con el empuje, coraje y potencia física de “Ringo”. Con Bonavena protagonizó, el 4 de setiembre de 1965, una de las peleas más célebres del boxeo nacional. Bonavena obtuvo el título argentino al vencerlo por puntos, tras derribarlo en el quinto asalto. Tuvo su revancha cuatro años más tarde, en Montevideo (Uruguay), cuando alcanzó un empate, aunque para muchos de los observadores el verdadero ganador había sido Peralta.
    En realidad eran contrafiguras, ya que a la verborragia y estudiada fanfarronería de Bonavena, Peralta siempre oponía la corrección de sus modales, su hablar pausado y pensante, su humildad, su trato afable. Distanciado del Luna Park, por diferencias entre la empresa y su manager, Héctor Nesci, cuando ya se lo consideraba al borde del retiro “Goyo” prolongó su carrera en España, donde estuvo radicado a comienzos de los años setenta y donde venció al publicitado noqueador vasco José Manuel Ibar, más conocido como “Urtain”.
    En épocas en que solo existían las ocho categorías clásicas, Peralta, cuyo peso natural de pelea rondaba los ochenta y cinco kilos, resultaba demasiado pesado para la categoría de los semicompletos (límite 79,400) y demasiado liviano para la de los completos. Con esa contra debió cargar en el transcurso de toda su carrera de 111 peleas como profesional, que prolongó hasta los 38 años, para imponer su estilo de alta técnica, que desarrolló guiado por el maestro Alfredo Porzio.
    El título argentino de los pesados se lo arrebató en 1961 al necochense José Giorgetti, “Kid Tutara”, a quien le concedió trece kilos de ventaja. En el estadio Luna Park de la ciudad de Buenos Aires, uno de los combates que más se recuerda es frente al medio pesado peruano Mauro Mina, a quien venció en una auténtica exhibición, con una sola mano útil, por haberse lesionado tempranamente la otra. De nuevo en los Estados Unidos, llegó a pelear dos veces con el joven George Foreman, más tarde campeón mundial, un típico noqueador que sin embargo y pese a los trece años de diferencia, no logró infligirle la cuenta de diez segundos: lo superó primero por puntos, y luego por técnico en el décimo y último round.
    Gregorio Manuel Peralta murió a los 66 años de edad, en la ciudad santafesina de Rosario, donde estaba radicado, el día 3 de octubre de 2001, como consecuencia de una afección cardiológica. “Goyo” fue el mayor de una familia de boxeadores que también incluyó a sus hermanos Avenamar (llegó a ser campeón argentino medio pesado), Néstor y Alberto, con quienes alguna vez compartió cartel en una reunión especial de cuatro peleas organizadas en el Luna Park como “La noche de los Peralta”. Una página que todos aquellos que estamos cerca del deporte de los atletas de las narices chatas, recordamos con mucha emoción.
    En tren de reflotar recuerdos, merece destacarse que Avenamar Peralta perdió frente a Víctor Emilio Galíndez, cuando se midieron por la corona sudamericana de los mediopesados el 7 de octubre de 1972. El 7 de diciembre de 1974 Galíndez ganó el título mundial en el Luna Park, al vencer por abandono en el 13º round a Len Hutchins, constituyéndose en el primer campeón mundial argentino en coronarse en su país. Realizó once defensas exitosas hasta 1978. Entre ellas, el 30 de junio de 1975, enfrentó y venció al también argentino Jorge “Aconcagua” Ahumada en el Madison Square Garden de Nueva York, primera vez que dos argentinos disputaron un título mundial. El 22 de mayo de 1976 batió por nocaut a Richie Kates, uno de los momentos más recordados del deporte argentino, por el dramatismo del combate y la recuperación de Galíndez cuando se encontraba cortado.
   
 

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