Opinión

¿Miedo a Trump? Parte I

Por Horacio Cassé (Especial para LA UNION)

“Tener miedo a… ¿seguir teniendo miedo?

Es una tragedia demasiado habitual, casi una forma de vida.

Mirando hacia adentro, el miedo polivalente está acechando allí.

En todo caso, Realidad Virtual (nuestros miedos) nunca es Realidad, sino Ficción.

Pero, de todos modos,el miedo obnubila, y ésta es una de sus facetas trágicas.

Por miedo a Trump, se cayeron las bolsas del mundo, se devalúan divisas contra el dólar, se alistan refugios antiaéreos en desuso, se activan preparativos para enfrentar desastres de magnitud, y hasta se planifica emigrar hacia alguna isla remota, etc.

Más allá de una reacción político-económica de resguardo, el triunfo de Trump ha desatado una pandemia global de esquizo-paranoia.

Cabe preguntarse: ¿Por qué temerle a Trump?

Para comenzar, Trump es un fanfarrón muy astuto que, ni bien pise el Salón Oval, no va a hacer nada de lo que dijo en campaña, ni va a intentarlo siquiera, ni las Comisiones del Senado de los EE UU se lo van a permitir.

Punto.

Paradójicamente, era más valido temerle a Hillary, pues ésta candidata simbolizaba la continuidad del neoliberalismo que tiene postrados a 3.000 millones de seres en el mundo, y a 130 millones de norteamericanos lastimosamente “perdedores” en la arena del brutal sistema estadounidense (quienes, obviamente, votaron por Trump).

En primer lugar, se trató de una elección doméstica, y, por ende, el resultado refleja el estado delos parámetros socio económicos internos de los EE UU.

Ni el latinoamericano -tampoco el europeo, menos aún los asiáticos-  comprenden cabalmente que los EE UU son resabio de una colonización Puritana (desde 1620) por lo que,  ancestralmente, EE UU se rige por “valores” de un Calvinismo a ultranza, es decir, un sectarismo visceral blindado con “Tolerancia Cero”.

En tal contexto, no puede sorprender que lo que aquí llamamos “voto castigo” allí acontezca en forma salvaje, súbita, y contra todo pronóstico, tal cual acaba de ocurrir.

En segundo lugar, la administración Obama jamás quiso imponer castigo ejemplar a los artífices de la crisis bancaria/bursátil/hipotecaria que, estallando en el 2008, despojó a veinte millones de norteamericanos de sus hogares, e hizo caer a la mitad a los valores bursátiles de ahorro y/o inversión. Tampoco instó merma alguna en el descomunal gasto militar.

Ambos flagelos llevaron la Deuda Pública de los EE UU al insólito zénit de 17 trillones de U$S. Nada para celebrar, menos aún ejemplo de gestión que pudiese atraer seguidores.

Pues sí, el miedo comanda, y, según vemos, resultó superior el miedo a “más de lo mismo” que el miedo a Trump, aun exhibiéndose como Terminator:violento, desafiante, racista, ególatra, misógino, etc.

En tercer lugar, en la elección del 8 de Noviembre pasado aconteció un fenómeno inesperado: el candidato Trump tenía fuerte rechazo de la mayoría de los conspicuos de su propio partido. Vale decir, ganó un extrapartidario sin experiencia política alguna.

Los analistas políticos rotulan la postura de Trump como “populismo de derecha”, mera simplificación de conveniencia pues, previo a la elección, tal caracterización no existía.

Lo que ocurrió en EE UU es algo muy similar a lo que hoy acontece en Argentina: el hartazgo del ciudadano ante la retórica insustancial de sus representantes políticos: un amplio clamor por res non verba (“hechos, no palabras”) donde -para el caso de la reciente elección en los EE UU- el éxito empresarial de Trump edificando una colosal fortuna con su imperio inmobiliario jugó un rol decisivo: “sabe hacer”, es expeditivo, es un “ganador”.

En síntesis, Trump supo seducir al ciudadano desencantado, y contra toda predicción, ese Tsunami de “voto castigo” le hizo ganar la presidencia.

Paradójicamente, al ultra-derechista Trump no lo votaron los ricos (que apoyaban a Hillary Clinton), sino más bien individuos de las clases media y baja, y hasta gran proporción de hispanos y afroamericanos, que Trump proclama despreciar.

¿Por qué tanto desconcierto?

¿Cómo se explica que un empresario agresivo pueda tan fácilmente capturar por sí mismo la presidencia de EE UU, lidiando por igual contra Demócratas,contraRepublicanos, y contra casi todos los medios de comunicación, y contra la CEE?

La explicación no es esotérica, sino muy sencilla, elemental:

Ante cualquier crisis, el subyacente Puritan Spirit norteamericano aflora con firmeza, y nada -ni nadie- puede resistir su embate. Trump supo capitalizarlo y ganó.

Más aún: de haber Trump atacado con mayor fiereza a la endeblez del gobierno de Obama, y de haber tenido (y no lo tuvo) un apoyo masivo del partido Republicano a su candidatura, Trump bien podría haberse alzado con el 70% el voto popular.

Ocurre que, más que endeble, el Partido Demócrata casi no tiene cabida dentro de la idiosincrasia de los EE UU. En ese país, el ala moderada del Partido Republicano refleja con alguna exactitud el sentimiento Puritano, vale decir, es intrínsecamente “popular”, mientras que su “ala dura” (el Tea Party, y el KKK, claros exponentes nazi-fascistas) representan la médula del añejo Puritan Spirit que abriga el Establishment norteamericano.

En términos políticos, la esencia de los EE UU es la ultra-derecha puritana, expresada políticamente en el partido Republicano impostando “moderación”. En suma, la ultra-derecha básica y primordial se disfraza inteligentemente de centro-derecha para no asustar, pero su esencia es indeleble, y su perpetuación está garantizada por la Política Educativa federal…

 

 

 

Por Horacio Cassé

(Especial para LA UNION)

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