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Colombia, en vilo por un tenso paro nacional y una megamarcha

La diversidad colombiana se expresa en estos momentos de muy distintas formas por todo el país. Las marchas multitudinarias y pacíficas en grandes ciudades son la nota predominante, en paralelo con otro país que rechaza el paro convocado por sindicatos , estudiantes, artistas, organizaciones sociales y partidos de oposición. Pancartas, cánticos y banderas (incluso las wiphalas indígenas) se mezclaban en una expresión tan multicolor como de diversidad ideológica.

Los brotes violentos, muy reducidos, persisten ahora en la zona de Suba en la capital, donde los agentes del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) contuvieron con gases lacrimógenos a quienes pretendían paralizar el tráfico a pedrada limpia. En Cali, la capital del Valle, también se han producido escarceos entre estudiantes y policías. Los disturbios más graves se repiten desde temprano en las cercanías de la Universidad del Valle, con actos vandálicos y proliferación de encapuchados. El transporte de las grandes ciudades es el más afectado, de momento.

Colombia despertó con tanta zozobra como alegría, dispuesta a reivindicar en paz su derecho a la protesta pero con el temor al contagio de las "enfermedades" de países de la región. Lo ocurrido en Chile atemoriza a buena parte del país, pero también se habla del efecto Ecuador, incluso de la influencia de Venezuela en el sector más radical de los protestantes.

El presidente Iván Duque , en el centro de casi todas las miradas, apostó en la víspera porque "podemos tener diferencias y expresarlas pacíficamente. Nuestra invitación es a trabajar juntos y a llevar a Colombia más lejos, unidos como nación". En las primeras horas de este histórico 21-N quiso mantener la "normalidad" gubernamental, sin prestar "atención" a lo que ocurría en las calles, incluso informando al país de su última propuesta para luchar contra la inseguridad.

"¡Uribe, paraco, el pueblo está verraco!", es uno de los lemas favoritos por igual en Bogotá, Medellín o Cúcuta, la capital de una frontera cerrada desde ayer. "Yo estoy aquí para protestar por todo, el salario, la educación, el asesinato de los líderes sociales", explicó a LA NACIÓN la estudiante capitalina Jiselt A., de 24 años, que como la inmensa mayoría apostó por la tranquilidad y la fiesta en su marcha particular hacia la Plaza de Bolívar de la capital. "Pero tengo miedo, y mucho, a que haya violencia", añadió.

La suma de motivos para la protesta es tan amplia que ocuparía media crónica pormenorizarlas. Desde las reformas laborales iniciadas por Duque, que no convencen a sindicatos y trabajadores, hasta la muerte de ocho niños en un bombardeo militar contra guerrilleros. Salario mínimo insuficiente, la calidad de la sanidad o lo que cuesta la educación, son algunos de estos motivos, que cada uno grita o exhibe en las miles de pancartas que jalonan las protestas.

El punto de encuentro de las distintas marchas en la capital se ha fijado en el centro del poder político nacional en la Plaza Simón Bolívar. La estatua del libertador estaba envuelta desde ayer para evitar que sufriera nuevos ataques, como en otras manifestaciones con finales violentos en los últimos meses. Muchos pequeños comercios y grandes locales también protegieron sus escaparates y puertas. Un blindaje ante el temor de que la furia que invadió a los chilenos también se despliegue en sus calles.

A las 12 de hoy (las 14 en Buenos Aires) la Plaza de Bolívar ya está totalmente llena de manifestantes cuando ni siquiera las marchas más grandes están próximas. Al menos hasta las 3pm no se espera la llegada de las marchas más grandes. (Fuente La Nación)

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