Edición matutina |
31/07/2010

El histórico fracaso de nuestro fútbol

Por Leo Romero.
TRISTE REALIDAD. Nuestro fútbol vive, a partir de su organización institucional y deportiva, una triste realidad, mal que nos pese a todos quienes estamos inmersos en él, desde el espacio que ocupamos. Servirá el flamante y coqueto estadio de las lomada

Con sus noventa y tres años de existencia, el fútbol catamarqueño sigue mordiendo el amargo polvo de la derrota en lo que atañe a sus viejas aspiraciones de jugar un Nacional de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Diversos cambios y experimentos supo concretar la entidad madre nacional que en estos momentos aún sigue timoneando a piacere el controvertido y siempre polémico Julio Humberto Grondona, con el consabido verso de que se pretendía darle apertura y participación real al interior del país, en especial a los centros históricamente marginados de la porción mayoritariamente fuerte del más popular de los deportes. Tal vez la concreción de los ex certámenes Metropolitano y Nacional de primera división “A”, este último con la intervención de clubes ubicados allende las fronteras del trípode Buenos Aires-Santa Fe-Córdoba, haya constituido medianamente la posibilidad más cercana de sumarse a los dueños de la gran torta institucional, deportiva y económica de la actividad profesional.
Como todos recordamos, el camino para llegar a ocupar un lugar en ese ex Nacional de la AFA, siempre fue largo y escabroso, ya que en el proceso de clasificación a las instancias decisivas, siempre se vieron favorecidas aquellas plazas más pudientes, es decir las ciudades con estadios capaces de albergar mayor cantidad de aficionados y dotados además de otras importantes infraestructuras conexas a este tipo de manifestaciones populares. Pese a ello, una de las escasas provincias que no se dio con el gusto de trenzarse en batallas deportivas con los “popes” del balompié argentino, fue precisamente Catamarca. Nuestros vecinos de La Rioja, a través del club Andino, lograron acceder al Nacional, circunstancia que originó el traslado a las tierras de San Nicolás de Bari y Facundo Quiroga de miles de hinchas locales que simpatizaban –y simpatizan- con los colores de muchos de los institutos o clubes de la elite porteña, en especial Boca Juniors y River Plate.
Cuando se abandonó este proyecto, con algunos atisbos de cierto federalismo, sobrevinieron otros similares, cambiándose los nombres de los torneos, los cuales continúan siendo claros ejemplos de simple y vulgar gattopardismo. Ayer se llamaron Regionales, hoy llevan los rótulos de Argentinos “A” y “B”, y Certamen del Interior. Se amplió el espectro, y por ende el número de clubes aumentó considerablemente, provocando una lógica expectativa en lo que atañe a los anhelos y a los sueños de clasificación. En realidad, sólo se intenta mantener conforme al postergado fútbol doméstico, con el propósito de no perder la hegemonía y el manejo de los estamentos inferiores dentro del mapa deportivo “afista”.
Con la construcción del nuevo y moderno estadio ubicado en las adyacencias del predio ferial de San Fernando del Valle, no hay que mal alimentar la esperanza de que nos colocarán en calidad de “invitados especiales” en un Nacional, ocupando las vidrieras más suntuosas de los mandamás de la calle Viamonte (sede de la AFA) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sólo nos deberemos conformar con traer a los equipos porteños, rosarinos y cordobeses que no tengan muchas pretensiones económicas y darle, paralelamente, una utilización inteligente para montar, en este espacio al aire libre, algunos espectáculos artísticos de renombre, a los fines de hacer frente a los elevados costos que significará mantener en pie, y en buenas condiciones generales, a este monstruo de cemento.
Mientras, la dirigencia deportiva local deberá trabajar en serio, con responsabilidad e idoneidad, para alcanzar las metas que hasta este momento no pudieron hacerse realidad, es decir conseguir a través de un proyecto bien planificado y consensuado entre todos, sin exclusión de ninguna índole, el legítimo derecho de participar en el segundo peldaño del profesionalizado balompié nacional. Utilizar estas instalaciones para las competencias de la Liga Catamarqueña de Fútbol es realmente un verdadero despropósito, habida cuenta de la escuálida concurrencia de aficionados a las programaciones semanales, donde sólo una pequeña franja de sus viejas y obsoletas tribunas del mini-estadio de Sarmiento norte y Almafuerte suele estar ocupada, salvo en algún caso excepcional.
Al tocar este tema, es justicia ponderar las iniciativas de algunos dirigentes que, décadas atrás, acercaron sus proyectos superadores sobre la ancestral y paupérrima realidad de este deporte, entre ellos el desaparecido médico Joaquín Ignacio Avalos. Nunca prosperaron, dada la mezquindad y egoísmo de quienes conducían los destinos de las entidades afiliadas. Sin duda faltó grandeza de espíritu y vocación de servicio.


Por: Redacción launiondigital.com.ar