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La renovación en la UCR, sus implicancias

Por Pablo Enrique Bordón

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra renovación (del latín renovatío – oñis), significa acción y efecto de renovar, lo cual nos lleva a buscar el significado de ese término. Consultando nuevamente, la palabra renovar tiene estos significados:

1. tr. Hacer como de nuevo algo, o volverlo a su primer estado. U. t. c. prnl.

2. tr. Restablecer o reanudar una relación u otra cosa que se había interrumpido. U. t. c. prnl.

3. tr. Remudar, poner de nuevo o reemplazar algo.

4. tr. Sustituir una cosa vieja, o que ya ha servido, por otra nueva de la misma clase. Renovar la cera, la plata.

5. tr. Dar nueva energía a algo, transformarlo. Este autor renovó el teatro de la época.

6. tr. Reiterar o publicar de nuevo.

7. tr. Dicho de un sacerdote: consumir las formas antiguas y consagrar otras de nuevo.

8. tr. Ant. Novar.

Ultimamente se escucha muchísimo ese término. Ahora está en boga debido a pésimos resultados electorales en Catamarca. El miedo invade a cada integrante de la UCR en Catamarca. La incertidumbre está ocupando un lugar en primer plano. Se buscan respuestas correlativas a diferentes interrogantes. ¿Qué escenarios vienen?, ¿cuáles serían las hipótesis de trabajo?, ¿qué hay que hacer?

Se escuchan voces provenientes de diferentes ámbitos. Los pases de facturas están a la orden del día. Aparecen muchos declamando, yo lo dije!!!, ¿vieron que tenía razón?

Pero lo más peligroso no resultan esas declamaciones, sino la falsa idea de lo que implica una renovación partidaria.

Unos hablan de nuevas caras, otros desde una inoficiosa y minoritaria dirigencia juvenil, hacen referencia a la cuestión generacional en cuanto a lo cronológico. Todas estas expresiones, sin ánimo de descalificarlos, emanan de un punto de partida equivocado. Fueron preparados para una UCR en el Gobierno, pero no para cumplir roles de gobierno, sino más bien para sostener con cánticos y un buen cotillón los intereses que representaban. Sin carácter crítico, silenciados por unos o por cuenta propia según los que ellos consideraban la conveniencia en política. Obvio que no se puede generalizar. Hoy no están preparados para estos nuevos escenarios. Para los desafíos que vienen se requiere de un temple y un carácter diferente. En ese sentido, resultan muy saludables los resultados y acciones que viene llevando a cabo la Franja Morada con notable éxito en la Universidad de Catamarca. Las más evidentes fueron los triunfos en la facultad de Derecho y la contundencia en la facultad de Ciencias Agrarias. Buen síntoma de que es posible aún en momentos difíciles.

Si de observación se trata, existe una dirigencia que desde la vigencia en casi tres décadas, indiscutible protagonismo y exitosas carreras, ya poseen un desgaste por diferentes motivos. Más allá de las virtudes y defectos, aciertos y errores, es indiscutible que ese desgaste es real y así lo visualiza la sociedad independientemente de nuestras propias miradas. Decir esto no es faltar el respeto a sus trayectorias.

Es tiempo de los jóvenes!!!, hay que cambiar de caras!!!, es tiempo nuestro ahora!!!

Surge una pregunta, ¿cuál es la base esencial para estas declamaciones?, ¿cuál es el real plafón que poseen para sostener esta idea? ¿La creencia que lo que pasó es producto de la vejez de nuestra dirigencia?

Asimismo están los oportunistas, los que muchas ganancias obtuvieron en sus tiempos ocupando cargos de relevancia, y desde esos ámbitos gubernamentales fueron mentores de la perversidad política en el radicalismo, degolladores de sueños de muchos militantes, verdaderos obstáculos en la horizontalidad democrática de la UCR, y ahora pretenden erigirse en autores de una nueva oleada radical. Pretenden estar en un mismo plano con respecto a quienes sí mantuvieron su coherencia política en todo este tiempo. Autores intelectuales o por lo menos ejecutantes de metodologías anestesiantes en el pasado y hoy convertidos en supuestas víctimas.

Están también, los que más allá de sus indiscutibles trayectorias creyeron que la mejor forma de preservar los ideales era a través del desapego absoluto por la búsqueda de poder, por desalentar métodos de acción que derivarán en llevar al triunfo los ideales que tanto se pregonan.

Creer que es una cuestión cronológica, o cambio de caras, de desprenderse de sus propios pasados, de la soberbia juvenil o del abandono de los métodos de acción llevará a la renovación es un error. Grave error. Sería preferible en ese caso evitar la misma, ya que sería por el contrario la consolidación de aquello que se dice querer renovar.

Surge claramente también un dilema que podría considerarse, y que muchas veces surge en la trayectoria de todo militante, pero necesario aclarar. ¿A quién se debe incluir en este proceso de renovación?

Están quienes con su trabajo militante fueron artífices de este radicalismo en el tiempo cuando los éxitos no llegaban nunca, y que aún mantuvieron su coherencia a pesar de los diferentes escenarios. Personas oficiosas en cualquier terreno en que se desempeñen. La contrariedad es que fueron despreciados y marginados de ámbitos de discusión y de decisiones importantes. Verdaderos comunicadores, actores partidarios y sociales con diferentes capacidades y desempeños que terminaron excluidos. Verdaderos rostros de la posible renovación. La sociedad hubiera premiado indudablemente el surgimiento de estos protagonistas. Otro hubiera sido el resultado.

Están quienes se incorporan por primera vez a la acción política y hay que incluirlos en lo mejor de la política en cada acción concreta, en cada escenario de discusión, en cada espacio de formación.

A quienes más allá de cualquier cuestionamiento sobre su trayectoria partidaria hoy ocupan cargos de importancia, pero que demostraron en este corto tiempo estar a la altura de las circunstancias, haciendo frente a esta situación de derrota, sin especulación de ningún tipo, cuando otros están en fuga.

¿Conclusión sobre este punto? Esta renovación debe incluir a quienes desde su pensamiento y acción actúan con buena fe e inteligencia.

¿Por dónde pasa la renovación entonces? Se puede hablar y mezclar diferentes combinaciones.

La política es una actividad humana, expuesta a los errores permanentes, no hay verdades absolutas.

En política es difícil establecer un sistema que garantice premios y castigos en el terreno político, pero lo grave es no tener parámetros mínimos.

Frente a esto, ¿qué hay que establecer o cuál es lo esencial?

Primero una aclaración. Uno comete errores. Claro que sí. Por otro lado, lo que uno diga o declare políticamente puede ser objetable. La verdad absoluta queda en manos de los autoritarios.

La pretensión es generar el debate.

¿La renovación pasa por la consolidación de la unidad, por los factores antes mencionados?

Existen incompatibilidades evidentes. La renovación no puede pasar por viejas recetas, exitosas en su momento, pero paralizantes hoy. No puede recorrer los andariveles de las mismas ofertas partidarias. Hay que romper con viejas lógicas o metodologías. Se trata de conceptos. Se trata de miradas, no por ubicación o veredas. Es cuestión de pensamientos, no de cambios de maquillajes. Se trata de un lenguaje que comunique, no que incomunique y excluya.

¿Cómo se puede renovar desde lo que la sociedad no respalda?, ¿cómo se renueva si es desde las viejas prácticas?, ¿cómo se renueva si es partiendo de enumerar síntomas, cuando hay que hacer diagnósticos? ¿La renovación, su curso natural es por la unión?, ¿unión de qué y para qué?, ¿unidad para consolidar el status quo?, ¿unidad para sostener con el mismo lápiz la confección de las listas?, ¿unidad para el negocio de ser oposición o minoría?, ¿unidad para instalar la idea de que no importa cómo nos vaya, sino a quienes les resulta exitoso esta situación?, ¿unidad para agudizar la soberbia?, ¿unidad de qué y para qué? Tómese esto que digo, lejos de cuestionar a nombres, hablo, vuelvo a insistir conceptos en el entendimiento de que hay individualidades que sostienen los mismos.

Se pueden rescatar muchas cosas, como nuestras gestiones de Gobierno fundamentalmente. Eso es indudable y se sostendrá en el tiempo. Pero la sociedad requiere de otras cosas. La sociedad no nos votó en contra porque no hicimos nada. La sociedad sabe de lo hecho y lo valora, pero votó en contra de lo que no hicimos, por asignaturas pendientes, y también producto de su hartazgo. Será materia para otra discusión seguramente.

¿Unión de qué?, ¿de lo incompatible? La renovación es incompatible con todo aquello que sustenta lo que se aspira cambiar.

Sería ingenuo o un especulador camuflado si solamente hablara de esto. También pasa por incompatibilidades éticas de ciertos dirigentes, por incompatibilidades de conductas. En política existen los costos, no todo es beneficio. Costos por las incoherencias, incongruencias. Seguramente surgirá la facilidad de pretender canalizar estas palabras desde la óptica de quienes todo lo apunta, por si alguien se fue en su momento o por quienes se quedaron. Hay quienes cometieron errores políticos por irse en su momento, como hay quienes provocaron daños enormes desde adentro. Hablo de otros niveles de incoherencias mucho más hirientes, más alarmantes.

Se habla de reconstruir. ¿Reconstrucción?, ¿reconstruir desde el mismo diseño?, ¿reconstruir aquello que resultó hoy objetado? Es tiempo de una nueva construcción, desde otras bases, desde otros diseños más amplios, más abiertos, más dinámicos. Pero para tener éxito en esto, surge algo que muchos cuestionarán. Es tiempo a su vez de Conspiración.

¿Es posible un cambio sin conspirar? Quien dice que no, resulta ser un ingenuo o un representante de lo que se pretende modificar. Cuando se habla de cambios o renovación también se habla de afectar intereses. Y estos intereses harán todo lo posible desde el lenguaje como en el accionar político, para derrotar o por lo menos postergar en el tiempo estos procesos de renovación. Conspiración para quienes tratarán de evitar estos cambios, quienes menosprecian la Carta Orgánica Partidaria, quienes creen que hay que tener ciertas prerrogativas y utilizan a la UCR como un instrumento para intereses mezquinos y parasitarios desde una visión utilitaria de la política. Conspiración desde la inteligencia constructiva y no desde el instinto destructivo.

¿Es factible la construcción? Sí, obviamente. ¿Cuáles serían sus bases? Hay algo que es inapelable en ese sentido. Las bases están en los principios del mismo radicalismo. En su riqueza doctrinaria, en su papel en la historia. En la compatibilidad de la política con la moral, en la horizontalidad democrática, en la inclaudicable lucha por la igualdad y la libertad. La construcción debe partir de la solidez que surge de la idea radical. Otros caminos supuestamente más exitosos, pero carentes de criterios éticos, solo nos llevará al fracaso. La construcción recorre vías relacionadas al diálogo, al debate, a la madurez. Pero por más que resulte sorprendente, estos carriles son molestos para quienes conceptualizan a la UCR y a la política desde otra mirada, cuestionable y alejada de valores legítimos. Estarán los nuevos críticos, que refugiándose en diferentes hipótesis o en supuestos cálculos políticos hablarán con engaños utilizando términos aparentemente maduros, pero que en lo sustancial encierran la idea de pactar la entrega de la UCR, para acuerdos o negocios que están por fuera de lo que debería ser el radicalismo de Catamarca. En ese sentido no puede haber unidad posible. Creer eso sería legitimar desde la estupidez o el alineamiento absurdo los negocios espurios y a espaldas no solo del radicalismo, sino de la ciudadanía.

¿Hay que creer en la unidad? Sí, pero está claro que no todo se une. ¿Se puede unir lo diverso, lo diferente? Claro que sí. Lo contrario sería tener una mirada maniquea y hasta autoritaria de la política. Pero está claro que existe lo discordante entre quienes pretenden conservar el actual estado de cosas dañando moralmente al radicalismo y quienes pretenden modificarla.

Por último, y seguro que no concluye todo el análisis, la palabra conspiración resulta grande al lado del término renovación. La siento más cercana a la palabra transformación.

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