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Bashar al-Assad admitió que podría renunciar a la presidencia de Siria

En marzo de 2017, se cumplen seis años del comienzo de la guerra en Siria, en la que rebeldes se enfrentan al gobierno por un cambio gubernamental y de la que también forma parte el grupo extremista Estado Islámico.

Durante este periodo, los números del conflicto bélico golpearon al mundo entero: son más de cien mil los muertos y más de cuatro millones los desplazados.

En este contexto, ayer el presidente sirio, Bashar al-Assad, aseguró que está preparado para "negociar todo" en las conversaciones que deben comenzar a finales de este mes en Kazajistán.

En declaraciones a la prensa francesa desde el palacio presidencial en Damasco, Assad defendió la letal campaña de bombardeos de sus tropas en el este de Aleppo, alegando que la alternativa habría sido dejar a los civiles de la ciudad a merced de "terroristas", término con el que su gobierno describe a quienes se oponen a su mandato.

Assad cuestionó la credibilidad de los grupos opositores sirios respaldados por Occidente y Arabia Saudí, que constituyen la mayoría de la oposición armada y política a su gobierno.

"No hay límite para las negociaciones", dijo en comentarios publicados por medios estatales sirios y así dejó entrever que una de las posibilidades implica su renuncia. "Pero todavía no sabemos quién va a estar del lado. La viabilidad de la conferencia depende de eso".

Anteriores conversaciones de paz para Siria se estancaron en torno al futuro de Assad y si él debe mantenerse en la presidencia. La oposición insiste en su dimisión como condición previa a cualquier reforma. Según Assad, el asunto solo podría resolverse a través de un referéndum constitucional.

"Mi posición está vinculada a la Constitución", apuntó en referencia a su cargo. "Si quieren discutir este punto, tienen que discutir la Constitución. Se necesita un referéndum para cada enmienda constitucional. Este es uno de los puntos que podrían tratarse en la reunión' de Kazajistán.

Está previsto que las conversaciones comiencen en la capital kazaja, Astana, el 23 de enero. Sin embargo, todavía están en duda dado que los grupos de la oposición aún no confirmaron su asistencia.

El diálogo llega tras un acercamiento entre Rusia, aliado clave de Assad, y Turquía  principal patrocinador de la oposición, que culminó con un acuerdo de alto el fuego que entró en vigor el 30 de diciembre, pero que ya empezó a erosionarse.

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