Cultura

“Leguisamo solo”

Modesto Papávero era el encargado de musicalizar  una obra de carácter turfístico, que se daría en el “Bataclán”, cuya primera figura era Tita Merello. Decidió ir al hipódromo para inspirarse. Y de allí surgió “¡Leguisamo solo!” ¿Cómo llegó el tema a manos de Carlos Gardel, entonces?

¿Por qué también actuaba allí Roberto Fugazot?, a quien acompañaba José María Aguilar, el guitarrista que sobreviviría a la tragedia de Medellín. Gardel ya tenía las valijas listas para embarcarse en el Principessa Maffalda, que lo llevaría a Barcelona. Y antes de que partiera hacia el viejo mundo, Aguilar le llevó ese tango a Carlos, gran amigo de Legui. ¡Leguisamo solo! es un tango que podría suponerse escrito para Gardel y estrenado por Gardel, pero fue escrito para Tita Merello y estrenado por ella. Conviene aclarar, empero para evitar confusiones y suspicacias, que cuando Modesto Papávero escribió ¡Leguisamo solo!, Gardel ya tenía 35 años y doña Ana Laura Merello no debía de tener 25. La Merello actuaba entonces en el “Bataclán”, un teatro psicalíptico de la calle 25 de Mayo. La orquesta del teatro era dirigida por un músico piamontés de la provincia de Alessandría, llamado Modesto Papávero. Era muy joven  todavía. Todos eran muy jóvenes en aquel tiempo. Tenía 26 años. El mismo hubo de contar, más tarde, la historia de este tango. Se representaba en el “Bataclán”, una revista que carácter turfístico y el empresario quiso agregar un cuadro para que luciera doña Tita. Encargó entonces a Papávero, quien proveía la música del espectáculo, que se fuera a Palermo a inspirarse allí.

Papávero nunca había pisado un hipódromo, pero ya que estaba, se jugó unos boletitos, tres y dos, a un caballo llamado Rebenque, cuya monta era el jinete uruguayo Irineo Leguisamo. Ganó. Papávero recordó que pagó 9,30 al ganador, lo que no era poco. Pero lo que lo impresionó al piamontés fue el grito “¡Leguisamo solo!” Que atronaba el hipódromo.

Esto ocurrió el 15 de junio de 1925. La misma noche, la Merello estrenó el tango. Papávero no conoció a Leguisamo sino muchos años más tarde, en 1954. El periodista Federico Vistalli promovió el encuentro.

“La primera vez que escuché su tango -dijo el jockey al piamontés- lloré como un niño”. No era para menos, en 1925 Irineo Leguisamo estaba al comienzo de su carrera - y nunca la palabra carrera tiene un sentido más amplio y más preciso que en este caso-. Había debutado en Buenos Aires, tres años antes, el 15 de agosto de 1922, y lo había hecho perdido. Es claro que desde 1923 encabezaba la estadística de los jockeys victoriosos, y que la encabezó durante catorce años consecutivos, hasta 1936, pero en 1925 era todavía una promesa. El tango de Modesto Papávero le anticipaba la gloria que hoy lo abruma. Gardel grabó “¡Leguisamo solo!” en España, en 1926. Y le agregó una estrofa que debía: “Pero cuando corra Lunático, viejo 18,70 por barba, armado todo el mundo, y no va más”. El debut de Lunático -el caballo de Gardel, montado por Leguisamo, se había producido con una derrota, el 26 de abril de 1925, antes de que Tita Merello estrenara “¡Leguisamo solo!”. Después ganó y perdió, como todo caballo normalmente mediocre.

Si Gardel no lo hubiera cantado, si Gardel no hubiera sido tan amigo de Leguisamo, el tango “¡Leguisamo solo!” habría pasado al olvido. Lo salvó la amistad, esa entrañable amistad que se ha convertido en una de las leyendas de Buenos Aires. Amistad legendaria, tan así que llegó a escribirse y publicarse en el Uruguay un libro donde se afirma que Leguisamo es hijo de Gardel. Tal vez la amistad hecha de laconismos, de frases aisladas como mojones del silencio, de consejos recíprocos prontamente olvidados, de muchas admiraciones intercambiadas. Vaya uno a saber qué tenían que decirse Gardel y Leguisamo. De lo que no hay duda es que se trató de una amistad nutrida de admiraciones. Admiración y cariño trascienden la interpretación que Gardel hizo del tanguito del piamontés Modesto Papávero.

          

    Mario Alonso

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