Opinión

Sindicatos: entre la obsolescencia y la transparencia

Por Enrique Blasco Garma  (*) 

La sorpresa por la marcha del sábado primero de abril y las repercusiones del paro general del 6 de abril se explican por el desarrollo de las comunicaciones y de la democracia. Una grabación, un video, son considerablemente más informativas y objetivas que las palabras de cualquiera. Las redes sociales e Internet comunican sin costo y en forma personalizada, incorporando infinitas iniciativas individuales independientes, tejiendo canales de información con diferentes grados de confiabilidad. En ese ambiente, la democracia va consagrando visiones compartidas, que valorizan leyes y normas. Fundamentalmente, la igualdad de las personas ante las normas y situaciones. El ideal de la transparencia. Esta cuantiosa interacción de comunicaciones personales más informativas tiene una consecuencia inescapable: pulsión a mayor transparencia en todas las relaciones. En consecuencia, las organizaciones sociales, partidos políticos, sindicatos, empresas, el estado, familias, y otras deberán adecuarse a las condiciones que van emergiendo o resignarse a perder adhesiones. Los sindicatos argentinos están fuertemente incentivados a reestructurarse.

Los sindicatos todavía no incorporan suficiente transparencia. Y los funcionarios del estado tampoco. Un ejemplo contundente. La distinta incidencia de las huelgas docentes, en las escuelas públicas y privadas. Millones de alumnos pierden demasiadas horas de enseñanza, en los establecimientos de educación pública. Esto demuestra muy diferente eficiencia en las respectivas administraciones. Mientras las escuelas privadas se arreglaron para continuar con las clases, las estatales sufrieron huelgas prolongadas de docentes, dejando gran parte de los alumnos sin aprender, en Argentina. El conflicto docente, en escuelas estatales, repitiéndose todos los años, aburre por ausencia de iniciativas para superar el conflicto. Ni los funcionarios ni los maestros demuestran aprender del conflicto. Y privan a los chicos de la prometida enseñanza, necesaria para integrarse a la sociedad y mercado laboral. No sólo eso, los costos por alumno recibido son sustancialmente mayores en las escuelas públicas que en las privadas, para igual prestación. Claramente, mayor costo del servicio y menor prestación revelan menor eficiencia, otra forma de falta de transparencia.

De la misma manera, los empleados estatales en los servicios públicos disfrutan condiciones laborales mucho más generosas que en servicios privados similares.

Por otro lado, la huelga general para inducir cambios en el gobierno, en una sociedad que funcione democráticamente, es un oxímoron, una contradicción en sí misma. Los gobiernos se eligen en elecciones políticas que dan mandato a los políticos elegidos a decidir su programa de gobierno. Una huelga general, con el objetivo de forzar un cambio de orientación, pareciera cuestionar el orden político. De ahí la reacción contraria de la gente.

(*) Consejo Académico, Libertad y Progreso

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