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Game of Thrones: a sangre y fuego

Las batalla por Westeros comienza a perfilarse: la Madre de Dragones parece haber tomado las riendas de su destino, mientras un reencuentro largamente demorado le da esperanzas al Norte; el sexto capítulo de la serie tuvo escenas para el recuerdo. (ATENCIÓN, HAY SPOILERS)

Es fácil olvidar, entre tantos datos que deben retenerse para disfrutar las muchas vueltas que tiene esta sexta temporada de Game of Thrones, que el lema de la Casa Targaryen es "Fuego y sangre". Y eso es precisamente lo que entregó anoche su heredera, Daenerys Targaryen (Emilia Clarke), en el cuarto capítulo de este año, uno que entregó no una sino dos escenas -la otra es un reencuentro en el helado Norte que buena parte de los fanáticos ya desistían de creer posible- verdaderamente para el recuerdo (NO SIGA LEYENDO SI NO VIO "THE BOOK OF THE STRANGER").

 

Hay capítulos de Game of Thrones en los que sus 60 minutos de duración parecen ser tan escasos que las cinco o seis líneas narrativas que se desarrollan allí apenas alcanzan para una frase altisonante o un reacomodamiento estratégico en el gran tablero de ajedrez que es Westeros. Todos quedan disconformes. Y hay otros capítulos -como este cuarto episodio- que en esa hora encuentra el equilibrio perfecto entre revelación y desarrollo, entre conflicto e introspección, entre momentos privados y confrontaciones públicas y, por el camino, entrega imágenes memorables, esas que a emitirse ya tienen lugar asegurado a la hora de recordar el año televisivo. Empecemos entonces por el fuego.

 

La serie ya había entregado en la resurrección de Jon Snow una escena muy esperada, cuya previsibilidad se había resuelto haciendo esperar al público hasta que estuviera a punto de convencerse de que finalmente no ocurriría. En el caso de la Madre de Dragones, la situación era parecida: empantanada en el gobierno de Mereen, su lucha contra los esclavistas y los ataques de los Hijos de la Arpía, Daenerys parecía estar atrapada en una red de intrigas y malas decisiones que, al menos en los libros, la pusieron peligrosamente al borde de perder la razón (la propensión a la megalomanía, junto con el pelo blanco y la capacidad de montar dragones son algunas de los rasgos más habituales de los Targaryen, según Canción de hielo y fuego). Tanto en las novelas como en la serie, el rescate en el último minuto de Drogon funciona como espada de Damocles, que corta de cuajo con sus ataduras y la deposita de regreso en donde comenzó su sueño de gobernar Westeros: con los dothraki.

 

Esperando al Mesías

Y es difícil superar la imagen de Daenerys convertida nuevamente en la Khaleesi gracias a su "superpoder" ignífugo (otra diferencia con las novelas, que aún no han llegado a este tramo de la historia), rodeada de llamas que no la tocan, mientras cientos de miles de dothraki -el ejército que necesitaba para cruzar el mar- se arrodillan ante ella, que ha incendiado el templo de Vaes Dothrak con todos los líderes dentro. Recupera así el poder que tenía en ese pueblo tras ese otro fuego, el de la pira funeraria de Khal Drogo la que salió incólume y con tres dragones abrazados a ella. Sus consejeros Jorah Mormont y Daario Naharis, que se imaginaban sus salvadores en sus conversaciones previas, quedan tan atónitos como el público ante la escena: son dos suplicantes más entre la horda.

 

Es difícil tras este episodio no pensar que la joven Targaryen es el princesa prometida de la profecía que todos repiten allí, por más que Melisandre siga convencida que tal Mesías se esconde en la figura resucitada de Jon Snow -"¿No es que era Stannis?", le recuerda sus errores Davos Seaworth-. El momento de comprobar sus visiones está cada vez más cerca. En una reunión que se espera desde hace cinco temporadas -desde que los Stark partieron a Desembarco del Rey con su padre y Snow viajó a cumplir su destino en el Muro- Jon y Sansa se abrazan en el Castillo Negro y, tras la negativa de su ¿hermano?, la heredera del Norte termina convenciéndolo de que deben recuperar su hogar a punta de espada.

 

Es cierto que una odiosa misiva de Ramsay Bolton ayuda a hacerlo cambiar de opinión ("Vení a ver", repite, tras describirle los horrores que le esperan a todos sus seres queridos, incluyendo al menor de la familia, Rickon, preso en los calabozos de Winterfell). Es de esperar que los 2000 hombres de Más Allá del Muro y un par de gigantes que comanda Tormund Giantsbane (sus ojos de carnero degollado en dirección a Brienne de Tarth fueron un éxito entre los memes de ayer) recibirá una ayuda de Littlefinger que -obsesionado con Sansa como alguna vez lo estuvo con su madre Catelyn- marchará con los ejércitos de su hijastro hacia Winterfell.

 

Mientras tanto, en el oeste, Theon Greyjoy vuelve a casa en Pyke decidido a purgar sus innumerables crímenes y traiciones convirtiendo a su hermana en la primera reina de las Islas de Hierro. Si lo logra, los Stark pueden tener un aliado en ellos. Más difícil es imaginar qué podría pasar si su tío Euron se hace cargo del trono tras el concilio (Victarion, el otro tío de temer, el que en los libros viaja hacia Mereen con un misterioso Cuerno Dragón, aún no ha aparecido en la serie, o acaso este Euron televisivo sea una mezcla de los dos).

 

Ramsay Bolton los espera a todos haciendo lo que mejor sabe: matando indefensos. En este caso, la pobre Osha (Natalia Tena, también conocida por su Tonks en Harry Potter). Pero, si el avance del próximo capítulo es índice de algo, pronto tendrá que abandonar sus perversos hobbies y ponerse a trabajar como Guardián del Norte. El invierno ha llegado.

 

 

 

Fuente: La Nación

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