Salud

Los dentistas y su salud mental

Por Miguel Ángel Ignacio Cubero

Hace un par de años, la publicación Mental Health Daily daba a conocer las profesiones con mayor tasa de suicidio y, contrariamente a lo que podría pensarse, las tasas más elevadas corresponden a los profesionales de la salud. Los profesionales de la odontología ocupan el segundo puesto.

La vida profesional de los dentistas se encuentra sometida a muchos estresores que los hacen más propensos al desarrollo de trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, así como a las patologías médicas que estos conllevan.

Aunque es verdad que, tal y como comento en casi todos mis artículos, es necesario que se den varios factores para el desarrollo de un trastorno psicológico; en este caso, los factores contextuales y psicológicos son los predominantes, por encima de la vulnerabilidad biológica que pueda tener la persona.

El estrés en el contexto

Estudiar una carrera universitaria no es barato pero, en el caso de la Odontología, se convierte en un lujo por el coste de los materiales que necesitan los estudiantes. Ello supone una presión para estos que, además, se ve sometido a la presión de una carrera exigente, con muchas horas de prácticas y de estudio y de continuos cambios.

Una vez superada la carrera, llegan las especializaciones. Los cursos de postgrado alcanzan precios muy altos, por lo que aumentan sus horas de trabajo, en detrimento de su vida familiar, social, de pareja u ocio. No llegan a desconectar del trabajo porque, además, suelen hacerlos los fines de semana.

Los nuevos modelos de clínicas dentales, que abaratan costes a costa del salario de los profesionales o de los materiales que usan, han llevado a que su poder adquisitivo se reduzca. Es otra de las razones por las que aumentan sus horas de trabajo y dedicación.

También hay que tener en cuenta que es una profesión en continuo cambio y movimiento, igual que el resto de profesiones que se relacionan con la salud. Ello obliga a los dentistas a estar actualizándose constantemente, asumiendo los gastos de cursos, materiales, viajes,…

Y, dentro de este contexto, también está el hecho de que se enfrentan al trato con los clientes-pacientes y todo lo que ello conlleva: conflictos, exigencias, problemas con los pagos de los tratamientos, tratamientos que fracasan,…

En resumen, el contexto en el que se mueven es exigente tanto en horas de dedicación como en horas dedicadas a formarse o actualizarse; exigente en cuanto a demanda económica (formación, materiales, colegiación,… Todo es caro); exigente en cuanto a la relación con los pacientes; exigente en las metas u objetivos que tienen que cumplir.

La psicología: falta de herramientas

Dentro de este contexto, van a ser más vulnerables aquellos profesionales que no dispongan de las herramientas necesarias para hacer frente al estrés laboral, el trabajo en equipo y la relación con los pacientes.

Son muchos los profesionales que “se llevan el paciente a casa” – no literalmente, por supuesto – y que siguen dándole vueltas a los tratamientos cuando ya han salido del trabajo. Estas personas no llegan a desconectar de su profesión, colaborando en ello el hecho de que amigos, familiares y conocidos acuden a ellos con sus dudas a cualquier hora y cualquier día.

Algo que caracteriza a los dentistas es su perfeccionismo en el trabajo. Así, el excesivo celo para realizar los trabajos correctamente y evitar problemas aumenta la presión que ejercen sobre ellos mismos.

La falta de habilidades sociales para relacionarse con compañeros de trabajo y con los propios pacientes va a convertirse también en un estresor.

Juntando todos estos factores lo que nos encontramos es que la vida fuera del trabajo de los odontólogos es casi inexistente y, teniendo en cuenta que usan un lenguaje que se escapa al ser humano normal (repleto de tecnicismos) (entiéndase la ironía), una comunicación con la familia o la pareja que les sirva de vía de escape o desahogo de lo que ocurre en el trabajo se hace complicada. Ello ayuda a que se “traguen” sus problemas y no busquen ayuda cuando están saturados.

Pero, quizás, todavía no entiendas del todo cómo pueden llegar a desarrollar psicopatologías. Para ello, piensa que son personas y que lo que importa no es el dinero que ganen, que tengan trabajo o que tengan “de todo”; lo que importa es cómo evalúan la situación por la que están pasando.

Para los odontólogos y odontólogas…

Si sientes que la situación te supera, te notas triste, irascible, con cambios de humor,… unos sencillos consejos:

Reduce tus horas de trabajo, porque nada es tan importante como tu bienestar y tu salud y porque la jornada laboral es de 8 horas diarias.

Realiza ejercicio, come sano, descansa y organiza tus horas de ocio.

Si este año no puedes hacer el curso, piensa que el año que viene volverán a convocarlo.

Sé consciente de que sabes lo que haces, tienes el control y, si algo sale mal, tienes las herramientas para solucionarlo.

Deja de ser dentista cuando te quites tu ropa de trabajo. Evita que te molesten con preguntas, dudas, etc… Tú pones los límites.

Busca ayuda y aprende las herramientas para relacionarte de forma efectiva con tu trabajo, tus compañeros y con los pacientes.

Para los pacientes…

Cuando vayas al dentista, recuerda:

Son personas que están ahí porque se han formado. Saben lo que hacen e intentarán ayudarte en todo lo que esté en sus manos.

Tu salud bucodental es responsabilidad tuya. Si cuidas bien tu boca, evitarás tener que ir al dentista. Ellos no son los culpables de que tu tratamiento sea caro.

Todo dentista lleva más tiempo siendo persona que odontólogo. Cuida tus palabras, trátalos con respeto y respeta su profesión.

El dinero que ganan (o dejan de ganar) no es de tu incumbencia. Para estar ahí han pagado una carrera, postgrados universitarios, cursos, materiales, colegiación, seguros,… Lo que ganen, es merecido.

Y, si acudes al dentista un 9 de febrero, felicítalo, porque es el día de Santa Apolonia, patrona de los dentistas y su día.

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