Panorama Provincial

Es preferible la autocrítica

 Por Ariel Brizuela

“... hay un veredicto popular que los que recibieron y reciben mandato, lo deben tomar como una brújula que marca un horizonte. El pueblo de Catamarca, en mayoría -aplastante en la Capital y no mucho menor en el interior- no apoyó por medio de las urnas al oficialismo, y eso no se debe eludir sin el riesgo que implica hacer oídos sordos a los dictámenes del soberano.

El sofisma de manejar cifras -achicándolas o agrandándolas en la memoria según conveniencia- para desvirtuar tan contundente resultado, no conducirá en nada al partido gobernante, ni mucho menos al conjunto social que está esperando un giro de 180 grados en la acción gubernativa.

Es necesaria la autocrítica. La revisión de lo actuado. La corrección de los errores. Salir adelante todos juntos. Si replantean el camino, ni dudarlo, estarán acompañados por el pueblo que no es mera estadística que se usó para disimular o realzar la conducta propia según conveniencia. Un golpe de timón y avance hacia un rumbo de grandeza está haciendo falta. Así lo expresó una gran mayoría en las urnas y esto no es sofisma”.

La cita, por más actual que parezca, corresponde a una editorial de LA UNION del 6 de noviembre de 1995 titulado “Debemos reiterarlo, es preferible la autocrítica”.

Varios días después de las elecciones de aquel año, los dirigentes del Gobierno local seguían viendo únicamente el lado positivo de los resultados de las urnas y atribuyendo al contexto nacional los resultados adversos. El oficialismo, con Ramón Saadi como gobernador, había ganado 5 de las 8 bancas del Senado, pero en las generales por la elección de diputados nacionales había perdido con la Unión Cívica radical-Movimiento Popular Catamarqueño 57.320 a 50.222, consagrando a Genaro Collantes e Ignacio Avalos por la alianza y al General Guillermo Brizuela por la minoría. En San Fernando del Valle, el radicalismo ganó por más de 8 mil votos.

Las similitudes son muchas. Allá en el tiempo había un fenómeno nacional llamado Raúl Alfonsín que peleaba para consolidar la democracia recién ganada a tal punto que se votó bajo estado de sitio.

Pero en el nivel local, el justicialismo gobernaba y en la previa tenía todo para ganar a partir de manejar la estructura del Estado. Sin embargo, abúlico, apático, poco comprometido, “light”,  mordió el polvo de la derrota y abrió un abanico de dudas sobre su continuidad dentro de dos años.

No hay mal que por bien no venga

El golpe de la derrota de Ramón en el ´95 había pegado duro en el peronismo catamarqueño. Entonces, ejerciendo todo su liderazgo y poder de conducción -y seguramente a partir de un concienzudo análisis del mensaje popular-, Vicente Saadi tomó las riendas y mucho antes de ser elegido para ocupar el sillón de Avellaneda y Tula, se cargó el Gobierno al hombro y salió a revertir la cosa.

Desde su cargo de senador nacional, “Don Vicente” recorrió cada pueblo de la provincia  dando señales claras de que se había cambiado el rumbo y que con él en el Ejecutivo las transformaciones se iban a ahondar.

Apuntó al corazón de los trabajadores estatales y jubilados: informatizó todas las dependencias públicas, cambió mobiliarios para mayor comodidad, se aseguró que hubiera insumos, se otorgaron más de 10 mil préstamos de Capresca a condiciones muy favorables, se mejoraron los salarios docentes, se amplió la cobertura de la OSEP, se extendió la licencia por maternidad; se avanzó decididamente con las jubilaciones de amas de casa, se les dio a los pasivos nacionales un plus para equipararlos con los provinciales que cobraban mejor desde la caja del IPPS. Con el impulso de la promoción industrial, miles de puestos de trabajo se crearon en el sector privado que fue acompañado desde el Estado para su definitiva radicación. De ese modo llegaron alrededor de 80 industrias y se generaron casi 4 mil empleos.

Saadi, siendo senador, comenzó con la recordada práctica de visitar las dependencias públicas, oportunidad en la que cara a cara con los empleados y con la gente detectaba las dificultades y las carencias. De ese modo, el equipamiento en Salud se destacó notoriamente: se instaló la primera sala de terapia intensiva del HSJB y del Hospital de Niños, se destinaron más de 40 ambulancias a los centros asistenciales del interior, se normalizó la situación contractual de miles de trabajadores, entre otras medidas.

El interior fue otro eje de la “nueva política” que implementó Saadi padre. Se entregaron tractores a cooperativas productivas, se regularizó la tenencia de la tierra para colonos y productores, se democratizó el uso del agua de riego con la formación de los consorcios que aún hoy administran el vital recurso, se hicieron obras de canalización para su aprovechamiento, entre más acciones que marcaron una época.

Los servicios públicos “para todos” fue otra de las vertientes en las que el gobierno de Saadi hijo aceleró al influjo de su progenitor. De esa forma, se brindó energía eléctrica a barrios íntegros, asentamientos y loteos en todo el territorio, se hicieron obras de infraestructura para conectarse al sistema nacional, se instalaron cientos de transformadores y se duplicó la capacidad de carga en las cabeceras departamentales. En esa época llegó el gas natural y en barrios como Villa Cubas comenzaron con las obras para las conexiones domiciliarias. Y el agua potable fue prioridad para esa gestión llevándola a decenas de localidades alejadas de esta ciudad, con decenas de perforaciones e instalación de cañerías.

Se jerarquizó la secretaría de Ciencia y Técnica que avanzó en todo el interior con sus paneles fotovoltaicos que llevó energía a recónditos pueblos, y desde allí se comenzó a informatizar -además de la administración pública incluida OSCA y DECA- el sistema educativo público y se acompañó lo mismo en el sector privado.

Desde el ministerio de Bienestar Social, que conducía Sebastián Corpacci, el gobierno justicialista ejerció una política de acompañamiento a las instituciones, sin descuidar a los jóvenes y adultos mayores. De ese modo, se hizo un trabajo cercano a las parroquias, a las ONG en la formación de escuelas de oficios y capacitación y se hizo una fuerte apuesta al  “desarrollo humano”.

Seguro, Don Vicente

Con todas estas políticas, Vicente Saadi no tuvo problemas en ser elegido gobernador el 6 de setiembre de 1987 por más de 12 mil votos de ventaja. Revirtió los 7.400 de diferencia en contra y alcanzó los 53.464. Apenas 3 mil sufragios por encima de su propia cosecha de las legislativas de dos años atrás.

¿Qué había pasado? Vicente Saadi enamoró. Le sacó votos independientes a la UCR-MPC que se cayó estrepitosamente, concentró todos los votos peronistas (se volvió a los fuentes y salió a la cancha con el sello histórico del PJ y pos-elección se expulsó a los traidores), logró el acompañamiento de los trabajadores, jubilados, productores, vecinos. Entonces, era lógico que se ganen los 8 senadores en juego y se obtenga mayoría en Diputados, y que José Guido Jalil resulte electo de la siempre adversa Capital al ganar por más de 5 mil votos.

Insistimos, es preferible

El paralelismo trazado no tiene otro objetivo que recordar que en política todo es posible. Que los que hoy ganaron, mañana pueden perder. Que los que cayeron derrotados, la salida del sol puede encontrarlos victoriosos.

La capacidad de aceptar los errores y potenciar las virtudes, especialmente para los que ejercen el poder, puede definir su futuro y el de la provincia. Porque es bueno darse ánimo y ver el vaso medio lleno –como lo hizo el oficialismo en estos días-, pero no se puede dejar de contemplar y admitir la parte vacía.

La inteligencia para leer los resultados, dígase el mensaje de la gente, puede hacer la diferencia.

De ese modo, si el peronismo tiene la virtud de unir esas 120 mil voluntades que acompañaron a las tres vertientes justicialistas el pasado domingo 27, puede marcar un rumbo.

Si no lo hace, se abrirá otro escenario donde la actual oposición –por más techo y carencia de figuras que tenga- puede volver a recobrar fuerzas a partir de su capacidad de captar esos más de 100 millares de comprovincianos que mandaron un claro mensaje cuando eligieron algo distinto al Frente para la Victoria.

Ahora bien, si el promotor del proceso de seducción a esa ciudadanía es el Gobierno, tiene grandes posibilidades de consolidarse como un proyecto viable en el tiempo, pero para ello debe dar un primer paso: hacer autocrítica, que insistimos, siempre es preferible.

Parlantes