Edición matutina |
15/08/2010

Había una vez un circo

Por Mario Laplaca
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Esta semana, la política se mezcló con esa hermosa actividad, que es la del circo ,y lamentablemente nuestros políticos volvieron a demostrar que muchas veces toman sus responsabilidades sin la seriedad que deben tener.Y naturalmente no es culpa del circo, sino de quien les dio de comer, ya que los artistas cumplieron con la misión de alegrar el corazón de los niños, y quién no ha disfrutado a lo largo de su vida del espectáculo que brindan los circos, ya sean grandes, medianos o chicos, con o sin animales, pero siempre con esa particularidad de la magia de ir a una gran carpa a disfrutar de la ilusión circense.
Quien ha cumplido más de 40 –como es mi caso- recuerda la letra del gran Miliki, quien decía “había una vez, un circo que alegraba siempre el corazón, lleno de color, un mundo de ilusión, pleno de alegría y emoción”.Pero esta vez, el espectáculo lo dieron otros, con otras responsabilidades, mayores naturalmente, ya que tienen la función de representar al pueblo de la provincia y en algunos casos administrar fondos públicos, que no es poca cosa.No le vamos a pedir seriedad a los payasos, a los magos, equilibristas y domadores, pero sí le vamos a exigir responsabilidad institucional a quienes detentan cargos públicos delegados por el pueblo de la Provincia, a pesar de que ellos piensen que fueron colocados allí por alguna voluntad divina y pueden hacer lo que quieran.
Porque el análisis lineal de la realidad puede plantear que comprar entradas a un circo para repartir entre los niños más necesitados no tiene nada de malo o de ilegal, pero el problema es que se utilicen los fondos públicos para hacer una campaña personal de limpieza de imagen, y que los niños sean utilizados para tal fin.
Allí estaba el presentador del circo el domingo pasado, resaltando las bondades del comprador de las entradas, como un gran político y un gran médico, cuando paradójicamente se debate en la legislatura la manera en que su presidente administra la cámara, y ni hablar de los cuatro pedidos de desafuero que existen frenados por supuestos casos de mala praxis.Pero, continuando con el análisis lineal de la realidad, podemos decir que el presidente no vulneró ningún reglamento interno, y tiene potestad de –mal- gastar los dineros del cuerpo en lo que discrecionalmente crea conveniente.
Y allí está el otro tema, y es que esos fondos, el dinero para las dietas de los legisladores, de los viáticos para viajes muchas veces innecesarios, para nombrar familiares, amigos, punteros políticos, no surge de alguna plantación ubicada en el Valle Central, sino de cada uno de los habitantes que aporta de una u otra manera con el pago de sus impuestos.
Es decir, no es el dinero del circunstancial presidente del cuerpo, sino de todos los habitantes que realizan tareas lícitas, y por ello es de mayor responsabilidad.Lo mismo ocurre con quien tiene la responsabilidad de gobernar una provincia, un municipio, como lo es un ministro o cualquier funcionario que debe manejar fondos públicos de una u otra manera.
Se entiende la tarea política como una casta superior alejada de la comunidad, y no lo que es: un servicio a la comunidad, que le ha delegado la responsabilidad de representarlos según marcan las normas de la democracia.
Pero muchas veces parecen mucho más serios los artistas del circo que quienes deben ser responsables de llevar adelante una tarea legislativa, ejecutiva o judicial. “Circo Beat” Y tomando otra canción, vamos a la famosa de Fito Paez, donde el circo de la política continuó funcionando también en la legislatura, donde esta vez el escenario fue la sesión ordinaria del cuerpo, la que sólo funciona seis meses al año. Donde un incidente particular que debe ser investigado por otro poder del Estado, la Justicia, fue suficiente para que sucedieran cosas que mejor tomarlas con algo de humor para no provocar el enojo de la comunidad.
Más cerca del programa de Jorge Rial, más para el sainete de un teatro barrial, para ver que a nuestra dirigencia le preocupa más embarrar la cancha que buscar las soluciones que urgen a los catamarqueños; los diputados se dedicaron a ventilar cuestiones que plantearon como trascendentes, con el solo fin de sacar un rédito sectorial o hasta personal.
Claro que no se debe dejar de lado la preocupación de la actuación policial, que necesita de urgentes reformas para entender que la autoridad no se ejerce a palos, pero también que los buenos modales en un control no sólo lo tienen que tener quienes lo realizan, sino también los ciudadanos, que ante la ley somos todos iguales, y no hay distinciones por haber sido alguna vez dirigente político o profesional universitario.Justamente porque lo que falta en nuestras rutas es mayor control, para evitar los accidentes de tránsito, el mercado de la droga y la presencia de delincuentes, y que cualquier ciudadano, por más conocido o no que sea, debe aceptar, siempre que se realice con la profesionalidad que requiere el caso.
Pero volviendo a nuestros diputados, tuvieron tiempo para escuchar y dar el espacio en una sesión a una cuestión de neto corte judicial, pero no para escuchar en el mismo lugar y espacio la preocupación de los habitantes del oeste provincial, que en medio de las nevadas se quedaron varios días sin luz y aislados.
O analizar la situación de la calidad educativa, cuya medición comenzó la semana que acaba de terminar, o los problemas que tienen vastos sectores populares ante la falta de garrafas de gas, para calentarse en medio de este crudo invierno, o el tratamiento de la ley de glaciares y la potestad de la provincia en la utilización de sus recursos naturales, y así podríamos hacer una interminable lista de preocupaciones que podrían tomar la atención de nuestros representantes.Pero no, el tema era tomar para la chacota la actividad de un circo y llevar los payasos, equilibristas, domadores de fieras, la mujer barbuda, el hombre bala al recinto, y allí montar un espectáculo que no era para la alegría de los niños, sino para la vergüenza de los ciudadanos.


Por: Redacción launiondigital.com.ar