Opinión

El cumpleaños de Don Corleone

Por Omar López Mato (*)

Luisito cumplió años y los celebró como debía, vestido de Don Corleone.

No es una metáfora, ni una ironía, menos aún una figura elegida al azar, porque realmente, la foto de Marlon Brando personificando al capo mafia fue elegida por Luís Barrionuevo para presidir el salón donde celebró sus 75 años de vida.

El pasado 15 de marzo el gastronómico invitó a sus compañeros y amigos a celebrar su onomástico con sushi, champagne y cotillón mafioso, en definitiva, el gremialismo que supimos conseguir: mezquino, corporativista… Y rico, muy rico como para concederse estas veleidades.

Todos los que asistieron al fausto evento debieron vestirse con algún elemento que evocase los actos gansteriles de esta película que, por lo visto, marcó un norte en la vida de este dirigente gremial. Curiosa paradoja, en sus años de existencia, Luisito jamás sirvió una mesa (más bien, es de los que se hacen servir) y hoy ofrece banquetes a sus colegas de luchas sindicales, evocando esos años de puñetazos, cadenas, bombos y algún que otro disparo.

No es para menos, fue de esta forma que le ganó a Ramón Elorza la sede de la Unión de Empleados Gastronómicos, allá en el lejano 1975, cuando hacía sus palotes (en el doble sentido, porque se valía de palos para imponerse) en la conducción del gremio.

Filósofo cultor de un cinismo de compadrito, no se vale de elucubraciones elípticas. Cuando sus fuerzas de choque funebreras arrollaron a los cerveceros de Ubaldini, Luisito dijo sin sonrojarse frente a las cámaras: “no estamos eligiendo al Papa, así que alguna trompada hubo”.

Barrionuevo usó la misma sinceridad cuasi brutal cuando explicó aquel aforismo “que nadie se hace rico trabajando”. Con cara de piedra, reconoció las comisiones que recibía por derivar asuntos gremiales a distintos estudios de abogados “en forma legal”… bueno, quizás entrar en disquisiciones entre la ética y la legalidad sea mucho para este personaje, pero debemos suponer que no siempre fueron estas derivaciones “legales”, ya que Luisito tiene dos causas (¿solo dos? Qué país generoso) por enriquecimiento ilícito, fruto de sus trabajos para el PAMI estando en sociedad con el Coty Nosiglia. Entonces fueron acusados por la interventora Graciela Rosso “de ser dueños de prestadoras de salud” donde se derivaban todos los pacientes de la obra social de jubilados (Un clásico que se sigue repitiendo ¿Quiénes recibieron las cápitas de IOMA y PAMI en los tiempos de Cristina?).

Lusito fue señalado por años como el dueño de la salud en Argentina.

Quizás por estos servicios (¿de salud?) Barrionuevo tenga algún tipo de fijación con los féretros, ya que presidió el club Chacarita Juniors, valiéndose de sus barras bravas para resolver conflictos sindicales, y también acompañó a su amigo Herminio Iglesias en la quema del célebre ataúd.

Este rechazo a los convencionalismos sociales y la moral admitida llegó a su climax cuando apadrinó la candidatura de Carlos Menem y para aliviar el agobio económico que heredó junto a la hiperinflación (con la que “¿algunos?” habían incendiado los últimos días del gobierno de Alfonsín), Barrionuevo promovió entre sus compañeros de lucha peronistas “que no roben por dos años para sacar al país adelante”. Gran frase, gran verdad, pero como los compañeros son incorregibles, siguieron afanando por dos, por cuatro, por diez y por veinte años…

Esta declamatoria que pondría rojo de envidia a Antístenes –creador de la escuela cínica- no carece de defensores, entre ellos su propia esposa, la diputada Graciela Caamaño, quien no ha hesitado en propinarle una sonora cachetada al diputado Kunkel (que bien merecida la tenía por otras razones). La causa de este exabrupto fue que el diputado/guerrillero puso en duda la “ética” de Barrionuevo (en este ispa el muerto se ríe del degollado), quien podrá ser acusado de muchas cosas, incluida sus inclinaciones anti democráticas. No debemos olvidar que durante las elecciones del 2003, quemó (otra vez “quemar” ¿será también piromaníaco?) las urnas en las que no estaban los votos que le correspondían. En otro país esto le hubiese costado la senaduría, pero la generosidad y amplitud de miras del peronismo permite tales indulgencias.

A este árbitro histórico de la política nacional parecen haberle llegado los Idus de marzo, no solo por el cumpleaños mafioso (¿una especie de despedida?) sino porque el sólido poder acumulado en la férrea conducción de los sindicatos se está agotando. No pudo mantener en paz a las bases, ya que no responden a la ortodoxia de años atrás y Luisito, con cuatro décadas de conducción, ya no está en condiciones de trenzarse a cachiporrazos, porque teme llevarse la peor parte.

Los zurditos y los jóvenes camporistas le han torcido el brazo y el 6 de abril se resignó a que sus huestes hayan ido a un paro general. Si en los ’90 necesitábamos dos años para reponernos ¿cuántos necesitamos para aflorar después de la hecatombe K? Sin desearlo Luisito le están haciendo el juego a Cristina (¡hasta él la califica de chorra!), y de esta forma le da la oportunidad de incendiar la calle para que no vaya presa.

Quizás Barrionuevo ya sabe que tanto él como los demás gordos tienen los días contados.

Los zurditos les están copando los gremios. Quizás sepa que el tema del enriquecimiento ilícito en el fondo sea verdad y los sabuesos le husmean los talones. Barrionuevo podrá ser muchas cosas, pero no es tonto, huele el viento y la lluvia, aunque en lugar de irse por la puerta grande, después de tantas trompadas propinadas, se va esgrimiendo un cinismo inconducente.

Algunos pensaron que Barrionuevo podría asistir a un gobierno no peronista a reconstruir la nación; podría haber revolucionado a los gremios ayudando a que, por una vez en el país, un sindicato cree empleos en lugar de destruirlos con su queja plañidera y sus huelgas que poco tienen de original.

Luisito podría haber hablado de productividad, podría haber mejorado la calidad del empleo, podría haber hecho muchas cosas, pero prefirió revolcarse en el mismo barro. Ahora se excusa y responde con soberbia. ¿Además de cínico se está convirtiendo en hipócrita?

Barrionuevo, a usted le gusta creer que es Don Corleone, y quizás se parezca, aunque su vida, con tanta furia y tanto ruido, solo terminó siendo una historia contada como una ridícula ironía en un país que hizo muchas concesiones a tipos que poco le han devuelto.

¡Feliz cumpleaños compañero!

A la larga todos vamos a la Chacarita.

(*) Médico y escritor  

Su último libro es Ciencias y mitos en la Alemania de Hitler 

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