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Edición matutina |
04/07/2010

La desilusión que deberíamos tener

Por Ariel Brizuela
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La eliminación de la Selección Argentina de fútbol es el tema que invade todos los rincones de la sociedad nacional, y por supuesto Catamarca no está al margen de la tremenda desilusión que significó dejar esa cita ecuménica que se produce cada 4 años.
Un Mundial produce ese raro efecto de unirnos en una causa común y de hacernos mezclar la Patria con un juego. Simplemente eso, un juego y a la vez tan complicado como que las pasiones que se desatan son tan incontrolables que hacen aparecer lo peor de nosotros y desnudar las más escondidas miserias humanas.
Justamente, la pasión está muy ligada al amor y este último a la ilusión. Y lo que produce ese dolor incomprensible es precisamente el desmoronamiento de esa ilusión, que es básicamente un sueño que se instala en nuestra mente y en nuestro corazón.
Llegadas estas instancias dolorosas, algunos aplican la receta de formar una coraza y alejarse en un futuro de esas circunstancias que causaron el daño al alma. “Prefiero ser pesimista antes que llevarme una desilusión, es que no quiero sufrir otra vez por una tonta ilusión”, dice un pensamiento moderno para evadir del cuadro de depresión por la ilusión hecha trizas.
Creo que debemos aprehender (del verbo agarrar) de estas experiencias para nuestra vida cotidiana y en la relación con las demás personas de nuestra Catamarca. Y también deberíamos echar una mirada a la política local y nacional y comparar algunas de las sensaciones que tuvimos en estas últimas horas con el quehacer de la clase dirigente que nos representa.
“Nunca nos engañan, nos engañamos a nosotros mismos”, señala el alemán (que paradoja) Johann Wolfgang Von Goethe, cuando trata de explicar que somos los responsables de lo que hacemos. Y trayendo ese pensamiento a nuestro país y a nuestra provincia en estos tiempos, podríamos añadir que somos responsables de lo que elegimos. En esa línea, no deberíamos quejarnos de los gobernantes, legisladores o jueces que nos tocan en suerte, porque no es que ellos nos engañaron, nos engañamos a nosotros mismos cada vez que confiamos en sus supuestas virtudes o en sus condiciones para llevar nuestro pensamiento a la práctica o sueño a la realidad.
Si por unos segundos comparáramos la decepción por la actuación de los jugadores que representan a la AFA, con el accionar de ciertos dirigentes y encumbrados políticos, deberíamos sentir la misma bronca e impotencia por los goles que no hacen, o las jugadas que les salen mal, o las diagonales que no meten, o los permanentes off side, o los pases mal dados a los compañeros. El individualismo que criticamos hasta el hartazgo este fin de semana, se repite casi inexorablemente en la dirigencia catamarqueña que no actúa en equipo en defensa del escudo provincial, sino que arremeten con esfuerzos solitarios, poco organizados y dudosamente planeados con una mirada estratégica.
De esa forma, Catamarca no puede resolver sus crónicos problemas de energía y de falta de agua potable, mientras provincias vecinas tienen energía para las próximas 3 décadas y son una meca para la radicación de industrias y la solución al problema de la desocupación. Tampoco encaramos en equipo la actividad minera, y es como que dejamos todo en los pies del 10 y que resuelva solo, pero nuestros conductores tampoco buscaron un juego asociado que permita encarar con mayores posibilidades de éxito ese importante desafío. Y los juegos que nos salieron bien fueron porque hubo una ráfaga de buen juego de algunos de los actores (esencialmente los privados que tienen otro entrenamiento), o porque los eventuales contrincantes se quedaron dormidos en defensa, pero –insisto- no respondieron a un proyecto serio y a largo plazo.
Pero la política no genera tanta pasión, por eso la desilusión no tiene el mismo tamaño que perder un partido de fútbol. Quizá sólo por eso no sufrimos tanto cuando la realidad de miseria, de desocupación, de falta de oportunidades nos golpea. Unos pocos reaccionan cuando sus hijos tienen que emigrar en busca de nuevos horizontes, pero –reitero- no es un sentimiento popular que invada el alma y el corazón de la mayoría de catamarqueños. En ésta no estamos unidos ni hacemos causa común.
Las desilusiones de los catamarqueños –que ojalá no sean muchas- deberían tener otro origen: cuando una empresa dice que no viene porque no tiene energía, cuando un emprendimiento minero se radica en otra provincia porque las condiciones le son más favorables, cuando un beneficio nacional deja de llegar porque el sólo hecho de tener un Gobierno de otro signo distinto, cuando los ómnibus al Sur del país se van llenos de jóvenes comprovincianos, cuando más pululen los comedores infantiles en los barrios periféricos de nuestra ciudad, cuando miles de niños dependen un subsidio para comer. Esas y muchas razones, sí que son buenas para estar desilusionados porque rompen el sueño de provincia que muchos tenemos. Lo demás es sólo un juego.


Por: Redacción launiondigital.com.ar