Opinión

Venezuela, el terrorismo de Estado y el Papa Francisco

Por Mordaz (h)

Cuando la izquierda se llena la boca hablando de la derecha y esas estupideces que siguen arengando los ideólogos de la muerte, uno no puede menos que enardecerse. Más cuando se invoca a Trump como un peligro que acecha la continuidad política de Venezuela o se endilga a la oposición de exacerbar la violencia y nada se dice sobre el régimen narco criminal de Nicolás Maduro, que ya se ha convertido en el mayor asesino serial de Sudamérica con sus “colectivos” de la muerte, que están aterrorizando a los indefensos ciudadanos de Venezuela, uno también se subleva. No están en juego las ideologías sino la democracia republicana, las libertades individuales y la vida misma de las personas.

Es una burda mentira hacer esas afirmaciones de la izquierda o de la derecha para justificar la violencia política más atroz que pueda existir, cuando es el propio Estado el que sale a matar ciudadanos indefensos.

En la República Bolivariana de Venezuela hubo un golpe de Estado y  ni  la comunidad política internacional ni el Papa Francisco, ni el ex presidente de Uruguay José “Pepe” Mujica, ni los organismos internacionales  de los derechos humanos, han salido a condenar en forma explícita y contundente tal atropello institucional, salvo la Organización de Estados Americanos (OEA) con su presidente Luis Almagro a la cabeza que sí lo han hecho, lo mismo que el presidente argentino Mauricio Macri.

El gobierno de Nicolás Maduro clausuró nada menos que la Asamblea Nacional, cuerpo legislativo integrado por 167 diputados que hasta su cierre estaba dominado por la oposición. Es decir que con la excusa pueril de la acusación a su presidente Julio Borges de desacato, se tomó  una drástica medida que en cualquier país de Europa y del Mundo hubiera provocado una sangrienta revolución y miles de muertos. Clausurar uno de los tres poderes de una república democrática también es un golpe de Estado y constituye una situación de particular gravedad.

Por el tenor que van tomando los acontecimientos en Venezuela, pronto entrará en un baño de sangre provocado por el gobierno del dictador Maduro, constituyendo la grave situación política en terrorismo de estado, pues con la disolución del Poder Legislativo se pretendió silenciar a los representantes del pueblo y con la utilización de presos y condenados a cadena perpetua, bajo la denominación de “colectivos” han salido a cometer todo tipo de violaciones a los derechos humanos, como matar a los manifestantes de la forma más artera, en la vía pública y a la vista de todos. Es decir que el plan sistemático ha consistido en silenciar al pueblo y luego asesinarlo, utilizando condenados a cadena perpetua a cambio de favores alimentarios a sus familias. Un accionar propio de un ruin como es el dictador Maduro. Directamente evían a estos escuadrones a matar a manifestantes indefensos cuyo único “delito” cometido fuera el de protestar por comida o medicamentos.

El  golpista Nicolás  Maduro, asiduo visitante e interlocutor del Papa Francisco, ha ordenado a sus subalternos retirar a Venezuela de la OEA, algo que no será ni tan sencillo ni tan rápido que se concrete. Y el Sumo Pontífice ha reaccionado tardíamente a reclamar una solución pacifica, porque sabemos que sus inclinaciones políticas se acercan más al populismo que a la democracia republicana. 

En Venezuela opera un terrorismo de Estado que mata impunemente a los ciudadanos indefensos que sólo salen a protestar porque ya no tienen comida ni remedios para seguir viviendo pero tienen la gracia que el Pontifice rece por ellos y sus familias.

En tanto José Mujica, ex presidente uruguayo, socialista, comunista y tupamaro se llena la boca hablando y mostrando su “pobreza” pero nunca se le escucho pedir perdón por esas siete personas que asesinó por razones políticas en la época del plomo y sólo porque pensaban distinto. Para que quede claro, Pepe Mujica apoya al régimen de Nicolás Maduro y pone a Trump en el centro de la escena, cuando el mandatario norteamericano todavía no ha tomado cartas en el asunto, pues con Corea del Norte tiene cuestiones más urgentes que resolver.  Por más que el ex presidente de Uruguay se empeñe en mostrar al mundo que vive en un rancho de adobe, Mujica no tiene autoridad moral para cuestionar a la oposición venezolana como autora del desastre humanitario que viven millones de personas en la hermana república.

Y al Papa Francisco le cabe una enorme responsabilidad política y diplomática, pues con el argumento de evitar un baño de sangre no ha hecho otra cosa que justificar lo injustificable que es permitir el avance del terrorismo de estado sobre la población indefensa. La gestión del Vaticano ha sido un fracaso. Hace tiempo que los principales dirigentes de la oposición cuestionan la lentitud para reclamar que tiene el Papa Francisco sobre las autoridades de Venezuela ha quien han recibido en visita de Estado, aun cuando se sabe en que en Venezuela existe un régimen que tiene casi doscientos presos políticos.

El Papa Francisco reza por los familiares de la victimas. Está bien que rece, esa es su verdadera misión en la tierra. Y como el mismo Vaticano lo reconoce, su plan ha fallado, pues el domingo en la Plaza San Pedro, se dijo ante 150.000 fieles, con respecto a la violencia en Venezuela  “… el llamado se da luego de que reconociera que la primera etapa de la intervención vaticana en el país sudamericano “no resultó”, aunque aseguró que “se está hablando” de una nueva oportunidad para la diplomacia de la Santa Sede.” Al respecto el sacerdote venezolano José Palmar le dijo al Sumo Pontífice “Si el Papa Francisco nos pide dialogar con el narcorégimen de Maduro, perdone santo padre pero entonces me declaro en rebeldía clerical". Es bien sabido que con las tiranías no se dialoga. El Papa Francisco y el cuerpo diplomático del Vaticano osaron dialogar con la tiranía y así les fue.

 

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