Opinión

Hay que abrirle los ojos a la gente, no sacárselos

Por Carlos Berro Madero 

Algunos economistas del peronismo han comenzado a arrancarle los ojos al programa económico, pronosticando toda suerte de desgracias “si el gobierno continúa por este camino” (sic), sin saber si esto será así indefectiblemente hasta el fin, o es parte de una gradualidad aceptada por Cambiemos públicamente (¿a disgusto?) ante la difícil y grave emergencia heredada, sumada –por qué no decirlo-, a una cierta inexperiencia política en el arte de gobernar transiciones.

Al mismo tiempo, los opositores parecen deleitarse mezclando futurismo profético con semejanzas de un pasado cruel al cual nadie en su sano juicio pretende retornar.

Por supuesto, como es habitual en el seno del movimiento multifacético y retórico creado por Perón, sus maliciosas prevenciones insinúan que los programas económicos de Cambiemos no van al fondo de problemas que ellos mismos debieran saber (y lo saben seguramente), no tienen fácil solución por el momento. E, “in totum”, quizá por muchos años más.

En efecto, al igual que está ocurriendo en muchas otras partes del planeta, nadie parece estar logrando desarrollar y distribuir los medios de producción de bienes acorde con una explosión demográfica imparable que sigue arrojando una enorme cantidad de “pasta humana” a la calle, como señalaba Ortega.

En la situación actual de nuestro país, hay que elegir entre lograr un paulatino aumento de las inversiones productivas o tomar créditos mientras aquello no esté ocurriendo, habida cuenta que el nivel de impuestos es altísimo (de hecho, uno de los más elevados de América Latina) . Mientras tanto, habría que aplicar dichos créditos para reformar al sector público improductivo y quizá dejar flotar el tipo de cambio libremente, aunque los precios se dispararan en un primer momento.

La recesión sería en ese sentido un buen dique de contención.

Todo esto nos recuerda las fatídicas predicciones sobre la  atracción del sexo y la consiguiente reproducción de la raza humana descripta por Malthus en el siglo XVIII, que ha comenzado a cobrar vida en la realidad explosiva de nuestros días.

Creemos que al respecto habría que repasar con detenimiento y sin prejuicios “An Essay of Population”.

De nada han servido las opiniones de los detractores de Malthus acerca de que tarde o temprano ocurriría una transición de la explosión demográfica incontenible observada por dicho autor, hacia un crecimiento “logístico” de la natalidad. Esto no ha tenido lugar sino solo en algunos países desarrollados. En el resto del mundo, la especie humana se sigue reproduciendo como hormigas; sobre todo, en aquellas sociedades donde el nivel cultural es muy precario y casi nadie tiene la capacidad para comprender las consecuencias colaterales no deseadas de este fenómeno.

Como consecuencia, hay quienes no pueden esperar mucho tiempo más porque no comen más que una vez al día. Y a veces, ni siquiera eso.

Todos sabemos –los críticos del gobierno actual también-, que el capital es cobarde por naturaleza y no decide invertir de la noche a la mañana porque le digan que “a partir de ahora todo estará bien”: espera siempre a que este pronóstico se cumpla. Para eso, hace falta ofrecer seguridad jurídica y virtudes republicanas sólidas, dos cuestiones ausentes hasta hoy en nuestro país, escenario que amplificó el kirchnerismo con sus aires imperiales de “refundación de una democracia popular” (sic).

¿Macri y su equipo fueron ingenuos y encontraron una realidad horrorosa que superó a lo esperado? Sí, por cierto, pero ¿quién hubiera supuesto la magnitud casi estratosférica de las mentiras, la corruptela y los desfalcos de quienes tuvieron el tupé de instalar -entre otras cosas-, la idea de que la pobreza era del 5% y por ello menor que la de Alemania, mientras saqueaban las cajas del Estado para sostener sus ficciones econométricas?

¿Qué debería hacer pues al respecto Cambiemos y no ha hecho aún con la firmeza necesaria? Sencillamente sentar a todas las fuerzas vivas a una mesa y relatarles la realidad de lo que encontraron con pelos y señales.

El no haberlo hecho, ha contribuido a que continúen “escondidas” aún muchas malandanzas de De Vido, Kicillof, Recalde, Scioli, Aníbal Fernández, Guillermo Moreno y compañía. Y que haya quienes piensen (con el bolsillo), que no era tan malo el kirchnerismo a pesar de todo.

Mientras tanto, siguen lloviendo los cascotes provenientes de quienes parecen reorganizase para conducir al gobierno a una derrota política y social. Es la transfiguración camaleónica de un peronismo que contó con la presencia en cargos públicos de Piganelli, Lavagna, Massa, Alberto Fernández, Felipe Solá, Diego Bossio y Pichetto (entre otros) quienes manifiestan (¿cínicamente?) hoy que están contribuyendo a garantizar la gobernabilidad.

Son ellos quienes montaron una gigantesca fábrica de pobres que  solo entienden que no les alcanza lo que ganan para vivir decentemente y lo que menos desean es oír que marchamos a un colapso, como acaba de asegurar Lavagna usando términos totalmente inadecuados.

Por nuestra parte, no estamos convencidos de que Macri y su gente sean el único futuro posible, pero sí creemos que pueden encaminar al país por la buena senda y convertirse en un instrumento apto para el despertar cultural de la sociedad.

Oyen las críticas de la oposición, dialogan con ella e intentan “despegarnos” de una realidad verdaderamente frustrante sin creerse dueños de la verdad. Y, sobre todo, no le arrancan los ojos a nadie.

Lo que se comprueba diariamente es que respiramos -al fin-, un aire de indudable distensión. ¿O alguien ha olvidado ya cuando debíamos aguardar con qué nuevos dislates iba a sacudirnos la “abogada exitosa” mediante sus puestas en escena televisadas casi diariamente?

Les proponemos pues a los iluminados detractores del gobierno, que tengan cierta dignidad; y parodiando una vez más al Rey Emérito Juan Carlos de España, les decimos: “¿por qué no se callan?”

Al menos por un tiempo.

Carlos Berro Madero

carlosberro24@gmail.com

Notiar

 

Parlantes
YPF