Edición matutina |
24/07/2010

Joe Louis, “El Bombardero de Detroit”

Por Leo Romero
Joseph Louis Barrows, más conocido en el mundo del boxeo como Joe Louis, fue sin duda alguna uno de los más grandes pesos pesados de la historia.

Siempre que se hable de boxeo, inevitablemente el historial de los pesos completos o pesos pesados ocupará un lugar de privilegio. Y esto no es antojadizo ni cosa por el estilo. Desde la consagración del estadounidense James Corbett (1892-1897) como el primer campeón mundial de la categoría, hasta nuestros días, la atención del planeta pugilístico no fue pareja, ya que giró en torno a la misma, pese a no ser ese peso (más de 210 libras) el ideal antropomorfo del hombre adulto. Denominados por los especializados en el tema como “campeones de campeones”, la máxima división tuvo figuras de gran nivel, como Joseph Louis Barrows, a quien el mundo deportivo conoció como Joe Louis y sus seguidores bautizaron con el apodo de “El Bombardero Negro de Detroit”. Fue el segundo negro que accedió a la máxima corona profesional, ya que antes lo había sido Jack Jhonson (1908-1915), mientras que posteriormente emergieron otros colosos como Jack Dempsey, Ezzard Charles, Rocky Marciano, Cassius Clay o Muhammad Alí, George Foreman, Larry Holmes y Mike Tyson.
Barrows nació el 13 de mayo de 1914 en Lexington, estado de Alabama, en el seno de una humilde familia compuesta por su padre Monroe Barrows, su madre Lily Barrows y siete hermanos. Su padre los abandonó y murió posteriormente en un manicomio. Su madre, enamorada tiempo después de otro negro yanqui, Pat Brooks, se fue con sus ocho retoños a compartir sus sueños y pobreza a Detroit. En ese ciudad, Joe vivió una niñez llena de privaciones, consiguió trabajo de repartidor de hielo y comenzó a boxear a instancia de un amigo suyo, John Roxboroug. Los progresos en el deporte de los puños fueron realmente extraordinarios, razón por la cual se destacó entre la camada de pugilistas amateurs de su generación. De este modo, intervine por primera vez en el torneo nacional de 1933, organizado por la Amateur Athletic Union de Boston y es finalista en el grupo de los medio pesados, perdiendo en la final con Max Marek, oriundo de Chicago. Al año siguiente, se tomó desquite, consagrándose campeón. Como aficionado, realizó 54 peles, ganó 43 por K.O., 7 por puntos y perdió 4.
Su amigo Roxboroug decidió de inmediato su ingreso en el profesionalismo, asociándose con otro negro del país del norte, Julián Black, quien tenía dinero y afrontaba los gastos que exigía un entrenamiento bien planificado. Joe Louis debutó en calidad de rentado el 4 de julio de 1934, venciendo en el primer asalto a Jack Kracken y cobró una bolsa de 52.000 dólares. Nada más ni nada menos. Luego del primer año de actuación invicta, quienes lo manejaban le trajeron como director técnico a Jack Blackburn, un ex boxeador de reconocida capacidad como adiestrador. Su notable carrera se ve empañada por la derrota sufrida ante Max Schmeling, el 19 de junio de 1936, en la ciudad de Nueva York. Al año siguiente obtiene la faja mundial de los pesados al vencer a James J. Braddock, el día 22 de junio en Chicago. A partir de ese momento, concretó 25 defensas exitosas del título ecuménico, tomándose debida revancha del alemán Schmeling, al que pone nocaut en el primer capítulo, dándole una feroz paliza. Anuncia su retiro como campeón imbatible el primero de marzo de 1949.
A esta altura de los acontecimientos, tal vez pocos sepan que el peso pesado cordobés César Silverio Brión (más conocido en el boxeo con su primer nombre) combatió dos veces con Joe Louis, en los Estados Unidos, en la parte final de la carrera del “Bombardero”. Aguantó de pie en ambas ocasiones, perdiendo por puntos. En una nota periodística aparecida en el diario “La Voz del Interior” de la provincia mediterránea, en setiembre de 1993, Brión dijo del púgil estadounidense que “era un boxeador muy potente y calmo; sabía ubicar muy bien los golpes. Sus defectos eran escasos. Además es el hombre que más fuerte me ha castigado. Como persona, era respetuoso, cordial, honesto y muy querible”. Deseo señalar que mi padre, “Polo” Romero, también oriundo de Córdoba (Cruz del Eje), solía hablarme, cuando pibe, de este destacado valor de Villa María, al que calificaba como el tercer mejor pesado de todos los tiempos de la Argentina, después de Luis Ángel Firpo (“El Toro Salvaje de las Pampas”) y Oscar Natalio Bonavena (“Ringo”). Es más, guardo celosamente, en mi pequeña biblioteca, el suplemento “Temas” que escribieron los colegas de “La Voz” hace casi diecisiete años, donde hablan de César Brión y destacan que “su recuerdo suele ser relegado tal vez porque no fue Buenos Aires el escenario de sus puños”. Coincido totalmente con ellos.


Por: Redacción launiondigital.com.ar