Sociedad

“Aquel que despertó alguna vez en su vida, no puede dormir nunca más tranquilo”

Licenciado en Sociología, ex docente, y encargado del proyecto “una guitarra para los niños de Chaquiago”, Flores nos cuenta su mirada sobre la educación, en un recorrido por su historia y sus sueños.

En una entrevista con LA UNION,  Aldo Flores, conocido últimamente por un proyecto que llevó a cabo hace poco tiempo en Chaquiago, Andalgalá, en el que buscaba recaudar guitarras para poder dictar un taller dirigido a los niños de la zona, nos cuenta qué fue lo que lo llevó a esta idea, en un recorrido por su historia.

“Yo tengo 282 años, soy de otro universo y caigo acá en la tierra para convivir con los humanoides y me siento acá en el Centro del Universo que es Chaquiago”, empezó bromeando Flores, sentado en el patio de su c

asa, con un libro en las manos.

-¿Por qué el centro del universo?

-Porque el mundo gira alrededor de Chaquiago. Además cada uno de nosotros debería sentir que vive en el centro del universo, porque generalmente nos enseñan que uno gira alrededor de otros lugares, otras cosas, otros nombres, otras personas, y uno tiene que crear su propio universo, para que el mundo gire alrededor de nosotros. Entonces ahí está el punto de determinación de lo que vos podés pensar de la vida. Y a partir de eso, le empezás a encontrar el sentido, empezás a valorar todo lo que tenés y empezás a mostrarle al mundo todo eso.

Aldo nació en Córdoba y pasó parte de su niñez y adolescencia en Catamarca, luego viajó hasta Buenos Aires, donde vivió 30 años y cursó la carrera de Sociología, en la que hoy es Licenciado.

-¿Qué te trajo de vuelta hasta “el centro del universo”?

-Cuando me fui de acá, me fui escapando de ese destino absurdo que tiene la gente de acá, los jóvenes fundamentalmente, que no tienen nada para hacer, más allá de la escuela, donde solamente los normatizan, les dan una postura de obediencia. En aquella época terminé lo que era sexto grado y no tenía posibilidades para seguir estudiando, porque no había escuelas en Chaquiago, y Andalgalá quedaba lejos. No tenía plata para comprarme lo necesario para seguir estudiando y además porque estaba en contra de la educación en ese momento, por lo que había aprendido, por el tiempo que perdía. Si me quedaba por acá iba a tener ese mismo destino que mucha gente de mi edad tiene, los que decidieron quedarse. Y es que falta un lugar para comunicarse con el otro, para estar, para compartir. La gente aquí termina cayendo siempre al boliche, al bar, a donde van a beber, a emborracharse, fumar, y todas esas cosas, porque justamente no existen otras opciones. Yo vi esto de niño y decidí tomar otro camino.

-¿Vos creés que esto es algo que sucede sólo en los pueblos del interior de la provincia o en Catamarca, en general?

En general, en toda la sociedad sucede eso, pero en otros lugares tienen la posibilidad de hacer otras cosas. Yo cuando era chico me daba cuenta de que no era la vida que quería, entonces me fui escapando un poco de ese destino, porque siempre creí que había algo más, y por eso me fui a Buenos Aires, donde terminé de descubrir mi pueblo. En Buenos Aires revaloricé todo lo que acá tenía y a la par de eso, me fui formando allá.

-¿De qué manera creés que esto se puede cambiar?

-Con la educación. No desde las instituciones, como estamos, porque la instituciones se tornaron un centro comercial donde la mayoría de los profesionales que quieren formar al chico (y al final lo deforman) tienen como único objetivo  cobrar un sueldo, y van pensando en eso, en cuánto van a cobrar por mes, en cuántas horas van a invertir y todo eso; entonces esto hace que pierdan visión de lo que realmente  es la educación y de cómo trasmitir el conocimiento. Ni lo saben tampoco, hay muchos profesionales que se reciben y son más analfabetos que una persona que nunca fue a la escuela.  No hay un proyecto educativo, ni regional ni provincial ni nacional, ni nada. Uno para ir a la escuela tiene que tener un proyecto, primero porqué estudiar, para qué quiero buscar el conocimiento. Es resolver el problema que uno tiene individualmente, para luego resolver otros.

-¿Vos ejerciste  la docencia?

-Sí, después de muchos años en Buenos Aires trabajando en muchos lugares, hice muchas cosas, teatro, talleres literarios, etc. Y cuando ya me quería volver, me di cuenta  de que todo lo que había adquirido era muy personal. Claro que todo sirve, pero me di cuenta de que si volvía con todos los oficios que tenía, no los podía implementar acá, de nuevo en mi pueblo, entonces me puse a estudiar. Renegué mucho, por toda esa parte sistemática con la que no concuerdo, pero me entró la necesidad. Terminé el secundario en una escuela para adultos y luego empecé la carrera de Sociología en la universidad.  En Buenos Aires ya tenía la necesidad de volverme para acá y trabajaba en la Secretaría de Derechos Humanos. En ese momento, con mi compañera negociamos un puesto de trabajo  y no vinimos con la posibilidad de hacer valer ese título acá en Chaquiago, porque me decían que la demanda era mucha. Hasta hoy, después de 20 años, nadie sabe para qué diablos sirve la Sociología (risas).

Entonces no tuve la oportunidad de hacer nada, presenté proyectos en cada entrevista, y me preguntaban la afiliación política que tenía o querían afiliarme a alguno, entonces no tuve respuestas ni trabajo para poder contribuir en tantas cosas que quería, como la educación, la cultura, economía, etc. Así que me tuve que dedicar a la docencia. Estuve 14 años ejerciéndola.

-¿Y actualmente qué estás haciendo?

-Después de la escuela me jubilé, me dediqué a la contemplación, pero en la contemplación, después me dolía la espalda de tanto estar en la hamaca paraguaya (risas), entonces me levanté para hacer otra cosa, y los que realmente tienen ganas de vivir, no pueden vivir sin un proyecto, aquel que despertó alguna vez en su vida no se puede dormir nunca más tranquilo. Como cuando era niño y sentía la necesidad de que alguien nos trajera algo para nuestro pueblo, yo me fui en búsqueda de ese algo porque nadie nos traía nada, porque todo el que estudia se prende al sistema y son los legitimadores del sistema, trabajan para el sistema y no para las necesidades reales que tiene su gente, el conocimiento nunca vuelve al pueblo, siempre va para mejorar “la calidad” del poderío del sistema. Por eso, yo renegaba de niño y durante toda la vida, con estudiar. Pero me di cuenta que fuera del sistema, tienen todas las armas para aplastarte, te dicen que sos  vago, que sos un hippie, anarquista y mil cosas más que te condenan. Entonces, a falta de una herramienta, me puse a estudiar y adquirí mi título universitario. Luego volví.

-¿Y cómo surgió lo de las guitarras?

-Como veo que siguen habiendo necesidades, surgió el proyecto de las guitarras, para ver si con la música podemos darles algún sentido de pertenencia a nuestros niños, muchachos, jóvenes que andan ahí, a la deriva. Y tengo la posibilidad porque mucha gente se acercó a ayudarme, muchos amigos estuvieron conmigo. Conseguimos un montón de guitarras, y pronto empezarán los talleres.

-¿Cuáles son tus sueños, Aldo, alguna proyección que tengas a futuro, en la parte social, o por vos mismo?

-Sueño que un día haya justicia verdadera, porque no creo en lo que actualmente es. Somos tan torpes en el mundo, somos malvados e injustos los seres humanos, porque si no, no acataríamos normas ni nada de eso, viviríamos la vida más libre y eso es utópico en este sistema en el cual vivimos. Entonces sueño con que haya igualdad, educación para todos, pero en serio, no esa sacha educación. Sueño con que el objetivo de la política sea el bien común, que es tan bello, y no para el beneficio de unos cuantos y para legitimar este sistema que nos aplasta.

Nuria González

Redacción

Diario LAUNION

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