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Visita guiada: qué pasó en el séptimo episodio de Juego de Tronos

Recapitulamos brevemente qué pasó en el séptimo capítulo de la sexta temporada de Juego de tronos. Alerta de spoilers.

Atención: alerta de spoilers. Cuidado, spoilers. Es decir: para los que no vieron el séptimo episodio de la sexta temporada de Juego de Tronos que se estrenó este domingo por HBO, este texto analiza lo que pasó en el capítulo y para eso cuenta información clave. Si no lo vieron todavía, entonces no lean lo que sigue. Y si lo leen, sepan que quien avisa no traiciona.

 

El capítulo más turístico en la historia de la serie: no sólo por el recorrido didáctico a lo largo de Poniente, descubriendo paisajes, blasones y castillos: hubo en la dirección de fotografía un preciosismo de postal, gran sentimentalismo para encuadrar y componer planos generales idílicos, perfectos para usar como fondos de pantalla. También para darle a la narración otra cadencia, una más reposada, contemplativa; la paz antes de la tormenta.

 

Pocas pulgas

El arranque fue atípico: nos trasladaron a la cordillera en donde el Perro quedó moribundo, allá por el desenlace de la cuarta temporada. Esta vez hay sol, pradera y violín optimista.

 

Una comunidad vegana sacada de las Altas Cumbres construye un altar para la Fe Militante, o al menos eso se da a entender, porque del capataz cuelga un medallón con la estrella de las siete puntas, y predica sobre la voluntad de los Dioses como una versión de bajo presupuesto del Gorrión Supremo.

 

Entre estos veganos, descubrimos al Perro con sus cicatrices de Freddy Krueger. Corte y títulos: recurso desconcertante en Juego de Tronos.

 

A lo largo del episodio nos iremos enterando de que Sandor "el Perro" Clegane fue encontrado por este representante de la Fe Militante casi muerto, “rodeado de moscas”, y que lo reclutó como mano de obra barata.

 

Por hartazgo, despecho o inercia, el Perro se queda hachando troncos en piloto automático, un TOC que le salvará la vida cuando un grupo de hombres masacre a la comunidad vegana.

 

El personaje está lejos de cerrar su ciclo. Ante el regadero de cadáveres, recarga su odio y vuelve al ruedo.

 

Los diplomáticos

Fuera de la subtrama del Perro, navegamos aguas diplomáticas: la Reina Margaery le sigue peligrosamente el juego al Gorrión Supremo; Sansa Stark, Jon Snow y Sir Davos andan de casa en casa mendigando ejércitos; Jaime Lannister trata de llegar a un acuerdo con alguien que se venía mencionando: el Pez Negro. Este personaje se proyecta como uno de esos cínicos que bendicen la serie, a imagen y semejanza de Olenna esgrimiendo ante Cercei diálogos llenos de ingenio y desprecio.

 

Antes de la llegada de Jaime a Aguasdulces para tener un mano a mano con el Pez Negro, los hermanos Frey asedian el castillo, brindando una masterclass de patetismo con un rehén insignificante que los guionistas insisten en mantener vivo. Los Freys son un linaje digno de extinción, al igual que los Grevjoys, esos hermanitos fugitivos que pretenden llegar a Meereen y establecer un pacto con Daenerys Targaryen. Quizás lo logren, considerando que tienen barcos y eso es lo único que le falta a la Madre de los Dragones para cruzar a Poniente y desatar un desastre.

 

Destapados y ausentes

Asha Grevjoy despertaba sospechas con su masculinidad, pero en este episodio sale del closet y blanquea su lesbianismo muy fogosa con otra señorita en un burdel. Mientras la hermana mayor se divierte, Theon gesticula como si estuviese en una película de Woody Allen. Pare de sufrir, Theon, ya estamos en condiciones de perdonarle todos sus pecados.

 

La gloria del capítulo llega con la introducción de Lady Mormont, una nena psicótica de diez años heredera de la Casa del Oso. Este personaje es un hallazgo: una alquimia de carisma, comedia y surrealismo. A diferencia de otros niños en la serie, Lady Mormont se empecina en comportarse como adulto, con protocolos, códigos y una grandilocuencia extrema. Sus aportes en la cruzada de Jon y Sansa para recuperar Invernalia son de apenas sesenta y dos hombres, “aunque de los más valientes”, asegura Lady Mormont.

 

De quien no tuvimos noticias fue de Brandon y su leproso Tío Benjen, tampoco de Khaleesi. Ya hace dos capítulos que saltean a Tyrion Lannister, gobernando Meereen con ayuda de Varys.

 

La omisión más intrigante es la de Ramsay Bolton y su prisionero Rickon Stark, guardados para una aparición explosiva. Porque Ramsay sale a escena sólo para asestar golpes bajos. No olvidemos que en esta temporada dejó que sus perros se coman a un bebé recién nacido, que encima era su hermano. Todo indica que le están reservando mucho protagonismo para los últimos episodios.

A quien extrañamos es a Melisandre, la sacerdotisa milf que sin su collar tiene mil años. Más que extrañarla, la necesitamos, porque Arya Stark se nos va al mundo de las tinieblas.

 

Se viene el estallido

Para Arya, salir de Braavos no será fácil. La gringa de corte carré se camufla como viejita amable y le incrusta un cuchillo en el estómago. Y se lo hunde. Y se lo retuerce. Y el panorama es desalentador: Arya se desangra ante la indiferencia de una multitud callejera.

 

Es obvio que si pretende volver a Desembarco del Rey, primero deberá resolver sus asuntos con la secta del Dios de los Muchos Rostros.

 

"The Broken Man", como se tituló el episodio en alusión al Perro, funcionó para acumular explosivos y dejar la mecha encendida. Realizó esta tarea de transición llevaderamente, con virtud fotográfica, actuaciones sobrias, diálogos que no revelaron demasiado pero que fueron atractivos, y algo que suele omitirse: la música de Ramin Djawadi, complejizando leitmotivs y creando otros nuevos. La banda sonora de Juego de Tronos está volando cada vez más alto.

 

Curiosidad

En la secuencia de títulos, el tablero muestra por primera vez Aguasdulces. Siempre es interesante notar qué sutiles modificaciones realizan sobre la animación según lo que suceda en el capítulo o el territorio que se incorpore a la trama. Cuando los Bolton tomaron Invernalia, por ejemplo, le sumaron a las paredes del castillo manchas de sangre y una máquina de tortura.

 

Fuente: La Voz del Interior

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