Panorama Provincial

Inconfesable

Por Juan Carlos Andrada

El costo de vida es cada vez más alto y el poder adquisitivo que tiene la moneda decae todos los días. No es posible desconocer reclamos salariales lícitos. ¿Cómo se dice que no es viable un aumento de sueldo a los trabajadores, argumentando simplemente que “no hay plata”?

Con una gran cantidad de empleados estatales y una economía deficitaria, depresiva, que no sale a flote si Nación no ayuda y las finanzas en rojo, qué respuesta política darle a la gente que reclama por un justo incremento salarial, más allá de lo que dicen los técnicos del Gobierno.

Sabemos que no es una cuestión de voluntad dar o no un aumento, o plus de fin año. Sin embargo, la realidad social es autoevidente, demuestra a diario la necesidad de salvar de alguna forma al trabajador de la inflación que asfixia los salarios.

 

Sin lógica no hay previsibilidad

Además, si se le ha dado al personal de seguridad, es lógico que también los demás empleados del Estado reclamen el mismo beneficio. Los matices de la profesión u oficio no alcanzan para tapar las necesidades que golpean a casi todos por igual.

El Gobierno sabía que, entregado el aumento a los uniformados, la gente esperaba solo que comenzara la semana para salir a las calles a pedir el mismo beneficio. No haberlo pensado antes del salariazo a los policías, es una irresponsabilidad oficial inconfesable. 

Lo que pasó el viernes y la respuesta favorable a la petición violenta de los agentes dio lugar a que otros grupos reclamaran. Sospechan que, con una fuerte dosis de presión, van a conseguir también un incremento salarial.  Al menos es lo que esperan.

Los grupos o los individuos intervienen en una protesta, porque tienen conocimiento de las reacciones del sector donde va dirigido el reclamo. No actúan en el vacío, tienen una intuición de la devolución oficial que devendrá.  Para los manifestantes este aspecto es casi una certeza.

 

Detrás del reclamo

Hay que responder sí o sí. Que los técnicos trabajen en este aspecto o que ministros y secretarios viajen urgente a pedir fondos a Nación para hacer frente a este problema social. La otra solución es que se bajen el sueldo los funcionarios, y den de baja a los asesores que no cumplen tarea alguna.

Es esperable que la sociedad se rebele si tiene la idea de que hay personas que hacen menos mérito laboral o profesional que el ciudadano de a pie, y que gana tres o cuatro veces más con privilegios desmesurados.

Esa  sensación de injusticia, de inequidad permanente dispara las protestas. En la medida que se percibe esa falta de armonía salarial crece la necesidad de la gente común de manifestarse en las calles, aunque lo haga solo cuando siente que la gota colmó el vaso.

 

Situación por naturaleza crítica

Las protestas son conflictivas, nunca son pacíficas. Son complicadas de controlar. Las movilizaciones serenas no es lo previsible en circuntancias de esta naturaleza. Los trabajadores quieren más, pero como los policías que le pifiaron fiero el viernes, no saben cómo pedir sino a los gritos y las trompadas.

Tratan de obtener una ventaja que el Gobierno en principio se niega a dar. Con ese fin, son capaces de redoblar la apuesta cada vez que sea necesario, y como vimos ayer, el otro problema es que la policía perdió la autoridad para requerir que no pateen ni rompan las puertas de Casa de Gobierno.

 

No es posible frenar este tipo de conflicto

¿Qué estrategia puede utilizar el Gobierno para frenar el reclamo? Ninguna, porque además intentar interrumpir o estancar el pedido de los trabajadores no haría más que agudizar el conflicto y complicar peor el escenario político para la actual administración.

Los trabajadores no se van a ir aunque les digan que no. La diferencia con la protesta anterior (de tipo extorsiva armada) es que aquella era solo de las fuerzas  policiales. La manifestación que se gestó ahora es heterogénea. Hay todo tipo de agrupaciones y sindicatos reclamando. Gracias a Dios sin armas (creo), pero con un sentimiento de revancha inusitado.

 

Extensión de la protesta

Nos acompaña una dinámica conflictual que obedece a una extensión del movimiento. ¿Qué? Lo que la gente llama “efecto dominó”. Todos coinciden en que el caos nació en Córdoba y luego llegó aquí. En este momento, el contagio se trasladó a otros sectores. Imparable en todo el país.

Se extiende, se prolonga en la medida que de alguna forma se prevé una contestación favorable. Hoy, distintos grupos sociales se apropiaron del “levantamiento” policial y, más que intensificar el reclamo, lo resignificaron, confiados en que el Ejecutivo responderá como lo hizo ante la protesta de efectivos.  Ceder al reclamo del incremento salarial.

Empero, si bien todo puede reducirse a que la gente quiere más plata estrictamente porque la necesita, la reflexión es que cada protesta se da en el marco de que los catamarqueños queremos “estar mejor”, concepción que la sociedad forjó con el voto popular que le dio la conducción del gobierno a la alianza PJ-FPV  y representó el regreso del peronismo al poder. 

 

Inconducente

Primero fueron las fuerzas policiales, en este momento tenemos gremios con personería jurídica y seudo gremialistas sin ninguna representatividad, que no se conforman. Sin embargo, hay que recordarles a todos que es una negociación. Debemos llegar a un acuerdo. Tiene que haber cierta flexibilidad en las partes intervinientes.

Finalmente hay cuestiones simbólicas, como entrar a la fuerza a Casa de Gobierno. Es como tomar el poder que en algún punto nosotros mismos delegamos. Una contradicción cívica Agraviar instituciones e investiduras es inconducente. No tiene sentido y es por demás peligroso.

 

Por Juan Carlos Andrada  (De la Redacción del Diario LA UNION)

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