Panorama Municipal

¡Vagos, vayan a trabajar!

 Por Ariel Brizuela (*)

La extorsión preelectoral que sufre el Gobierno en estos días es mayúscula. Grupos de mujeres, a instancias de unos jóvenes hombres que siguen desde las adyacencias las viscisitudes de los cortes de calle, tienen a maltraer a las autoridades de la provincia.

Pero ese no es el punto.

Las manifestaciones callejeras que comandan reconocidos punteros barriales, afectan esencialmente a la gente trabajadora, la que se levanta a las 6.00, la que manda a sus hijos a la escuela como corresponde, la que sale al mediodía a las corridas para volver a cocinar y que por la tarde busca changas o algo  para llevar un peso más al hogar.

Los piquetes perjudican a los comerciantes, a los vecinos, a los empleados de los organismos, blanco de los ataques supuestamente "populares", pero que en realidad pertenecen a un minúsculo grupo.

Contrariamente a lo que creen estas jóvenes, fuertes y vigorozas que cargan neumáticos y los arrojan con toda la furia al fuego, al político prácticamente ni lo afecta. Sí joroba y molesta al que nada tiene que ver, y  desprevenido se topa dos para tres con un corte de calle, ya sea vaya a pie, en colectivo o en su propio auto.

En estos días, las piqueteras pre-elecciones arremetieron contra el Centro Administrativo del Poder Ejecutivo. Allí, donde miles de empleados públicos desarrollan sus tareas, se vivieron escenas de virulencia y desprecio por el par.

Porque el hecho de que una persona no tenga trabajo -situación que lamentamos todos- no la habilita a impedir que otro ciudadano que  sí lo posee pueda cumplir.

¿Qué piden? De todo. Lo que venga. El objetivo es recibir: bolsones, planes, cuchetas, colchones.

 

¿Y el castigo?

Mucho se habló que desde el Estado no se iba a permitir más estas extorsiones. Se anunció que iban a ser excluídos de las listas de beneficiarios.

Sin embargo, la medida antipática para cualquier dirigente político no fue tomada y una vez más, como desde principios del 2000, la ciudadanía debe soportar impotente el accionar (a veces cuasi delictivo) de estos grupos organizados para exigir soluciones a como dé lugar. Eso, por supuesto, sin que las fuerzas de seguridad ni siquiera atinen a intentar persuadir a los revoltosos que desistan de su actitud.

Ante eso, parece más que oportuno darle tratamiento y aprobar en forma unánime la iniciativa legislativa del diputado Hugo Argerich para impedir que las protestas sociales, legítimas por cierto, terminen perjudicando a otros ciudadanos. Puntualmente, el legislador propuso que las manifestaciones públicas no incluyan corte de calles que impidan la libre circulación, derecho consagrado por la Constitución Nacional.

No se pretende con la iniciativa cercenar el derecho a huelga ni impedir un reclamo, sino  asegurar que otros catamarqueños puedan desarrollar sus tareas normalmente.

Ya hay antecedentes en este sentido dados por la mismísima Suprema Corte de Justicia de la Nación que entendió que "impedir el tránsito, restringiendo los derechos y libertades de los demás -alegando un reclamo generalizado por tratarse de un paro nacional en el caso analizado-, es contrario a la Constitución, a la moral, a las buenas costumbres y, por supuesto, a la ley que reprime esta conducta”.

Todo corte de ruta entraña un inaceptable acto de violencia y nadie puede arrogarse la propiedad exclusiva de calles, avenidas o rutas, ni mucho menos impedir que los demás puedan transitar por ellas.

 

¿Y el premio?

Nancy tiene un hijo de 8 años. Vive con su madre en la casa paterna y ocupa un cuarto con su pequeño (abandonado por su padre antes de nacer). Está inscripta desde hace más de 10 años en el Instituto Provincial de la Vivienda. Espera infructuosamente desde hace meses la visita de una asistencia social del organismo para que la califiquen y pueda entrar en los listados de viviendas que ejecuta el Gobierno.

No tiene banderías políticas -tal vez por eso fue postergada por el FCyS- y seguramente es una de las más de 9 mil familias que componen el deficitario universo de familias que esperan su casa.

Ella tiene un empleo en la municipalidad de la Capital. No tiene tiempo para andar reclamando, ni prendiéndose fuego, ni quemando gomas, ni insultado funcionarios.

Ella, como miles espera pacientemente. Como corresponde. Sin intentar violentar nada ni saltar ningún orden de mérito. Ella cumple su parte y espera que el Estado haga lo mismo.

Por eso sería más lacerante para las miles de Nancy que andan dando vueltas, que otras mujeres -seguramente con las mismas o mayores necesidades- obtengan el beneficio solamente por pararse a gritar frente a la casa de un funcionario o prender fuego en la calle o impedir que otros ciudanos circulen.

 

Ni más, ni menos

Todos los habitantes de nuestro país tenemos el derecho de expresarnos en libertad, siempre y cuando no vulneremos el antiguo y sabio principio, según el cual nuestro derecho termina exactamente donde comienza el de los demás. Ni más, ni menos.

Por reclamar un derecho propio no pueden vulnerarse los derechos de otras personas que se encuentran en igualdad de condiciones, y que tienen los mismos derechos por el solo hecho de vivir en el mismo país, en la misma provincia. Y esto no solo va para las personas de escasos recursos o socialmente más vulnerables que uno puede entender que no poseer la formación necesaira para comprender esta cuestión de los derechos ajenos, sino también está dirigido a los médicos, a los universitarios, a los docentes que usan este método salvaje para lograr un rédito sectorial.

Quenes aprendieron el rechazo que producen los cortes de ruta a personas que no son arte ni parte, son los ambientalistas antimineros, que ahora dejan pasar y en ese tránsito comparten sus proclamas con los ocasionales transeúntes.

 

Reacción lógica

La esperanza que queda, es que falta muy poco para las elecciones. Tal vez la semana que viene no haya más piquetes urbanos. Mientras tanto, la casa de la Gobernadora seguirá sitiada, el CAPE virtualmente tomado, la municipalidad rodeada. Insisto, no es problema solamente de esta gestión, sino también de todas las anteriores y será de las venideras si no se pone coto a la cosa. Por eso, es más que entendible la reacción del ex gobernador Eduardo Brizuela del Moral cuando saliendo de su casa en vísperas de las elecciones de marzo 2011, y darse con una manifestación de Salud que impedía el paso, les gritó: "¡Vagos, vayan a trabajar!".

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