Opinión

El síndrome peronista

Por Omar López Mato  (*)

El peronismo es un síndrome caracterizado por la rigidez marmolea del rostro, una desmemoria que los lleva a frecuentes y múltiples contradicciones, alianzas impensadas y afirmaciones temerarias.

Este síndrome tiene además una variable cognitiva ligada a una fragilidad nmésica de tal envergadura que suelen olvidar que no son dueños de la verdad, ni del país. Aquellos que padecen el síndrome peronista (también llamado piruchista) carecen de pensamientos elípticos, ni de elucubraciones sobre procesos indirectos. Son proclives a dar lo que no tienen. Gastan y gastan, y cuando se les acaba la plata siguen “redistribuyendo”. Es así como nos condujeron a la inflación y al empobrecimiento del pueblo que dicen defender, llenando al país de pobres. El piruchismo es tan inflacionario que a los conductores de una de sus ramas los llaman “los gordos”.

El síndrome piruchista les impide pensar a largo plazo, solo apuntan a la próxima elección. La evocación de tiempos pasados, especialmente si se trata de Isabelita o Cristina, se pierde en la tiniebla de los tiempos. ¿Acaso eran peronistas? preguntan con cara de horror, que prontamente se metamorfosea en una sonrisa sardónica.

El síndrome peronista, hace estragos entre aquellos que lo padecen, especialmente si han sido funcionarios. Cual maníacos, brindan explicaciones desordenadas, argumentos ad hominem, apelan a conspiraciones foráneas además de recurrir a frases del General y slogan setentistas de triste recuerdo (cinco por uno, la justicia de arriba… y cosas por el estilo). Los políticos piruchos tienen una verborragia con fuga de ideas que terminan induciendo una fuga de capitales entre sus connacionales.

Distribuyen bienes de los que no son dueños con perseverancia suicida, aunque siempre se las ingenian para dejar la carga al que sigue, especialmente si es un partido opositor.

El síndrome es de alta contagiosidad, la última víctima registrada es el ex ministro Kicillof, quien sin sonrojarse, se convirtió en el vocero de la propuesta de modificación del impuesto a las ganancias, que él no cambió durante su gestión (Ni los gobiernos peronistas lo hicieron desde el 2001). Lo del Kici es muy grave, bolche y piruchista… incurable.

No debe asombrar la unión entre piruchos K, massistas y sindicalistas: es parte del síndrome. Llegó el tiempo de dejar “en bolas y a los gritos” al opositor (como decía el general San Martín), después de crear un déficit de 15 puntos del PBI. Debido a este cuadro clínico los pudimos ver a Recalde y Lavagna – Kici y Camaño todos juntos para la foto y a ninguno se le movió un músculo de su rostro pétreo. ¡Un típico síndrome pirucho!

Otro que lo padece desde hace años en sus variables clínicas de menemismo, duhaldismo, nestorismo y cristinismo es el diputado Massa, un caso gravísimo que parecía haberse curado, pero ahora tiene una recaída feroz que hace temer por su integridad intelectual (integridad moral nunca tuvo).

Como para un pirucho no hay nada mejor que otro pirucho, podrán pelearse, insultarse y acusarse mutuamente, pero cuando llega el momento de poner palos en la rueda al opositor (más si está en el gobierno) todos se unen en dulce montón.

A ningún partido político le gusta aumentar impuestos y servicios, ni despedir empleados, pero con la atroz administración K (claro caso de piruchismo in extremis), no deja muchas posibilidades de maniobras. Nos dejaron un país como el que Menem le dejó a De la Rúa, igual o peor… ¿Y ahora reclaman? A los piruchos les encanta jugar con fuego.

La propuesta votada para modificar los impuestos, además de demagógica y suicida, espanta las inversiones, la única forma de resucitar a este país… pero los piruchos se dejan llevar por este síndrome perverso que los corroe y exaltados al recordar las estrofas de la marcha “combatiendo al capital”.

Como el escorpión de la fábula, los peronistas no pueden con su genio, aunque se hundan y todos nos hundamos en el proceso.

Hoy fueron frenados por los gobernadores que entraron en razones por “la presión de la chequera” ¿Hay otra forma de hacer entrar en razones a un políticos? Lo cierto es que los piruchos no van a parar. Quieren más y más. No se cansan de alborotar las calles, de sembrar discordias, de arrojar piedras y ocultar la mano y después hacerse los amiguitos, para clavar puñales por la espalda.

Como tienen terror de que a otro partido le vaya bien y cumplido el trabajo sucio de devaluar, y recaudar en un blanqueo exitoso (vale recordar que hubo dos blanqueos en el gobierno de Cristina y no se recaudó más que la quinta parte de lo que se lleva acumulado y promete ser record en el mundo). Como parte del síndrome que los aqueja, los peronistas no pueden ver pasar tanta guita pública sin posar sus pezuñas diabólicas sobre el crematístico. Ahora aumentan la presión, agitan las banderas populistas y se presentan como los salvadores del pueblo y la patria que hundieron con sus patrañas. Ellos piensan que escrúpulos es una lejana isla griega…

Estos piruchos cantan exaltados “todos unidos joderemos”. Y están dispuestos a joder a todo el mundo, obsesionados como están de recuperar el poder que se les escurre entre las manos. Eso los vuelve locos y así prometen cualquier cosa con tal de aferrarse al poder. Enfermedad grave y mortal, la epidemia puede expandirse y dar por el piso con lo poco que queda del país.

 

(*) Médico y escritor   

Su último libro es IATROS Historias de médicos, charlatanes y algunos tipos con ingenio

omarlopezmato@gmail.com   

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