Edición matutina |
06/09/2010

La soberbia, esa mala “compañera”

Por Ariel Brizuela
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El errático devenir del peronismo en estos últimos 20 años seguramente tiene que ver con virtudes de los rivales políticos, pero también de debe indudablemente a culpas propias, que no asumidas oportunamente, hacen tropezar una y otra, y otra vez con la misma piedra.
Al peronismo doméstico le sobran experiencias, en su mayoría negativas desde los resultados, pero que podrían ser aprovechadas positivamente con una dosis de inteligencia y grandeza.
El movimiento que fundó Juan Domingo Perón se apresta a enfrentar un nuevo desafío electoral el año que viene. Hace dos décadas que perdió el poder y desde entonces ha intentado infructuosamente recuperarlo. Ha probado con diversas fórmulas y casi indefectiblemente cosecha una derrota tras otra. Ha contado elección tras elección los resultados y siempre el mismo: ganador en la sumatoria de las opciones peronistas, pero perdedor en la realidad.
Las peleas inconducentes, estériles, casi patéticas que se repiten cada 2 años han cansado a la gente, al común de la gente, que ante esa imagen de bolsa de gatos que se autoconstruyó –y que el FCyS exacerbó- le quitó la confianza porque no lo ve como una opción creíble. Una importante franja de ciudadanos independientes, a los que por supuesto la política les genera escozor, ven como resultado visible peleas, disputas, acusaciones, agresiones y mal compañerismo. Al espectador independiente –y a los militantes también-, la frase “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista” suena a hueca y sin contenido cuando se la contrasta con la realidad.
Lamentablemente, para el conjunto del peronismo, la imagen que proyecta de cara a la sociedad atenta contra sí mismo. Las expectativas que genera en esa franja del electorado esquiva al peronismo, antes volcada al FCyS y ahora indiferente, son escuálidas a la par de la corriente que se tiene que generar para erigirse en una opción apetecible.
Sin distinción de sectores, referencias internas, liderazgos, nombres o historia, el peronismo cedió ante la demonización que inteligentemente le plantearon desde el oficialismo que gobierna la provincia. Jamás pudo descifrar la clave para salir de esa marquesina nefasta en la que está colocado como principal figura.
Para colmo, las buenas intenciones de muchos de los sectores internos que realmente están visualizando un escenario favorable si se trabaja con voluntad, chocan con los propios compañeros que hacen una lectura errada de la realidad, tanto de la sociedad como de las estrategias a desarrollar.
Los que creen en un nuevo peronismo se dan de bruces contra sus propios compañeros de ruta que de “nuevo” no tienen nada. Al contrario, conservan las mismas mañas y gestos que los hicieron fracasar en estos últimos años.
Muchos de los causantes que una generación de militantes y dirigentes nunca haya podido ver al peronismo ganador, aún creen ser dueños de la verdad. Oscuros personajes aún siguen soñando con volver a ser candidatos, como si no se hubieran cansado de perder una y otra vez, como si los espacios logrados –siempre en minoría- no saciaran su soberbia y todavía siguen vendiendo humo, que asombrosamente muchos compran.
En esta pelea de quién es más peronista, quién reúne más peronismo en cada una de sus “reunioncitas”, se diluyen las expectativas de generar un nuevo tiempo para la provincia.
Cada cual atiende su juego, las anteojeras no permiten mirar al compañero que está al lado. Cada parte-fracción avanza a tontas y ciegas dando la sensación de que no se aprendió nada de los errores ni de los golpes.
Y cuando aparece una luz al final del túnel aparece un grupo-fracción que sólo le interesa el negocio. Perder para ganar, esa ecuación ilógica que muchos viejos conocidos manejan al dedillo y la aplican sistemáticamente cada dos años. Son los que matan y mueren en busca de su re-re-reelección. Son los que lo único que les interesa es su tercer y cuarto mandato y que el peronismo se... aguante.
Pero esos pícaros no actúan solos, tienen una estructura de un sector-fracción que los apoya en las pillerías y solamente les genera interés rapiñar unas cuantas diputaciones, algunas concejalías y unos cuantos cargos políticos en la Legislatura, concejos deliberantes o intendencias para “contener” a su tropa.
Si no hay un rápido viraje en los procederes, si no se modifica el rumbo, si se deja de menospreciar a los compañeros, lamentablemente –insisto- el peronismo catamarqueño podría quedar la noche del 6 de marzo de 2011, sumando los votos de cada fracción y diciéndose como premio consuelo que si iban unidos ganaban. El Frente Cívico y Social, agradecido. La sociedad que quiere tener opciones creíbles, decepcionada.


Por: Redacción launiondigital.com.ar