Edición matutina |
05/09/2010

Hacer política

Por Mario Laplaca
..

Hay palabras o frases que van tomando distintos significados a lo largo de la historia, o según cómo la vaya tomando una comunidad con relación a lo que ésta expresa para ella.
Son las palabras o frases las que van mutando de significado, y es la sociedad la que le da ese significado que muchas veces la aleja de lo que marca fríamente el diccionario o la enseñanza de la escuela.
Quizás la frase más famosa tiene que ver con uno de los momentos más tristes de nuestra historia, donde el “Proceso de Reorganización Nacional” significaba en un principio para quienes la instituyeron el cambio que la sociedad necesitaba, un proceso necesario, pero finalmente la sociedad la convirtió en sinónimo de dictadura.
En definitiva, esa frase para la gente pasó a ser la manera de definir mejor la más sangrienta de las dictaduras, con desaparición y muerte de personas, persecución, robos de bebés, listas negras, etc., etc.
Con “hacer política” lamentablemente ha sucedido lo mismo, pero tienen un dolor particular para una sociedad democrática ya que se ha convertido una palabra, como la política, de un significado vital para el sistema prácticamente en una mala palabra.
Hacer política en otros tiempos tenía que ver con el compromiso militante, con los ideales de cambiar la realidad, con la lucha por la distribución equitativa de las riquezas.
Allí estaban esos políticos como Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen en el radicalismo, a Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón en el peronismo, o Juan B. Justo, Alfredo Palacios, Lisandro de la Torre, entre otros, para resaltar quienes marcaron una manera de hacer la política.
Cuando la política significaba persecución pero también construcción, cuando tenía que ver con los sueños de un país mejor, cuando hacer política era riesgoso y hasta podía costarle la vida a quien lo vivía de una manera sincera y comprometida.
Claro que en esos momentos había, como ahora, quienes querían convertir a la política en una cuestión de un sector o de clase, en algo para los privilegios, pero de esa misma manera surgían estos políticos como anticuerpos para volver al real significado del hacer política.
Lamentablemente en estos últimos tiempos, la política o el hacer política ha ido perdiendo su real significado, y la sociedad le ha dado un resignificado que la convierte en muchas oportunidades, prácticamente en una mala palabra.
La política de la dádiva, del clientelismo, del nombramiento de parientes, amigos y novias, de los negocios sectoriales y particulares, la de conseguir cargos o candidaturas como bolsa de trabajo, ha convertido el hacer política en algo negativo para la comunidad.
De aquella militancia que salía a pintar desinteresadamente para las campañas a esta militancia que no mueve un dedo si no le pagan o tienen un cargo, es el camino que ha recorrido la dirigencia en bastardear una actividad fundamental para el funcionamiento de las instituciones.
De las ganas de participar en centros de estudiantes, grupos juveniles, juventudes de partidos políticos, a la apatía total de la juventud por acercarse a la política como una manera de poder cambiar las cosas que están mal y profundizar las que se hacen bien.
Se perdieron los ideales de un proyecto de país y por ende de provincia, se han dilapidado en la pelea estéril la posibilidad de construir un proyecto para las futuras generaciones.
Hay un desafío que lamentablemente la dirigencia política no asume, que es la de reconstruir la política, la de volver creíble la actividad y militancia política.
Hoy los jóvenes que participan ya tienen los vicios de los grandes. Piensan más en trabajar en política para conseguir el carguito que en la construcción de una sociedad más justa, libre y soberana, como decían en otros tiempos.
Claro que hay una sociedad también poco comprometida y crítica, pero sin actitud de compromiso para el cambio. Una sociedad quejosa que no hace nada para cambiar, que se queda sólo en la crítica banal, pero esperando poder recibir alguna migaja de la política.
Lo hemos dicho en otras columnas, que los políticos no son extraterrestres que llegaron a la sociedad para llevar adelante un macabro plan, sino que son nuestros vecinos y muchas veces nosotros mismos los que formamos parte de esa dirigencia que fue transformando la política en lo que hoy es.
Tampoco es justo poner a todos en la misma bolsa, hay quienes viven la actividad política como un acto de militancia, de compromiso con la comunidad que le toca vivir, que hacen política como una opción de vida.
Pero la resignificación que decimos le da la sociedad a algunas palabras y frases, ha convertido el hacer política en algo más cercano a una actividad de una casta, de algunos pocos, que el compromiso hacia los cambios que reclama una sociedad.
La fue convirtiendo lentamente, prácticamente en una mala palabra o en una palabra híbrida, vacía de contenido, que no sé si es peor todavía.
Entonces, allí está el desafío de recuperar la política para la gente, volver a convertirla en algo común, en algo que dé ganas de participar, de meterse, de saber que es el instrumento para profundizar el sistema democrático y realizar los cambios que hacen falta, pero sobre todo para construir un proyecto de Nación en general y un proyecto de provincia en nuestra particularidad.
Habrá que poner, cada uno, el granito de arena suficiente para recuperar esa mística que significaba hacer política en otros tiempos, y que hoy lamentablemente hemos perdido.
 


Por: Redacción launiondigital.com.ar