Panorama Provincial

¿Por qué grita la gente?

Por Juan Carlos Andrada  (*)

La gente soporta, aguanta, resiste, traga saliva y sigue, hasta que un día no puede más.  Son situaciones límites que se gestan por años pero que un día explotan por el hartazgo o porque no te dejan alternativa. Cuando no hay para pan, la cosa es grave.

Las autoridades insisten que hay una operación política detrás de todo esto. Dudo que sea así. Hay que ser más sencillos con el análisis. A la gente no le alcanza la plata y las manifestaciones vienen de ahí. No permitamos que el árbol nos tape el bosque.

Quien no sepa cuánto cuesta un paquete de azúcar o cuánto subió el pan en este último año, no entiende del problema ni la motivación que lleva a la sociedad a salir a la calle o a manifestarse con niveles de violencia, cuyo único mensaje es un grito de auxilio a los gobiernos.

 

Marcha de la bronca

Muchos coinciden en que las movilizaciones sociales encuentran su lugar en un país donde el costo de vida se incrementa en mayor proporción que los salarios. Como cualquier vecino lo sufre, esta situación de supervivencia -agónica en muchos casos-, produce una identificación inevitable con los que siguen las movilizaciones desde la casa. Pero el enojo es generalizado.   

De manera que no sé si es una crisis política. Es un reclamo por un aumento en los haberes de los trabajadores. Los saqueos son otra cosa, están hechos por delincuentes, no por gente que pasa hambre. Los saqueadores son oportunistas y no es comida precisamente lo que roban.

 

“La inflación, hermano”

Es una cuestión meramente económica y tiene que ver con el costo de vida, pero en el caso de Catamarca tiene asimismo connotaciones de vieja data no resueltas oportunamente, que finalmente impactaron sobre la gestión actual que conduce Lucía Corpacci.

El alto costo de vida para nosotros hace que sintamos que la vida es injusta y que los políticos no encontraron una red para contener a los humildes. Hay que considerar mejor la cuestión redistributiva, al margen de colgarlo en cada discurso de tribuna con la ligereza de los políticos irresponsables.  

 

Premoniciones políticas

Empero, en las cuestiones de forma relacionadas con la violencia empleada para llevar adelante la protesta frente a Casa de Gobierno nadie la comparte, sea de las fuerzas policiales, el sector sanitario u empleados de Obras Públicas (con excepción de los familiares por supuesto).

El problema es que existe una convicción en las personas que reclaman de que conseguirán antes y mejor sus objetivos (un incremento en sus sueldos y un plus de fin de año) con la opción conflictiva. Creen que a mayor virulencia, más rápida será la respuesta oficial.

El FCyS también recibió la queja de la necesidad de mejoras salariales, pero siempre fue menos de lo que los policías se merecían. No es que el incremento solicitado por los agentes es desmedido sino que estaba por demás atrasado.

Luego del estallido armado, la comunidad conoció la realidad salarial de los uniformados, incluyo a los funcionarios del Gobierno y oposición.  A veces se producen acontecimientos que dan lugar a la transición, reformas o cambios radicales. Son premoniciones políticas.  

 

Cómo funciona el sistema

De todas formas, los gobiernos seleccionan las demandas por calidad de mérito, conveniencia, urgencias o simplemente porque está en la agenda pública. Una vez que se evalúa el orden de prioridades la administración a cargo, responde.

El hecho es que esa respuesta vuelve al sistema, a los demandantes que, al recibir la contestación oficial pueden o bien repetir la demanda o forzarla con más violencia que antes o transformarla en apoyo al Gobierno si éste ha encontrado la manera de reaccionar a su favor. 

Las diferentes soluciones pueden convencer o no, sea para reforzar la actitud de la gestión en ejercicio o puede devenir como una fuerte crítica cargada de manifestaciones populares que se expondrán con mayor ímpetu en la misma proporción que la profundidad del malestar social. 

 

Mal que afecta a políticos

Tiene que ver con las sociedades actuales que son más diversificadas, heterogéneas. Los tiempos cambian.  Los candidatos hoy se dan a conocer por las redes sociales y no por la unidad básica o el partido político que aparecen como estructuras obsoletas. Doloroso ¿no?

Hay patrones y modelos que ya no se siguen, por ejemplo las estructuras partidarias que aglutinaban a mucha gente que se sentía representada antes de que los dirigentes y la política cayera en un profundo descrédito. Mal que también afectó a los gremialistas. 

Una cosa es iniciar la movilización y otra es ir a estudiar estrategias para sostener la protesta. Hay que medir comportamientos. Son asuntos que incumben a los que ejercen liderazgos políticos y que hoy ven cuestionada su legitimidad y convocatoria. No sorprende.

Con las nuevas tecnologías significa un cambio rotundo en la forma de hacer y llevar las situaciones, como también el lugar que cada uno ocupa. Vale tanto para una convocatoria a producir saqueos como para contagiar ciudadanía y respeto por los demás. 

 

Lógica histórica

Por una lógica de la historia, a cierta estabilidad largamente conquistada siempre se presentan variaciones o un punto de inflexión que dan cuenta de que se está en un principio de alguna crisis con puntos sensibles que marcan claramente que ha llegado el momento de  hacer cambios para adaptar las políticas vigentes a los tiempos que corren.

No hay que perder de vista el antagonismo de intereses. De cualquier manera, cualquiera sea la situación conflictiva, en términos políticos o sociales, no se puede apelar a la violencia. Está condenada en democracia y no hay manera de justificarla. Los violentos son antidemocráticos.

 

Volver a…

Si el problema es una policía destruida como institución, la instalación de las adicciones en la comunidad y la marginalidad, es fácil entender por qué el sistema ha colapsado y la dificultad que vamos a tener para reconstruirlo.

Tenemos que volver a los principios elementales de equidad, justicia, pensar en los otros, articular deberes y derechos, buscar la convivencia pacífica a través del diálogo, reconocer que los partidos políticos son herramientas y que a muchos nos está faltando tolerancia

Estamos a fin de año. A los catamarqueños les preocupa cómo pasar las fiestas. Ha sido un año duro y la inflación no les ha dado tregua. Si no hablaran tanto -inventando excusas- los políticos tal vez escucharían el clamor del pueblo. Los gritos son justamente porque no están escuchando.

 

Por Juan Carlos Andrada (De la Redacción del Diario LA UNION)

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