
La cultura del subsidio
De aquella frase de “Paz, pan y trabajo” a la cultura del subsidio, plantea el momento social, pero sobre todo político que vivimos en los últimos años en el país.
La frase acuñada en la Doctrina Social de la Iglesia planteaba los valores que luego fueron adoptando las distintas fuerzas políticas de la Argentina y que tomaron como propia, pero reunía los ideales y valores que tenía una sociedad en construcción.
La búsqueda de los objetivos personales, sociales y como país en el esfuerzo, la responsabilidad y, sobre todo, en la búsqueda del bienestar como Nación.
Pero llegó el subsidio como elemento, en un principio, de ayuda social a los más necesitados, pero sin dudas una fuerte herramienta de control social o mejor dicho de control político en beneficio de quienes manejan dichos subsidios.
Parece increíble que de aquellas marchas pidiendo trabajo, mejoras en las condiciones laborales, del desarrollo de la industria nacional, vemos ahora azorados a punteros que movilizan gente para pedir por planes sociales.
Estuvo en Catamarca Daniel Arroyo, quien fue viceministro de Desarrollo Social de la Nación y un especialista en temas sociales, invitado por la Universidad Nacional de Catamarca, en el marco del día de los trabajadores sociales, y fue claro y contundente en la profundización del asistencialismo en nuestro país y, por ende, en la provincia.
Arroyo afirmó que es la herramienta que utilizan los políticos para “manejar” a los subsidiados, es la dádiva política en esencia, es, en definitiva, una herramienta de sometimiento.
Ya tenemos generaciones de niños que no vieron trabajar a sus padres, que los han visto recibir asistencia social, pero no capacitación y menos aún buscar trabajo para salir de esa situación.
El sistema del subsidio es tan perverso que ha logrado instalarse como algo normal para las nuevas generaciones, que no entienden al trabajo como el elemento movilizador de una sociedad, sino al subsidio como socialmente correcto.
Claro que quienes implementan estos planes argumentan que es una manera de atender las necesidades de los que menos tienen, que es un paliativo para enfrentar la crisis, que no se pueden dejar a la deriva a los sectores postergados, pero luego nada cambia, los pobres siguen siendo pobres, los desocupados siguen desocupados, pero ahora manejados por quien tiene el control de esa dádiva.
Se conforman conglomerados de personas sin actividad, sin otra perspectiva que poder lograr y cobrar el subsidio, y en definitiva se convierten en personas que se pueden manejar por el político de turno, que quiere perpetuarse en el poder.
Mucho más fácil, poder “manejar” políticamente a quien esta sojuzgado por un subsidio a quien tiene trabajo, y puede elegir libremente a quién votar, lo cual no es un dato menor.
El empleo público, sobre todo la batería de becas, programas de empleo y todas esas yerbas, también son parte de esta concepción que se tiene de la política de control social.
Entonces el trabajo, el desarrollo productivo, el esfuerzo para alcanzar los objetivos, los derechos laborales y sociales, son atomizados por los planes sociales, donde si bien no se tienen tantas responsabilidades también se pierden muchos derechos individuales y sociales.
Se viola el derecho humano de poder desarrollarse como persona, de poder desarrollar la familia y, sobre todo, se cortan los sueños o mejor dicho se los achica.
Antes –lo he dicho en esta columna- nuestros padres soñaban con tener un hijo profesional, que estudiara, que se recibiera y para eso se esforzaban durante toda la vida, ahora lamentablemente el sueño es que el hijo tenga un empleo público o, todavía más denigrante, que tenga un subsidio.
Pero los subsidios no sólo alcanzan a los sectores mas vulnerables, sino también condicionan al empresariado, entonces todo está subsidiado con la excusa de tener una contención social.
Subsidios al transporte, a las tarifas, a la producción agrícola –tabacaleros por ejemplo- en definitiva se subsidia toda activad para poder controlarla y no que tenga el desarrollo lógico que una actividad puede tener.
Pero esto no es un pantallazo de los subsidios y los subsidiados, sino el planteo de la manera de entender la política, y de cómo se ejerce el poder desde el control social a través de estos planes, que se muestran como de ayuda social, pero tienen el objetivo de manejar a quienes lo reciben.
Se debe dar respuesta a los sectores más postergados, claro que sí, pero se debe tener en claro que el trabajo dignifica, que no se puede planificar el bienestar de todos los habitantes sin un proyecto de desarrollo productivo, sin planificar un país serio y responsable, Brasil y Chile son nuestros vecinos ejemplo.
Paz, pan y trabajo era la bandera que se enarbolaba en la Argentina en formación, y hoy se la debe recuperar para poder reemplazar a la bandera del subsidio, a esa que sólo busca atomizar los sueños; sólo busca dominar las esperanzas y dejarnos esperando a fin de mes, para poder acceder a ese triste beneficio.
Por: Redacción launiondigital.com.ar
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