
“Sin sumisión no hay ley”
Vivimos tiempos donde el cumplimiento de las leyes, la Constitución o las normas son la excepción, tiempos donde se intenta constantemente violar la organización que como sociedad tenemos.Pero no es ir contra lo establecido desde una visión revolucionaria, de un cambio para mejorar, sino la violación de la norma como un estilo de vida, una manera de ver la vida en lo personal, social, cultural y político.
Desde lo pequeño, pasar un semáforo en rojo o cortar una ruta por alguna cuestión justificable hasta malgastar o hacer negocios con los dineros públicos.Escuchando algunas pinceladas que hizo el periodista Carlos Ganancias en Radio Valle Viejo, me sirvió para tomar este tema, que es todo un tema en sí mismo: el cumplimiento de la ley, la igualdad ante la ley.
El colega expresaba sobre un caso que ocupó tapas y tapas de los diarios locales por estos días, que “sin sumisión no hay ley, algo así dijo Fray Mamerto Esquiú, pero vemos cómo intendentes no obedecen lo que marcan las ordenanzas que rigen su función, a concejos deliberantes que hacen presiones políticas, usurpadores avalados por algún político que toman terrenos de particulares, ilustrados que pretenden ser exceptuados, nos movemos sin honor y sin ley”.Y luego agregaba con contundencia: “La ley sólo para los que no tienen fueros, apellidos ilustres ni títulos”, para plantear que estamos en una “ruleta rusa de la igualdad ante la ley que tiene una sola bala… y apunta a la cabeza de nosotros, el común de los mortales”.Remata el pensamiento el periodista que fundamenta este comentario de domingo, afirmando que “ellos se entretienen en el circo del poder”.
Retomando el pensamiento de Fray Mamerto Esquiú, tomemos el sermón patriótico del prócer catamarqueño que decía “Obedeced, señores, sin sumisión no hay ley; sin ley no hay Patria, no hay verdadera libertad, existen sólo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra…”.
Es momento de plantearnos como sociedad justamente la necesidad de retomar el cumplimiento de la ley como una manera de vida, como un estilo de vida, como algo natural y no como la excepción.Las sociedades organizadas funcionan justamente, como plantea Fray Mamerto Esquiú, con la sumisión a las leyes, es la base de la vida de las comunidades maduras.
Podríamos agregar entonces otra de las partes del aquel sermón que tiene una vigencia impresionante para esta Argentina tan necesitada de parámetros para avanzar: “Fuera de la ley nada, dentro de la ley todo”.
Desde, como decía, pasar un semáforo en rojo, estacionar en doble fila, adelantarse en la fila del banco, intentar sobornar al empleado para que apure algún trámite y el empleado que lo acepta, el que pretenden no cumplir las normas, pero que los otros la cumplan. Son las partes de este rompecabezas que vamos armando como sociedad.
Una sociedad egocentrista, egoísta, donde primero está uno, luego uno y no se toma en cuenta el otro, lo que le corresponde, el derecho que tiene y las obligaciones que nosotros tenemos
.Y no sólo la violación individual de la ley o las normas, sino en lo social y lo político.Cortes de rutas donde mi problema es más importante que la libertad de circular del otro, las usurpaciones justificadas por la realidad social, pero promovidas por algún político vivo de turno que busca sacar provecho.Y todavía más profundo cuando se entiende que uno puede manejar la ley, que las normas no alcanzan por tener algún título aniversario, algún apellido medianamente conocido o tener alguna participación o responsabilidad política.
Se convierte esto en toda una paradoja, que quienes tienen el conocimiento de las leyes sean quienes más buscan los atajos para no cumplirlas.Como si la venda que representa la Justicia que nos hace iguales ante ella, mira con ojos bondadosos a quienes tienen poder y es dura con los que no tienen la posibilidad de defenderse.
Recuerdo la frase de un amigo y excelente profesional, el doctor Miguel Rodríguez Villafañe, cuando renunciaba a ser juez Federal de la Ciudad de Córdoba, porque en la década del ‘80 la Cámara Federal de esa provincia se negaba a enjuiciar al asesino y ex titular del Tercer Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez. “Me voy de esta Justicia que es inflexible con los débiles y genuflexa con los poderosos”.Toda una definición para esos tiempos y para los que hoy corren.Pero que nos alcanza a todos de una u otra manera.
Con mayores o menores responsabilidades, pero con la obligación de vivir en una sociedad organizada, donde se deben respetar las reglas de juego que son la Constitución, las leyes y las normas.Y esto nos cabe también como periodistas, y en esto vuelvo a traer a esta columna la figura del hijo de Piedra Blanca, Fray Mamerto Esquiú, quien nos decía a quienes tenemos la misión y responsabilidad de comunicar: “No escribir ni publicar aquello que no se puede sostener como caballero”.Cierro este comentario con esa frase para no mirar para otro lado, y que las críticas no sólo vayan para políticos, funcionarios, sino también para cada uno que forma parte de esta sociedad, incluidos los periodistas.
Sin sumisión no hay ley, la ley no es para algunos sino para todos, no hay quienes pueden vulnerarla por tener título universitario, título nobiliario, ser dirigente social, cultural o político.Por una justicia como obligación, para cumplirla, que nos debe mirar y medir a todos de la misma forma, porque, aunque a algunos no les guste, todos somos iguales ante ella.
Por: Redacción launiondigital.com.ar
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