Edición matutina |
28/08/2010

La inserción de la mujer en nuestro ciclismo

Por Leo Romero.
TRIUNFADORES. En la gráfica, María Laura Garribia aparece junto a Darío Díaz, exhibiendo con mucho orgullo y satisfacción los trofeos obtenidos en una de las muchas competencias infantiles y juveniles que los tuvieron como principales protagonistas en e

Echando un vistazo al historial del ciclismo de competición en Catamarca, está perfectamente establecido que en la década del ochenta del siglo XX, con el advenimiento de los grupos infanto-juveniles, se produce la inserción de la mujer en la especialidad de las dos ruedas. Un hecho realmente auspicioso, ya que no sólo comienza a generarse un importante movimiento dentro de las filas de la Asociación Catamarqueña de Ciclismo (ACC), con ese exquisito y perfumado valor agregado dentro de sus estamentos institucionales y deportivos, sino que además sirvió para que decenas de pibes se sumen a los grupos formativos, con los consabidos frutos posteriores, puesto que a partir de estos torneos salieron muchos valores que posteriormente se convirtieron en auténticos cracks del pedal.
Entre las chicas que escribieron las primeras páginas del hoy saludable álbum ciclístico femenino, se encontraba María Laura Garribia, quien materializó una muy buena labor entre los doce y diecisiete años de edad, respaldada por su padre, Omar Antonio Garribia, un ex pedalista local que se encargó de entrenarla y guiarla en su carrera deportiva. En el histórico circuito del parque Adán Quiroga, escenario que se transformó en la obligada pista de la disciplina, habida cuenta de que jamás se construyó el ansiado velódromo que todos sus cultores soñaron desde hace muchas décadas, María Laura se erigió en una de las abonadas a la victoria, demostrando sus grandes condiciones y aptitudes. Poco a poco fue creciendo en su nivel de producción en el plano local, sumando conocimiento, oficio y experiencia en esta apasionante expresión deportiva, una de las primeras que se practicaron por estos lados.
Por este motivo, no extrañó a nadie que la ascendente piba Garribia se entremezclara con lo más granado del ciclismo del norte argentino. De esta manera, en el mes de agosto de 1994, hace exactamente dieciséis años, viajó a la vecina ciudad de La Rioja, para participar en el campeonato nacional infanto-juvenil, donde se consagró subcampeona de su categoría, escoltando a la chileciteña Rosa Díaz, escapándosele el triunfo de las manos prácticamente sobre la línea de llegada. Así me lo comentó en una visita que le hiciera a LA UNION, a los dos días de dicha convocatoria, expresando que resultó un verdadero desafío en lo personal, ya que para poder estar en la línea de partida debió realizar enormes esfuerzos en la parte económica, ayudada por toda su familia. También señaló, en esa ocasión, sus deseos de competir en el certamen argentino de ruta, que se realizaba en la provincia de Salta. Al respecto, su padre recuerda que, lamentablemente, no pudieron viajar, no obstante el aporte que siempre recibía de una firma comercial de nuestro medio, para tener lo básico o elemental a la hora de correr.
Dos meses después de su paso por pagos riojanos, Garribia intervino en otro torneo nacional para infantiles y juveniles, desarrollado en la provincia de San Juan, donde fue una de las representantes del club El Auténtico. En esa oportunidad, subió también al podio, obteniendo la tercera ubicación en su grupo, al igual que su comprovinciana Juana Castro, en otra de las categorías juveniles. La nota sobresaliente de ese evento la dio Edgar Castro, quien se alzó con el título de campeón en la clase 1983, mientras que Diego Nieva resultó subcampeón en la clase 1984. Otros chicos catamarqueños anduvieron bastante bien, como Lorena Castro quinta), Carlos Soto (sexto) y Dante Palacios (octavo). Tal cual puede observarse, algunos nombres que con el pasar del tiempo se constituyeron en destacados exponentes en las categorías superiores, al igual que Darío Díaz, un ciclista que es digno representante de nuestra patria chica, tanto en el orden nacional como internacional.
Hoy, a los 31 años de edad, María Laura Garribia es mamá de dos hijos, Gonzalo y Abril Quevedo, y aunque ya se alejó de las rutas y pistas, sigue informada de todo el quehacer de esta querida disciplina “ya que en mi niñez y juventud me dio grandes satisfacciones, permitiéndome conocer muchos lugares del país y cosechar cientos de amigas y amigos, una de las virtudes más excelsas que tiene el deporte”. Por su parte, su padre se ocupó de resaltar los lindos recuerdos que guarda de su paso por el ciclismo local, “en una época donde había exponentes de enorme calidad y capacidad, como Luis “Ñandú” Gordillo, Alejandro Castro, Luis “Cepillo” Valdez, Mario Luna, Mario Navarro, Carlos Silva y Ramón Ovejero, entre otros”. Con relación a la actualidad que vive nuestro pedal, opinó que “como la gran mayoría de los que amamos la especialidad, aspiramos que en un futuro no muy lejano la dirigencia se agrupe en torno a una sola entidad madre, despojándose de mezquinos intereses sectoriales o personales. Creo que se lo merece uno de los deportes más metidos en el alma y en corazón de la gente”.


Por: Redacción launiondigital.com.ar