Opinión

Tres días antes

Por Jorge Knoblovits (Especial para La UNION) 

Tres días antes

Algunos episodios de la vida se re significan solo con la historia. El tiempo determina conductas, y  que las circunstancias transitadas solo como episodios aislados,  terminen ingresando a la historia.

Tres días antes de la muerte de Alberto Nisman, en mi condición de Secretario General de la DAIA fui citado con otros directivos comunitarios a una reunión con el Fiscal en la tarde posterior a la presentación de la denuncia, hoy reabierta por la Cámara de Casación. No era mi primera reunión con Alberto ya que por mi cargo y en nuestra condición de querellantes en la Causa AMIA debía mantener reuniones periódicas con la Fiscalía Especial.

Ya escribí en artículos anteriores que los apasionados no se suicidan. Los apasionados no mueren por cuenta propia sino por decisión ajena.  Alberto Nisman era un apasionado. Un apasionado por su tarea y un apasionado por su familia. No hubo una sola reunión en la que no dedicáramos un espacio para hablar de sus hijas y de mis hijos. De proyectos, de viajes, de colegios,  del futuro.  La investigación de la causa era sin duda su norte. Era consciente de su responsabilidad y se había sentido acompañado y cobijado por el Gobierno de Nestor Kirchner y hasta cierto momento (Asamblea Gral. de Naciones Unidas  del año 2011) por el Gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner. Sin embargo, ese entusiasmo, ese norte, se iría transformando desde el anunciado inconstitucional acuerdo con Irán, en un fantasma que provoco desazón, sospechas y la muerte.

Frente a aquellos que sostienen que el Fiscal se excedió en sus potestades o que bien, buscó protagonismo, es dable responder que una Fiscalía esta creada para investigar y que en el marco de una investigación se producen eventos que ameritan o bien cambiar el curso y la dirección de la misma o ampliarla para así poder entender el proceso completo. Una investigación no es una foto, la foto es la sentencia, una investigación es un proceso dinámico, incierto, con consecuencias imprevisibles. Hoy, 22 años después, se encuentra en juicio oral una investigación de la investigación del atentado a la AMIA/DAIA, el proceso de supuesto encubrimiento. Por ello es que las investigaciones mutan con el paso del tiempo, pero no solo por su transcurso, sino por lo que en ello sucede.  Es decir que, necesariamente y saludablemente, a medida que se investigan los hechos, se articulan con los anteriores y asi consecutivamente.

Alberto Nisman tuvo la oportunidad de hacerlo. En su condición de Fiscal Especial, debía hacerlo. El pacto con Irán provocaba ineludiblemente un paréntesis o una sentencia de muerte a la investigación que la misma Fiscalía perseguía.  La tarea de Alberto Nisman era ya lo suficientemente ardua como para dispensar recursos en este nuevo hecho que significo un pacto que tenía poco de certeza jurídica pero mucho de especulación política. En ese ejercicio y por ese ejercicio murió Alberto Nisman.  Si fue suicidio o asesinato es una pregunta pertinente? No lo es.  Los entusiastas no se suicidan.  Tres días antes de su muerte encontré un ser humano tremendamente entusiasmado, no caótica ni maniacamente entusiasmado. El entusiasmo se lo transmitía su equipo, ese que formo durante tantos años y que trabajaban de manera coordinada, profesional y paciente.

Como puede suicidarse un padre enamorado, un jurista entusiasmado y un hombre apasionado? Esos hombres no se retiran, honran a la vida. Por la memoria de Alberto.

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